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Este es el resultado de la II Cumbre Nacional de Mujeres y Paz que se desarrolló en Bogotá (Colombia) del 19 al 21 de septiembre del 2016,. Conocerlo es escuchar las voces de las mujeres que han vivido a diario el conflicto en su cuerpo, en su mente y en sus ojos.  

“Nosotras las mujeres desde diversas identidades y expresiones de ser mujer, participantes de la II Cumbre de Mujeres y Paz, y provenientes de regiones y territorios andinos, amazónicos, caribeños, insulares, del pacífico, de los llanos, del norte, del sur, del oriente y occidente del país, y de otros territorios fuera de nuestras fronteras, que a lo largo de nuestra vida nos hemos dedicado a construir un país, una casa y una calle en paz, y a que todas las personas podamos vivir seguras y valoradas en nuestra dignidad humana.

 

Afirmamos que:

•    Necesitamos la  paz para defender la vida, afianzar la democracia, para garantizar la participación y la representación activa de las mujeres y el goce efectivo de  nuestros derechos humanos. La paz es una prioridad, superando el dolor y la tragedia, la marginalidad y la exclusión, transformando los dogmatismos,  los fundamentalismos y las prácticas de una cultura que ha transitado por la guerra,  para avanzar sin duda en la construcción de una sociedad justa, pluralista, inclusiva, diversa, reconciliada y respetuosa con toda la integridad y universalidad de los derechos humanos.

•    La paz debe expresar las aspiraciones de un mundo justo, libre e igualitario. Una paz sin discriminación, sin racismo, sin pobreza, en democracia que  garantice las múltiples formas de desarrollo de la mitad de la humanidad, las mujeres.

•    Reafirmamos nuestro compromiso histórico con la construcción de la paz y el SI al proceso de refrendación del Acuerdo Final. La Segunda Cumbre de mujeres respalda rotundamente el SI al plebiscito, convencidas de parar la guerra para iniciar una paz con justicia social para las mujeres y la sociedad en su conjunto.

•    La terminación del conflicto armado ubica al país en el camino de las transformaciones de la institucionalidad y una nueva ciudadanía activa  con la participación efectiva de los territorios y, en ellos, de las mujeres.

•    Es mandato de las mujeres, para una paz estable y duradera, que  el Gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional - ELN y otros grupos insurgentes avancen en los diálogos de paz y lleguen a un acuerdo definitivo que contribuya  al buen vivir del Pueblo .

•    Es condición para  una paz estable y duradera, la seguridad humana y la protección para todas las mujeres colombianas, y el desmantelamiento de todos los grupos armados  ilegales en el país, así como  el ejercicio legítimo de la fuerza por parte del Estado.

•     Con la paz como bien superior, debe lograrse  verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición como medidas de perdón y reconciliación, así como la transformación de las causas estructurales que dieron origen a los conflictos.

•    Reafirmamos que  la construcción de la paz desde la perspectiva de las mujeres es una nueva forma de hacer política, que  implica descentralizar el poder, erradicando prácticas históricas, patriarcales y militaristas y buscar nuevas formas de accionar político que incluyan estrategias creativas, culturales, artísticas, ancestrales y pedagógicas territorial y nacional.

Nosotras mujeres diversas, participantes en la II Cumbre Nacional de Mujeres y Paz reconocemos que:

•    Lo alcanzado en derechos en el Acuerdo Final, es el legado histórico de las mujeres que nos precedieron y de las organizaciones de todo el país, que han dedicado su vida al logro de la paz;  colombianas que han hecho de la democracia y la justicia, su horizonte de trabajo.

•    La activa presencia de mujeres y hombres que a lo largo y ancho del país han resistido y sostenido el tejido social y la participación activa, aún en medio del conflicto y la violencia, han sido sido determinantes para mostrar las injusticias, las violencias contra las mujeres, las formas  en que se impide la libertad sobre los cuerpos, el silenciamiento, la persecución, entre otras realidades de dominación y exclusión.  Ahora el país abre una ventana de oportunidades para avanzar en el reconocimiento de las autonomías de las mujeres, y ampliar la efectividad del derecho a decidir sobre sus vidas.

•    Las conversaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC- EP demuestran que es mejor el diálogo que la violencia, la palabra que las armas, el reconocimiento de las diferencias que la negación de ellas, el respeto al contradictor que su eliminación. Con este ejercicio todas y todos hemos ganado, el país ha ganado.

La importancia de la comunidad internacional y  sus organizaciones para que su solidaridad acompañe este proceso.

Nosotras, mujeres diversas, participantes en la II Cumbre de Mujeres y paz, manifestamos:

•    Nuestro compromiso en la construcción de un país donde todas las personas sin distinción alguna, podamos  gozar de nuestros derechos, de nuestra autonomía, opinando en completa libertad, sin el temor de ser violentadas ni vivir bajo la zozobra de un país en conflicto.

•    Nuestra voluntad de contribuir a un presente y un futuro en paz, que deje atrás los  hechos de violencia, aunando esfuerzos para que niñas y niños, mujeres y hombres adolescentes y jóvenes crezcan en la paz y no en el dolor de la guerra.

•    Nuestro reconocimiento de los saberes creativos de las jóvenes y sus  aportes  a la implementación de los acuerdos y la transformación  en las dinámicas de la paz    reconociendo su voz y su actuar en la construcción de país.

•    Que es tiempo de sanar las heridas, de trasformar el odio y la venganza en verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, de cambiar la indiferencia por el compromiso con la justicia y la paz, de superar las diferencias que nos distancian no para negarlas sino para fortalecer la convivencia democrática.  Es tiempo de cerrar la página de la guerra, no para el olvido sino para darle paso a la vida y a la libertad.

En el marco de la II Segunda Cumbre Nacional de Mujeres y paz suscribimos:

Mujeres afrodescendientes, negras, raizales, palanqueras, indígenas, rom, mestizas, campesinas, rurales, urbanas, jóvenes, adultas, excombatientes de la insurgencia, lesbianas, bisexuales, trans, artistas, feministas,  docentes y académicas, líderes sociales, comunitarias y políticas, exiliadas, refugiadas y migrantes, víctimas, con limitaciones físicas diversas, sindicalistas, ambientalistas, defensoras de derechos humanos, mujeres en situación de prostitución, comunales y mujeres de todos los credos.

Como podemos ver las mujeres colombianas ponen el ejemplo. ¿ no cree usted?.

Vivencias ciudadanas
Teodoro Lavín
[email protected] / Twitter: @teolavin