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La imagen y el símbolo son cosas fundamentales que los partidos políticos deberían de estudiar, si es que algún día quieren volverse verdaderos símbolos de la política, porque a la fecha lo que han hecho es usarlos y a veces muy mal, por lo que aquí va algo sobre los estudios dedicados a quienes han reflexionado sobre ciertos hechos que hoy suelen llamarse “simbólicos”.

Como por otro lado casi siempre se trata de teorías acerca del símbolo verbal, éste se opondrá́ por lo general al signo. El estudio de las diferentes maneras de aprehender y definir los hechos “simbólicos” es el propósito de esta reflexión. Por lo tanto, no es oportuno proponer aquí́ una definición preliminar, baste con señalar, como lo hace Todorov al decirnos que la evocación simbólica se injerta en la significación directa, y que ciertos usos del lenguaje, como el de la poesía, la cultivan más que otros. Esta noción no puede estudiarse aisladamente, y en las páginas que siguen, tan frecuentemente como del símbolo, se tratará de signo y de interpretación, de usar y de gozar, de tropos y de figuras, de imitación y de belleza, de arte y de mitología, de participación y de semejanza, de condensación y de desplazamiento, y de algunos otros términos. 

Si damos a la palabra “signo” un sentido genérico que engloba el de símbolo (que, por consiguiente, lo especifica), podemos decir que los estudios sobre el símbolo dependen de la teoría general de los signos o semiótica, y el estudio en la historia de la semiótica. Debo agregar que también en este caso se trata de la cosa y no de la palabra. El estudio del signo entronca en varias tradiciones distintas y hasta aisladas, tales como la filosofía del lenguaje, la lógica, la lingüística, la semántica, la hermenéutica, la retórica, la estética y la poética. El aislamiento de las disciplinas y la variedad terminológica son la causa por la cual se ha ignorado la unidad de una tradición que es de las más ricas en la historia occidental. Procura Todorov revelar la continuidad de esa tradición.

Teoría debe tomarse en sentido lato; la palabra se opone aquí a “práctica”, más que a “reflexión no teórica”. Casi siempre las teorías tomadas en cuenta no se inscribían en el marco de una ciencia (por lo demás inexistente en la época) y su formulación nada tiene que ver con una “teoría” en sentido estricto. Afirmarlo sería hipócrita o ingenuo.

En realidad, tomaremos en cuenta la historia a partir de un periodo de crisis que es el final del siglo XVIII. En esa época se produce en el estudio del símbolo un cambio radical (aunque preparado durante largo tiempo) entre una concepción que había dominado Occidente desde hacía siglos y otra que creo triunfante hasta nuestros días. Por lo tanto es posible abarcar, en el lapso de unos cincuenta años, a la vez la concepción antigua (que llamo con frecuencia y por comodidad “clásica”) y la nueva (a la que doy el nombre de “romántica”). Esta condensación de la historia en un período relativamente breve me ha hecho elegir mi punto de partida.

En su libro denominado “Teoría del Símbolo”, Todorov nos explica la composición del libro. El primer capítulo se sitúa fuera de la problemática; se presenta más bien como una serie de páginas destinadas a un manual y que resumirían el conocimiento semiótico común, tal como ha sido puesto a la disposición de todos. Con esa intención, ha partido de un momento que creo privilegiado (otra crisis): el nacimiento de la semiótica en la obra de San Agustín.

Los cuatro capítulos que siguen exploran diferentes aspectos de la doctrina “clásica” en dos ámbitos particulares: la retórica y la estética. He dejado de lado la historia de la hermenéutica, cuyo estudio produce resultados semejantes. El primero de esos cuatro capítulos contiene además una rápida apreciación de la problemática del libro entero.

El capítulo sexto, el más largo, vuelve a presentar una visión de conjunto sintética. Procura resumir y sistematizar la nueva doctrina, la que engendra la crisis; la describo en el que, según cree Todorov, es su momento de florecimiento: el romanticismo alemán.

Los cuatro capítulos que siguen se ocupan esencialmente de los autores posteriores a la crisis romántica. Pero no son otras instancias de la misma actitud. Elegidos entre los más influyentes de nuestra época, los autores aquí́ estudiados presentan más bien variaciones nuevas con relación a la gran dicotomía entre clásicos y románticos, y ocupan posiciones diversas.

En cada periodo el autor resolvió estudiar el ámbito que me parece más revelador.

En fin, un libro importante para todo aquel que necesite al menos saber qué es y para qué sirve el símbolo y éste dentro de la imagen. Les haría bien estudiarlo a los partidos  políticos. ¿No cree usted?

Vivencias ciudadanas
Teodoro Lavín León
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Twitter: @teolavin