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Como si de un acto circense se tratara, el Congreso del Estado formado por los “valientes y maravillosos” diputados que tenemos que, en lugar de enfrentar los problemas que han provocado por su servilismo intransigente, como todos los buenos mediocres han tomado el camino de la graciosa huida; ahora, al inicio del periodo de sesiones, como no pueden ir a Matamoros allí porque los abuchean y le tienen miedo a la población, mandaron mantener el Word Trade Center como un bunker, rodeado de policías que, en lugar de estar acabando con el crimen organizado, estaban cuidando a los ínclitos funcionarios que nos explotan todos los días; y así fue como una mascarada para poder dar inicio al primer periodo de sesiones -sin que los insulsos ciudadanos se les acerquen-. Sólo invitaron a los grupos que creen que los admiran, sin darse cuenta de que éstos son ahora nuestra mayor fuente de información, que son los primeros indignados y los que se burlan y se molestan por mentiras como la de que somos el primer lugar en salud.
A la ceremonia tuve el gusto de no asistir, pero algunos de los presentes me contaron de la risa nerviosa que les daba el ver a diputados engalanados con sus mejores atuendos pero que, a la hora de subir al micrófono, no saben ni siquiera leer y muestran la ignorancia enciclopédica que se denota en sus discursos, con las frases trilladas de siempre. Dan pena ajena; las lambisconadas hablando mal de “los enemigos del régimen”, que aunque no lo sean, sólo por ser independientes se les marca así. Y no digamos que puedan argumentar algo: NPI, ni idea tienen y ni siquiera saben leer bien. Y, con burla, me comentaron que fue una mascarada más de este gobierno que es el rey de las mentiras; y, con el cinismo por enfrente, con una aparente seguridad dicen patrañas que no tienen paralelo; y los adoradores del poder hicieron una vez más uso de la palabra para insultar a todo aquel que sienten que no está de acuerdo con su manera de gobernar, cumpliendo con el rito de apostarle a ver cuál es más lambiscón.
Los ciudadanos comunes, aunque aburridos y espantados de tanta farsa, aplaudían sin ganas porque -por desgracia- hay mucho miedo; mientras en la mesa de honor las palabras rimbombantes con tono de la época de los setenta, sin sustancia declaraban iniciado el segundo año de sesiones legislativas, que de todo tiene menos de eso, pues los diputados son una extensión del Ejecutivo en un salón lleno de funcionarios, empleados para rellenar y una miseria de sociedad civil que aguanta de manera callada, que igual va a estas ceremonias como a las marchas en contra del gobierno, huyendo luego como reptiles en caravana al terminar el acto, y se esconden los que deberían de ser el lazo más importante con el gobierno. Esa es la realidad que vivimos; pero, eso sí, los diputados priistas, como si fueran señoritas prolongadas, se tomaron una foto para decir que ellos no fueron. Sólo que el problema no es de presencia, sino de acción, ya que han votado a favor de hacer desaparecer la Ley de Participación Ciudadana, lo que nos quita derechos a los morelenses violando la Constitución General de la República, ya que el artículo catorce constitucional señala que no se podrá aplicar la ley de manera retroactiva en perjuicio de persona alguna. Y, además, votaron por la Ley del Instituto de Crédito para quitarle a los trabajadores el dinero que desde la época de Lauro Ortega con gran esfuerzo han ido acumulando; y votaron la Ley del Transporte, y la queja no es porque el mejorarlo sea malo, sino porque primero tendría que hacerse la central camionera y sacar a las líneas foráneas del centro para reordenar de manera adecuada en lugar de poner una mala copia del transporte del D. F., sólo para hacer negocio unos cuantos, creando un problema social por falta de diálogo.
En lugar de tanta fiesta, que nos den seguridad, respeto a la ley, orden, limpieza en nuestras calles, servicios adecuados, transporte digno y -sobre todo- una paz tan importante para vivir; eso es lo que no tenemos cuando la autoridad sólo piensa en ver cómo sacar “una lanita”; y cuando un congreso como éste actual se vende al mejor postor, sin tener un sentido social; viven de las mentiras y de tratar de engañarnos. Y ya nos cansamos; si no lo creen, que hagan una consulta. Tras veinte años de la ley que ciudadaniza las instituciones electorales, estamos peor que en 1990, cuando se creó el IFE. ¡Qué pena y qué vergüenza!, la verdad, ya no sabe uno ni para dónde correr. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected]