En lugar de disminuir, la inseguridad crece desmedidamente en nuestra ciudad y, por el lado que lo veas, la ciudad se encuentra en un momento grave; todos los días aumenta el temor y en las colonias populares se convierte en una verdadera pesadilla, en el momento en que oscurece hay que ir corriendo a meterse en la casa. Los más vulnerables son los jóvenes, para los cuales el asalto es cosa diaria y a esto le agregamos que los policías, que rara vez aparecen, cuando lo hacen se dedican a atracarlos, golpeándolos y acusándolos de cualquier cosa para sacarles dinero.
El ejemplo más sencillo de que eso pasa está en La Lagunilla, colonia netamente popular, la cual a través de la historia siempre fue protegida por una o dos patrullas a las afueras de la ayudantía municipal para de esa manera controlar los actos de la delincuencia. Pero desde que tuvo el Gobierno del Estado la “maravillosa idea” de crear el Mando Único, se acabó la seguridad en la colonia y todos los ciudadanos que pudimos entrevistar durante un recorrido por la zona se quejan amargamente de la inseguridad en que viven; y a ello le agregamos el pésimo servicio del Centro de Salud, que sólo da 12 fichas diarias, así que si hay un treceavo enfermo ya se puede dar por muerto o tendrá que ver a un médico particular, porque a pesar de los millones de pesos que se supone se invierten en ese rubro, pero que en realidad se han de robar (como ellos mismos dicen), los encargados del Seguro Popular no dan el servicio que la población reclama.
Si bien en La Lagunilla la pavimentación ha sido bien hecha por gobiernos anteriores, la situación de la seguridad y la salud es un verdadero problema, problema en el que la gente se encuentra ya hasta el tope y se espera, por lo que se puede ver, que pronto pase lo que sucedió en Acapantzingo, y la ciudadanía se hará justicia por propia mano.
El gobierno está tan ciego que sólo vive en su mundo fantástico y no tiene nada que ver con la realidad. Imagínese, por dos calles y arreglos menores al Zócalo, dice que “ya cambió el rostro del centro de la ciudad”; la verdad es que no tiene vergüenza, pues el centro está cada vez más abandonado y dos calles no cambian su rostro, sólo hacen que en la comparación con las que siguen igual el contraste sea mayor. En serio, qué manera de hacerse tonto sólo.
Se hacen cosas que no le gustan a la población, por ejemplo: antier fue el ejecutivo a inaugurar el Centro Comunitario de la Carolina, con un despliegue de seguridad que puso de pelos parados a los habitantes de la colonia; parecía que estaba allí el Papa, hasta helicóptero vigilaba. No sea que le vayan a hacer algo; estoy de acuerdo en que la nula popularidad que tiene el gobierno es la razón por la que tienen mucho miedo y de ahí las camionetas blindadas de gran seguridad para que no les vayan a poner una bomba. Ni que hubiera ETA; así tendrán la conciencia, porque la verdad no es para tanto. Lo que no quiere el ciudadano de a pie es que la autoridad lo trate como de otro mundo, en lugar de integrarse a la sociedad; pero con este tipo de medidas lo único que hace el gobernador es separarse de la población. Tan sencillo es que si hubiera seguridad no tendrían que armar este tipo de seguridad que molesta a todos los habitantes (a nadie le gusta que no lo dejen circular a su casa porque un político está por ahí). Los ciudadanos estaban molestos y siguen así; si no, véalo usted mismo en las redes sociales.
En el norte la cosa está peor, pues los bares siguen creciendo como plaga y cada cien metros hay una nueva emborrachaduría que, con el pretexto de los abusos y costumbres, se le permite a la autoridad municipal hacerse de la vista gorda, como el avestruz escondiendo la cabeza. La situación es cada día peor y los ataques con armas de fuego son constantes, como lo vimos la semana pasada en los bares de la Plaza Marina -que se llamara así porque todos “andan en el agua” y donde el asesinato se toma como normal, ya que los guardias que estaban enfrente solo vieron el crimen y dejaron a ir al asesino como si no pasara nada. Así pasará en el norte, ya que los balazos en los bares son de cada semana, pues no sólo los jóvenes salen ahogados de borrachos, lo que provoca que los balazos se den de manera constante sin que la policía sirva para nada. La semana pasada hubo una balacera, donde dejaron una camioneta llena de plomo junto al bar, llegó una patrulla con un solo policía que únicamente se paró delante, se hizo el tonto y se fue en cuanto pudo.
Así las cosas en toda la ciudad: la inseguridad crece sin que nadie la detenga. En La Estación la Santa María, La Lagunilla, la Benito Juárez, Ocotepec, Ahuatepec y Tetela del Monte, tienen una inseguridad que crece y que está provocando a la población para que se tome justicia por su propia mano; a ver cómo le hacen para tener gobernabilidad, porque cada día la situación va de mal en peor. Mal, muy mal. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected]

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