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El Gobierno de la República de Colombia, con un pensamiento completamente moderno, pensó que el sentarse con los miembros de las Farc, y el llegar a un acuerdo con ellos, era la solución que de manera inmediata traería la paz a su país.

El gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, de manera heterónoma, aplicando el más puro sistema moderno, pensó que era su obligación como presidente de la nación alcanzar la paz, a como diera lugar en su país, pensando solo en el yo moral que era lo que lo empujaba a solucionar el conflicto para cumplir con los postulados del bien y el mal, que el pensamiento moderno instituyó en todos los países de América Latina durante el pasado siglo XX y el inicio del siglo XXI.

Todo ello, tomando en cuenta la experiencia de inseguridad que vive el pueblo colombiano y en ésta cuando el sentimiento de socialización pierde solidez, por lo que el espacio social pierde trasparencia, conjuntamente con el poder de empoderamiento del gobierno y de los miembros de las Farc.

Como debemos recordar, por más de 50 años las Frac tuvieron el control de la producción de droga junto con ELN, en la nación donde se produce el mayor número de estupefacientes del continente; ahí la guerrilla junto con los señores de la droga lograron crear un imperio que a pesar del esfuerzo del gobierno colombiano y su ejército no pudieron penetrar en el mundo de los señores del narco. Quieran o no, la producción de droga en Colombia era la más grande y sobre todo la mejor organizada, ya que los señores del narco no solo abarcaban a la nación colombiana, sino que crecieron sus tentáculos por todo América latina con el propósito de que ésta llegara al mayor consumidor del  mundo que son los Estados Unidos de América.

La lucha se dio por décadas sin que nada pasara y las intenciones del gobierno para lograr la paz fueron muchas, hasta que hace más o menos diez años se instaló en La Habana, Cuba, una mesa con los miembros de las Farc, la cual a pesar de los esfuerzos no daba resultados; hasta que el pasado mes de Septiembre en La Habana se firmó el proceso de paz para Colombia.

Pero la sorpresa no quedo ahí sino que después de una gran campaña del ex presidente colombiano Álvaro Uribe en contra del contenido del acuerdo de paz, la gente se pregunta, y no entiende el por qué el proceso de paz tan complicado, como ha sido éste, no ha sido apoyado por la mayoría de los colombianos, cuando el siguiente fin de semana  el voto del no a la firma de los tratados de paz ganó en referendo en el que participaron casi la mitad de los colombianos.

En entrevista a la televisión mexicana, Álvaro Uribe el ex presidente dijo que él había encabezado la propaganda para lograr en el referendo colombiano porque no quiere que a través de ese tratado que firmaron en Cuba se haga a un lado la constitución Colombiana y no desea que su país se convierta en un régimen socialista moderno como Venezuela, ya que el contenido del tratado que fue  firmado en La Habana, les da la amnistía a todos incluyendo jefes y criminales,  con la posibilidad de inmediatamente participar en política, por lo que dice el ex mandatario que no es posible que se quiera dejar que la juventud de su país se enrede en las drogas de mayor manera, por lo que desde luego no está de acuerdo con el tratado de paz, pues el que haya cometido un crimen, que lo pague, de acuerdo a las leyes colombianas. Por su parte, el actual mandatario recibió una bocanada de aire más grande que su país al haberle entregado el comité de Oslo el premio Nobel de la paz, lo que desde luego hará un contrapeso con el activismo del ex presidente.

Colombia es el resultado de llegar a acuerdos heterónomos en base a la modernidad, manejados por el estado-nación que en estos momentos ya ha fracasado, prueba de ello es que la sociedad civil votó en contra, no en contra de la paz sino de darles a los miembros de las Farc mayores beneficios que los que tiene el pueblo colombiano.

Ahí se puede aplicar lo que Bauman nos señala como el predicamento del ser humano contemporáneo que es comparado con los nómadas, quienes tienen que pagar por su libertad, a lo que no están dispuestos, ya que a cada fragmento de tierra que se robaron los miembros de las Farc se le ha dedicado un territorio, que los colombianos consideran que está mal estructurado por el gobierno de ideología moderna, lo que hace ver a los colombianos como turistas dentro de su propia tierra, a pesar de que en el mudo posmoderno no pueden tomarse como personas marginales, y al no sentirse seguros y no aprobar las leyes a través de un tratado de paz que los obliga a soportar que los derechos de quienes los han tenido en jaque durante mucho tiempo ahora tengan la misma libertad que ellos, con el pretexto de los derechos humanos. Es por ello que los ciudadanos colombianos votaron por un “no” que tiene un significado claro de no estar de acuerdo con el régimen y sus acciones que los gobierna.

Una paz que al parecer no se acaba de aterrizar. ¿No cree usted?