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Con el análisis del segundo capítulo de “Los Tiempos Líquidos” de Bauman, podemos entender el porqué de la problemática del mundo en esta época posmoderna; mire usted:
Rosa Luxemburg señala que el capitalismo necesita organizaciones  sociales  no capitalistas, como marco para desarrollar su modo de proceder en asimilar la única  condición  que puede  garantizar su propia existencia.
Las organizaciones no capitalistas ofrecen un terreno fértil, el capital vive de la ruina de esas formaciones, y aunque este ambiente no capitalista es indispensable  para la acumulación, esta última avanza a sus expensas devorándolo.
El capitalismo extrae su energía vital de la liquidación de activos.
Es un capitalismo que muere por falta de alimentos
La pobreza global huye no porque la persiga la riqueza, sino porque ha sido expulsada de un campo agotado y trasformado.
La tierra que cultivaban, adicta al fertilizante y a pesticidas, ya no produce un excedente que vender en el mercado. El agua está contaminada, los canales de riego encenegados, el agua de los pozos envenenada  y no es potable.
Los gobiernos han utilizado las tierras de labranza para construir campos de golf, y han desplazado a los campesinos a volverse obreros pobres en los suburbios de las ciudades.
La masa de seres humanos convertidos en superfluos por el triunfo del capitalismo global crece sin parar y, ahora, está a punto de superar la capacidad del planeta para gestionarlos; existe una perspectiva plausible de que la modernidad capitalista  se atragante con sus productos residuales.
La gran cantidad de residuos, tanto humanos como industriales, ha puesto en jaque la sustentabilidad del planeta.
La nueva plenitud del planeta en la modernidad tiene consecuencias directas. La primera de ellas es la obstrucción de los desagües que, en el pasado, permitían  drenar y limpiar, a tiempo y con regularidad, los relativamente escasos enclaves modernos del planeta de su excedente humano, que la forma de vida moderna sólo podría producir crecientemente: la población superflua  supernumeraria y excesiva; el exceso de desechos del mercado laboral y aquellos que rechaza la economía del mercado, que rebasan la capacidad de los sistemas de reciclaje. Por ello, las tierras   vacías se han estrechado de manera significativa y ya no alcanzan.
Desde luego, aquí nos habla del grave problema de la migración como resultado de la modernidad, donde no alcanza y ya no existe lugar para los nuevos migrantes; un ejemplo claro es el de los migrantes sirios, por lo que Blair quería dejar Refugios Seguros, según él, para crear ciudades artificiales.
Los recién llegados al mundo experimentan la división entre  negocio y familia  con todas las convulsiones sociales y la miseria humana consiguiente. Por ello la proliferación de tropas guerrilleras o bandas criminales y traficantes de drogas  empeñados en diezmarse unos a otros, aniquilando el excedente de la población, lo que es una manera cruel de ejercer el control.
Al mismo tiempo buscan evitar así la migración de aquellos que donde vivían ya no pueden vivir y no tienen qué comer, buscando seudo soluciones que no arreglan nada, pero evitan la producción en serie de refugiados.
Por muy serios que sean los esfuerzos para detener la marea de la emigración económica,  no son exitosos y, quizá, no pueden serlo cien por ciento.
El número de víctimas de la globalización, apátridas y sin techo, crece demasiado de prisa para que se pueda seguir su ritmo a la hora de proyectar, localizar y construir campamentos que los políticos afirman que son más seguros, aunque sufren escasez de todo. Lo que forma un nuevo grupo de parias y proscritos en un estado sin ley, sin respaldo de nada, producto de la globalización.
Los refugiados pierden, se convierten en números y son tratados como basura y son parias sin ley; la propia ONU ha cerrado campos, los cuales ha desalojado para vergüenza de la humanidad.
Los famosos delegados humanitarios sólo sirven para limpiar culpas de los espectadores, mientras sólo llevan muy poco de lo que necesita ese grupo de refugiados considerados el desperdicio humano.
La permanencia de la transitoriedad; la durabilidad de lo efímero; la determinación objetiva que no se refleja en el carácter consecuencial y subjetivo de las acciones; el rol social definido siempre de manera inadecuada o, para ser mas exactos, una inserción en el flujo de la vida sin el ancla de un rol social, son características de la moderna vida líquida que, junto con otras vinculadas a ella, han sido expuestas y documentadas  en las investigaciones de Agier.
La discriminación hacia los refugiados ha sido tan grande que se consideran por los establecidos como “aves de mal agüero”.
El bloqueo de las soluciones globales a problemas producidos de manera  local, y más exactamente la crisis de la actual industria de eliminación de desperdicios humanos, repercute de manera directa en el trato a los refugiados y a los solicitantes de asilo en su búsqueda global de seguridad ante la violencia, de pan y agua potable.
Para detenerlos se han incrementado los controles en las fronteras, en puertos y aeropuertos; son políticas que miran primero al interior que al exterior y tratan de buscar refugios en las inmediaciones de los propios países de los refugiados, para así evitar que entren dentro de sus fronteras.
Los países desarrollados buscan detener la migración; así, la Unión Europea  apoyó económicamente a los países del este para evitar la emigración y tener mano de obra barata y de calidad, se puede decir que la expansión de la vida moderna ha alcanzado cualquier rincón del planeta.
Ahora el planeta está lleno y eso implica que procesos típicamente modernos, como la construcción del orden y el progreso económico, se dan en todas partes y, como consecuencia, por todas partes se producen y expulsan desperdicios humanos. No obstante, faltan los basureros naturales apropiados para el almacenamiento de los mismos, así como su reciclaje. El proceso que se plantea en el principio de Rosa  Luxemburg ha alcanzado su limite externo.
Así de claro entendemos el porqué del problema de las migraciones en el mundo en este tiempo que vivimos. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin