Ya encarrilados en “la cuarta trasformación de este país”, desde luego que una de las premisas de la nueva legislatura se centrará en los nuevos órganos electorales. ¿Por qué?, por la simple y sencilla razón de que representan un altísimo gasto para la federación y los estados de la república, y será necesario hacer nuevas modificaciones, aprovechando la experiencia de los miembros del servicio profesional electoral, para que las elecciones cuesten la menor cantidad posible, en un país en donde el 50% son pobres, y acabar con los lujos a los que el INE y las OPLES están acostumbrados.
La necesidad de reducir el gasto es importante, y ahora que ya tenemos una democracia clara, ya no es necesario pagar a tanto consejero que le cuesta al país millones pesos, aunque en realidad su trabajo es mínimo.
Mire usted, lo podemos ver en la elección pasada; dígame para qué sirvió la mayoría de los consejeros, ¿existió realmente una discusión que valiera la pena en el seno del consejo general?, desde luego que no.
Los consejeros, cuando trataron de ser demasiado protagonistas, nunca nos enseñaron más de los que cualquier vocal de capacitación de cualquiera de los 300 distritos del país nos pudiera haber informado; tomaron determinaciones equivocadas como el fracaso en la recolecta de los candidatos independientes, donde el sistema no funcionó adecuadamente y tuvo el Tribunal que modificar sus determinaciones, como lo hará con la multa que -a pesar de que el chino consejero utilizó para lucirse contra el fideicomiso de Morena- como pronto lo veremos, será rechazado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Y así las cosas, su inutilidad es patente, además de que representan el viejo sistema, ya que están divididos en consejeros de los tres partidos que fueron los importantes hasta antes del primero de julio cuando, con un “golpazo”, Morena los dejó fuera.
Ahora tendrá que formarse un instituto, si bien ciudadanizado con consejeros honoríficos que no cobren un centavo y que durante el año electoral reciban una módica compensación por su trabajo; con un aparato que ahora está obeso con auxiliares, asesores y direcciones que le cuestan al país millones de pesos, el que debe adelgazarse para beneficio de la sociedad mexicana.
Como ya nos pudimos dar cuenta, los organismos estatales no sirven para nada y, con una nueva vocalía estatal en cada junta distrital, sería suficiente para que con sólo 300 consejos distritales -que realmente son los que trabajan- el estado no tenga que mantener a tantísima gente en vacaciones durante tanto tiempo, casi dos años sin trabajo de verdad.
La profesionalización de los miembros del servicio profesional electoral es una realidad, y con las sólo trescientas vocalías distritales perfectamente se pueden hacer las elecciones, ya que las vocalías locales se hicieron para que los gobernadores pudieran tener a su gente o un medio de control de las elecciones, así que, si se distribuyen los mejores vocales del país y solo se aumenta una vocalía de elecciones locales en cada consejo, sería suficiente para que funcionen las elecciones de manera exactamente igual que como ahora lo hacen, y le costaría al país verdaderamente mucho menos; las direcciones ejecutivas podrían ser una sub dirección por área y sólo un director con un presidente y el director con funciones de secretario del consejo.
La verdad es que los organismos locales no funcionan bien porque, como dependen económicamente de los gobernadores, éstos siempre tratan de meter la mano para beneficio de sus partidos de manera hasta descarada, haciendo que la famosa independencia y autonomía sean una verdadera farsa.
Mire usted el caso Morelos: el IMPEPAC, que es un mal remedo del INE, tuvo que traer a un miembro de los fundadores del servicio profesional electoral para que sacara la elección como secretario ejecutivo del instituto, mientras los consejeros que no entienden son manejados por un ex secretario ejecutivo de nombre Enrique Pérez, un individuo apoyado por el PAN, el cual, al ver que perdería en la pasada elección, inmediatamente traicionó y se puso de tapete de la coalición “Juntos haremos historia”, donde se dieron cuenta de su real militancia y lo mandaron al diablo; pero, como cree que todo lo sabe, manipula a los demás consejeros que al parecer sólo cobran sin entender todavía donde están o para qué están; el tal consejero es una ficha que nos cuentan que golpea, determina y manipula todo lo posible, mientras los otros que no tienen idea hacen lo que a él se le pega la gana, por lo que son totalmente inútiles y significan un gasto sin objeto.
El susodicho manipulador impulsó a un incondicional suyo como director de administración, el que toma determinaciones en contra de la ley, como el pasado mes de julio cuando no les depositó a los jubilados los recursos de la prima vacacional, nada más porque se le ocurrió, cuando los jubilados tienen más de cinco años cobrándolo, con derechos ya adquiridos, y siempre se les ha pagado de acuerdo a su decreto de jubilación. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / [email protected]   Twitter: @teolavin
 

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