La piñata mexicana se creó como un recurso didáctico para la evangelización. El mes de mayo de 1533 fue la llegada de los misioneros agustinos a nuestro país. Ya antes habían llegado los franciscanos, en 1524, y los dominicos en 1526. Fueron los agustinos quienes introdujeron la celebración de las tradicionales posadas, que incluían las piñatas, y lo hicieron en el Convento de Acolman, en el actual Estado de México.
Las piñatas se hacen con una olla de barro, que se reviste de papeles multicolores y sumamente llamativos. Se le da la forma de una estrella de siete picos, que representan a los siete pecados capitales y, por tanto, al Demonio, el seductor por excelencia.
¿Sabes cuáles son los siete pecados capitales? Seguramente recuerdas solamente algunos, por eso voy a decírtelos completos. Y te los diré de una forma muy fácil de recordarlos. Yo les llamo “pegasil” a los siete pecados capitales, porque son muy pegajosos. Acuérdate de “pegasil” y recordarás fácilmente los siete pecados capitales, que son Pereza, Envidia, Gula, Avaricia, Soberbia, Ira y Lujuria. Te los repito para que te fijes en la primera letra de cada pecado y descubrirás porqué les llamo ”pegasil”: Pereza, Envidia, Gula, Avaricia, Soberbia, Ira y Lujuria.
¿Por qué se les llama pecados capitales? Fíjate que la palabra capital viene del latín y significa lo que se refiere a la cabeza. Se les llama así porque son cabeza de otros pecados, puesto que generan y dan origen a otros vicios y pecados.
Pues bien, la piñata era y es un medio de evangelización. Romperla es romper con el demonio y con el pecado, especialmente con los pecados capitales. Se trata de no caer en la tentación.
El que va a romperla tiene los ojos vendados. Esto representa la necesidad que tenemos del discernimiento que nos viene de la fe. Discernir es distinguir. Y vaya que es necesario, pues cuando queremos romper la piñata hay muchas voces y gritos a nuestro alrededor. Y nosotros necesitamos distinguir entre los que nos orientan adecuadamente y los que quieren distraernos para que no le peguemos a la piñata.
Así es la vida cristiana. El cristiano tiene que distinguir a quienes desean llevarlo por el buen camino y a quienes buscan su perdición, evitando que rompa con el pecado.
Para lograr romper con el pecado, es necesario imitar a Cristo. Por eso, antes de romper la piñata, y estando ya con los ojos vendados y con el palo en mano, al cristiano se le hacía dar 33 vueltas, que representan los 33 años que vivió nuestro Señor Jesucristo, pues nosotros, los que creemos en él, debemos seguir su ejemplo, como lo dice la primera carta de San Pedro, capítulo 2 versículo 21: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas”. Si 33 te parecen excesivas, también pueden ser sólo siete vueltas, que representan las siete virtudes que necesitamos practicar para vencer a los siete pecados capitales: Diligencia, Amor fraterno, Templanza, Generosidad, Humildad, Mansedumbre y Castidad.
El palo con que se rompe la piñata representa la gracia santificante que nos da el bautismo y que recuperamos por el sacramento de la confesión. Esta ayuda de Dios es la que hace posible que podamos romper con el Demonio y sus seducciones.
Al romper la piñata y decirle no a la tentación y al pecado, el cristiano obtiene los dones y las gracias que Dios promete a sus hijos y que anuncian la salvación definitiva a la que hemos sido llamados. Estos dones no son sólo para nosotros, pues cuando vencemos al Demonio, la gracia se derrama sobre nosotros y nuestros familiares y amigos, sobre toda la Iglesia. Todos recibimos los beneficios.
Acuérdate: Si no vencemos a la tentación y caemos en el pecado, nuestros seres queridos no se beneficiarán de nuestra victoria.
Por eso el estribillo que se entona mientras alguien intenta romper la piñata es muy cierto:
Dale, dale, dale,
no pierdas el tino
porque si lo pierdes
pierdes el camino.
Esta pequeña estrofa es una invitación a afinar la puntería, a no perder el tino; es decir, a no perder la destreza necesaria para dar en el blanco.
Se trata de no perder el camino, que es nuestro Señor Jesucristo. Acuérdate que él es el camino, la verdad y la vida, y que creer en él y romper con el pecado son cosas necesarias para alcanzar la salvación.
Por eso, cada vez que te inviten a romper la piñata recuerda que no es sólo un juego. Es toda una catequesis que nos invita a decirle no al pecado y sí a Nuestro Señor, que tanto nos ama. Es una profesión de fe.
Como podemos ver, la intervención de la Iglesia en nuestras tradiciones es importante y fundamental. Tengamos fe o no, disfrutemos de esta hermosa tradición que a todos nos gusta. ¿No cree usted?.

Por: Teodoro Lavín León

[email protected] / Twitter: @teolavin