Como todos sabemos, hay cosas importantes en política que no se ven de manera institucional y cada uno de los actores juega su propio juego. El gobierno del estado quiere manipular a los actores, pero no le es tan fácil como parece, pues hay actores que se mantienen en su manera de pensar acerca del trabajo que el gobierno hace. Ahí vemos como un actor principal, sin lugar a dudas, al Obispo de Cuernavaca, quien tiene influencia importante en su grey y que, desde luego, no ha quitado y no quitará el dedo del renglón; y menos con la manera tonta en que el gobierno ha tratado de acercarse no platicando o negociando, sino queriéndole imponer su criterio.
Las malas lenguas nos cuentan que el actual Secretario de Gobierno, de la misma manera que el primero de esta administración, fue a reunirse con el obispo, y en lugar de buscar la reconciliación y acuerdos, lo quiso regañar y, creyéndose que el cargo le da una importancia de la que no se ha dado cuenta que es pasajera, y en base al apoyo que tiene del candidato del PRD a la gubernatura del estado, cree que es invencible y puede dar ordenes a quienes no comulgamos con la manera de actuar  del gobierno en turno.
Pero lo peor es que, al no poder controlarlo, todavía hace declaraciones diciendo que el Obispo de Cuernavaca es irresponsable al afirmar que en la zona sur de Morelos los comerciantes pagan derecho de piso a la delincuencia organizada; cosa que es muy común en el estado igual que en la colonia Lagunilla, Santa María y la Unión del Municipio de Cuernavaca, como nos señalan los comerciantes que, después de tenerse dos años detenidos a quienes cobraban piso, las autoridades ya los soltaron y están volviendo a amenazar a los comerciantes de esa zona, por lo que no entiendo de qué se  espanta el Secretario General si en Morelos eso es cosa de todos los días.
Mire usted, un amigo que tiene terrenos comprados hace 50 años cerca del balneario La Fundición en Tehuixtla fue a ver sus terrenos y el que los cuida le dijo: “Váyase, patrón, porque con esa camioneta le juro que en un momento lo secuestran. Si necesito algo le aviso”.
Así las cosas, la verdad es que resultó muy delicado el imberbe funcionario, a quien más le valía acabar con la inseguridad y no hacer declaraciones que no tienen sentido.
El enojo con el prelado es porque, en su homilía dominical, el Obispo de Cuernavaca llamó a una nueva “Marcha por la Paz y en Contra de la Violencia en Morelos”. E incluso refirió el dramático caso del municipio de Puente de Ixtla, donde “el 80 por ciento de la población paga derechos de piso” y agregó “Y ay de aquél que no pague”.
El prelado católico  precisó que en 2017 hubo un asesinato cada 18 minutos en México, y en Morelos la evidencia es casi igual, en proporción. Consideró que, dada nuestra ubicación geográfica, de las 85 bandas criminales que hay en México, en Morelos están establecidas 80, además de que “se denuncia sólo el 20 por ciento de los delitos y el 80 por ciento son cifra negra; imagínense ustedes, y del 20 por ciento que se denuncia, sólo el tres por ciento llega a un término de sentencia jurídica, lo cual pone en evidencia una terrible impunidad. México, Morelos, se caracteriza, precisamente, por esa tremenda impunidad, de ahí que tanta gente no tenga miedo a la ley”.
Por tales señalamientos dados en la más reciente homilía del obispo, el Secretario de Gobierno  lanzó la siguiente amenaza al prelado:
“El Obispo tendrá que aclarar la gravedad de sus señalamientos, porque son graves (sic) y no tienen fundamento, por ello no merecen nuestra atención.” (Si no merece atención, ¿por qué pedirle aclaraciones?)
No cabe duda de que no hay peor ciego que el que no quiere ver, que se disfrace el funcionario, que tome un carro normal y vaya solo a las colonias de Cuernavaca y pregunte por la seguridad; verá que su Disneylandia en que él vive no existe y que los ciudadanos están cansados de la inseguridad en la que viven, que constate que la policía no sirve, que es una policía reactiva y no preventiva como debería de ser, ya que de acuerdo a la Constitución de la República es obligación del estado dar seguridad a sus habitantes, responsabilidad con la que no está cumpliendo el gobierno,  ya que vivimos en una inseguridad total. Lo que debería hacer el Secretario de Gobierno es hacer bien su trabajo y dejar a los actores sociales que realicen su labor de acuerdo a su criterio, porque según entiendo la Constitución también consigna que gozaremos de libertad de expresión. ¿No cree usted?

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