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La política es tan pesada que, como nos podemos dar cuenta, provoca la depravación de los términos; la definición de política, según el Diccionario de la Lengua Española es: “Ciencia y arte de gobernar, que trata de la organización y administración de un Estado en sus asuntos interiores y exteriores. Manera de conducir un asunto para alcanzar un fin determinado. Actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Cortesía y buen modo de portarse. Política social a relativa a la regulación por parte del Estado de las cuestiones relacionadas con la producción y las condiciones de vida de los trabajadores”.

Como podemos ver, la política debería de ser -de acuerdo a su definición- una actividad muy noble, pero la verdad es que en la práctica y en estos momentos en el país y en el estado es sinónimo de corrupción, impunidad, traición y suciedad.

En un estudio serio sobre la traición, el maestro Rogelio Guedea dice:

“En La Divina Comedia, de Dante, la traición está considerada como el peor de los pecados humanos. Contraria a la traición está la lealtad, además de la caridad y las virtudes morales. El noveno círculo divide a los traidores en varias categorías: los traidores a la familia, los traidores a los benefactores y los traidores a la patria o a su partido político.

“Es esta última categoría la que parece resaltar sobre las demás: la de los traidores a la ciudad o a su partido político, mismo que es representada con la figura emblemática de Antenor, quien fuera consejero del rey Príamo de Troya y quien, sobre todo, fuera condenado por su traición a su pueblo durante el acecho griego, descrito perfectamente, como ya sabemos, por Homero en la Ilíada.

“Dante representa la traición con la imagen de un lago gélido y oscuro, y a los traidores con el rostro del mismo demonio y de la crueldad, incluso con el rostro de la hipocresía. Aunque sobran las referencias sobre casos de traidores en la historia universal, basten dos referencias literarias para pintar el ruin actuar de estos.

“El primero, de Pedro Calderón de la Barca, alcanza una categoría moral cuando, comparando a los traidores y a los leales, designa el destino que le deparará a cada uno de ellos: “Los traidores y los leales/mezclados confusamente/no se distinguen; porque/neutrales e indiferentes/ los más están en la mira/ que en comunidades siempre/el traidor es el vencido/y el leal es el que vence”.

“Félix María Samaniego, también movido por este tentador pecado, escribió en su fábula El cazador y la perdiz:

Una perdiz en celo reclamada vino a ser en la red aprisionada. Al cazador la mísera decía:

-Si me das libertad en este día, te he de proporcionar un gran consuelo. Por este campo extenderé mi vuelo, juntaré a mis amigas en bandada, que guiaré a tus redes engañada, y tendrás, sin costarte dos ochavos, doce perdices como doce pavos.

-¡Engañar y vender a tus amigas! ¿Y así crees que me obligas? –respondió el cazador- ¡Pues no, señora; muere, y paga la pena de traidora!

La perdiz fue bien muerta, no es dudable. La traición, aun soñada, es detestable.

“Dante, Calderón de la Barca y Samaniego coinciden no sólo en que la traición es el peor de los actuares civiles, sino incluso el más bajo de los sentimientos humanos, porque el que traiciona a otro está, al mismo tiempo, cometiendo contra su propia honra la más condenable de las vilezas: traicionarse a sí mismo”.

Como podemos ver, así los diputados han traicionado al pueblo de Morelos y a su partido político, así ya los que fueron miembros del Revolucionario Institucional,  de donde han comido toda su vida, de donde han sacado los cargos para formarse un liderazgo y de donde  han comido ellos y sus familias,  con un “lo siento me cambio de partido” cometen traición con toda tranquilidad.

La verdad es que la ética posmoderna que analiza Bauman en este principio de siglo, nos enseña que la pérdida de valores es parte importante de lo que todos los días sucede en Morelos.

Tenemos un órgano legislativo llamado Congreso que sólo sirve para realizar los caprichos del Ejecutivo, donde los representantes de los partidos políticos en su seno han olvidado de dónde vienen y, bajo el embrujo de un sicario de la política, se han entregado a él sin ningún recato, olvidándose de su partido y de su dignidad, olvidándose también de que fueron electos bajo unas siglas y dentro de un distrito al que le deben lealtad; pero la ambición económica se los ha comido, la ambición de notoriedad y de sentirse apapachados por quien detenta el poder ha podido más que las convicciones sociales que, como señala la definición de política, deberían de tener. Vemos que no cumplen con los mínimos requisitos de lo que significa la palabra, pero en su enciclopédica ignorancia se venden al mejor postor, prostituyendo el cargo que se les ha confiado y su dignidad.

Su problema es que no entienden que el cargo dura tres años, la vergüenza toda la vida. ¿No cree usted?

Vivencias ciudadanas
Teodoro Lavín León
[email protected]   Twitter: @teolavin