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Algo están tramando en lo obscurito acerca de la Ley de Participación Ciudadana. De repente, el Congreso propuso su antidemocrática  nueva ley, la cual los ciudadanos no la vamos a permitir; pero amén de ello, la verdad es que de pronto ya nadie habla de ella y, desde luego, el Congreso sigue violando la ley vigente, como acostumbra.
Tradicionalmente, en América Latina los procesos democráticos son complicados; veamos: nada sabemos del futuro –decía Jorge Luis Borges-, salvo que diferirá del presente”. Es claro que no podemos imaginarnos los tiempos que vienen como una simple traslación de los datos que nos parecen relevantes a nosotros hoy. El futuro, sin embargo, se organiza en torno al cambio de valores y registros de una cantidad de variables que, ellas sí, se presentan como un conjunto mucho más estable y permanente, y en cierta medida previsible.
La suerte de la democracia como régimen político depende de un número relativamente limitado de variables, aunque las modulaciones y las peculiaridades de cada lugar incorporen variaciones infinitas. Como en la literatura, donde los libros pueden contarse por millones, pero los relatos, en esencia, son poco numerosos, en la vida política de los países la suerte de la democracia se vincula al destino de pocas variables. Hay que examinar las variables que consideramos centrales para el destino de la democracia en América Latina, su probable evolución, y el efecto de estas posibles variaciones en la resultante final, en el plazo determinado, la problemática existe sobre todo en los países donde no se ha podido acabar con la hegemonía de la presidencia de la república y de los gobernadores de provincias o estados, quienes manipulan las instituciones y leyes electorales en su beneficio, sin importarles la democracia.
Los sujetos de la democracia: instituciones e individuos.
Es habitual en las Ciencias Sociales, cuando se trata de analizar o explicar ciertos fenómenos, optar por algunas variables a las cuales se atribuye un peso explicativo relativo mayor, y dejar de lado otras. Esto es justo, porque la selección sistemática e indiscriminada de posibles causas directas o indirectas de un fenómeno nos llevaría, irremediablemente, a la Historia Universal. En este artículo vamos a seleccionar las variables que nos parecen más relevantes para el destino de la democracia en América Latina. Para eso nos ocuparemos de evaluar las variables seleccionadas por diferentes corrientes de análisis y vamos a postular la importancia de otras que todavía no han sido recogidas en la literatura de la teoría democrática, pero que surgen, cada vez con mayor nitidez, como condicionantes del destino de la democracia en nuestro continente.
En principio tomaremos en cuenta las variables incorporadas al análisis por los institucionalistas y neo-institucionalistas, que jerarquizan el peso de las instituciones y reglas de juego en la suerte de las democracias. Pero, principalmente, trataremos de desentrañar las lógicas de acción de los individuos, integrantes de las sociedades y de las élites, que consideramos como los sujetos centrales de los regímenes políticos democráticos en América Latina.
De esta manera construiremos un escenario de observación donde podamos ver el peso de reglas, instituciones y procedimientos de funcionamiento de la democracia y también las necesidades de los individuos, y cómo la democracia, u otros conceptos políticos rivales, pueden ofrecer satisfacción a las necesidades de esos individuos. 
Como tesis de este análisis, proponemos que la suerte de la democracia en América Latina depende, primariamente, del grado por el cual este tipo de régimen garantice ciertos derechos elementales de los ciudadanos: trabajo, alimentación, salud, educación, seguridad o integración a la sociedad y, desde luego, un estado democrático con participación ciudadana. De manera secundaria, su consolidación y su eficiencia que consideramos se vincula al buen funcionamiento de sus instituciones políticas y al comportamiento democrático de sus élites y que, en la mayoría de las ocasiones, es el mayor freno para alcanzar la verdadera democracia.
Entre las variables del primer tipo seleccionamos, en principio, el grado de exclusión social. Si mantenemos el actual grado de exclusión y marginalidad en las sociedades latinoamericanas, o si ésta aumenta, la democracia se reducirá de manera sensible, dando paso a las múltiples formas de autoritarismos o neoautoritarismos que, ya en el presente, han surgido o comienzan a surgir en el continente. 
Otros dos factores sociales son de primera magnitud explicativa en el destino de la democracia: el desempleo y la seguridad ciudadana. Con muy altos índices de  marginalidad y ampliación de los niveles de pobreza, especialmente si se producen cambios de registros abruptos y negativos, se abren las puertas a estallidos sociales de resultados lesivos a la estabilidad de las democracias. La ausencia de seguridad, especialmente a través de la violencia anómica u organizada, sea por el hampa, narcotráfico o por organizaciones de guerrilla, legitima las formas violentas de cambio o de control social y las alternativas antidemocráticas de dominación. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin