compartir en:

No cabe duda de que las cosas están cambiando y que en medio de esta posmodernidad en la que vivimos, a pesar de las resistencias del poder, que intenta mantenernos en la modernidad, los ciudadanos están cada día más alertas respecto a sus derechos y obligaciones, sobre todo porque ya han entendido que juntos pueden hacer que las cosas cambien.
Por desgracia, tenemos un Congreso que es una vergüenza, que sólo hace caso al Poder Ejecutivo y no a los ciudadanos; y en el acto más antidemocrático de que tenga memoria la historia de nuestro estado, nos quitaron derechos que teníamos ya estipulados en una ley que derogaron para no permitirnos ejercer los mismos, limitándonoslos para su función durante el proceso electoral. En serio, somos el único estado en este país con ese grado de leyes retrógradas que, aparentemente, ya habían desaparecido con la llegada de la democracia electoral, y el inicio de la alternancia en el poder.
A menudo se discute sobre el concepto de ciudadano y, en efecto, no todos están de acuerdo en quién es ciudadano, ya que quien es ciudadano en una democracia con frecuencia no es ciudadano en una oligarquía. (Aristóteles)
La enciclopedia define ciudadano como aquel miembro de una sociedad libre de varias familias, que comparte los derechos de esta sociedad y se beneficia de sus franquicias.
No son ciudadanos quienes residen temporalmente en una similar sociedad y cuando terminan su asunto se alejan; ni quienes han sido desposeídos o cesados. También se indica que los menores y los sirvientes no son ciudadanos propiamente dicho, sino en cuanto son miembros de la familia de un ciudadano.
En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), se liga el concepto de derechos con ciudadanía y se afirma que los derechos del hombre son “naturales, inalienables y sagrados”, y que todos los hombres “nacen libres e iguales”.
El Diccionario Julio Cásares define el término como: El que está en posesión de los derechos de la ciudadanía. También define el adjetivo ciudadano como natural o vecino de una ciudad, o perteneciente a una ciudad.
El DRAE define el término ciudadano como adjetivo y como nombre. La acepción o nombre significa habitante de las ciudades antiguas o de estados modernos, como sujeto de derechos políticos, y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país. El avance de la vigésimo tercera edición del DRAE indica que “ciudadano” designa a una persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes.
El concepto aparece en las primeras sociedades sedentarias y estatales, regidas por códigos legales escritos; y en esos códigos aparece una serie de obligaciones y de derechos políticos, civiles y sociales que regulan las relaciones entre individuos y miembros de dicha sociedad. En ellos aparece la noción de ciudadanía, frecuentemente para denotar a un cierto conjunto de individuos de una sociedad (generalmente algunos individuos quedaban excluidos y recibían una designación diferente). Los derechos y obligaciones de esos códigos conferían a un individuo la condición de “ciudadano”. En las sociedades pre estatales no existe un análogo claro de este concepto, al ser la mayor parte sociedades relativamente igualitarias y con una organización social simple y sin códigos legales escritos (en su lugar, esas sociedades se basan en tradiciones orales).
Aristóteles, en su libro III sobre La Política, abordaba a la ciudadanía como el sentido de pertenencia de esos derechos. Sin embargo, el autor clásico se hacía dos preguntas: ¿Quién es el ciudadano? y ¿A quién se le llama ciudadano? A la primera pregunta Aristóteles respondía que “ser ciudadano” significaba ser titular de un poder público no limitado, permanente: ciudadano es aquél que participa de manera estable en el poder de decisión colectiva, en el poder político. Mientras que a quién se le llama ciudadano es a todo individuo que sea capaz de ser tal.
Evolución histórica del concepto:
Los romanos tenían similitudes en el concepto de ciudadano con los griegos, su pequeña variante reside en definir quiénes merecían ser ciudadanos, pues para los romanos éstos eran todos aquellos que habitaran en la civitas (‘ciudad’ en sentido amplio); hijos de un padre y una madre que fueran ciudadanos, y a los cuales se les otorgaban derechos. Los mismos esclavos podían conseguir su libertad y volverse ciudadanos.
Sin embargo, la ciudadanía en la época romana se podía perder por tres principales motivos: porque un hombre libre cae en la esclavitud; porque el ciudadano cambia de civitas o de comunidad  o por ser extranjero.
Los derechos que los ciudadanos romanos adquirían eran desde el derecho de constituir una familia, de tener esclavos y liberarlos, hasta el de contraer obligaciones; el de votar en los comicios decidiendo sobre la guerra y la paz, así como la creación y designación de los magistrados, hasta el de ser elegido, precisamente, a las magistraturas. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin