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La imagen es desde todos los puntos de vista importante en este mundo capitalista; vivimos  a base de imágenes y la mayoría de las veces no estamos conscientes de ello.
De ahí el cambio cada año de los eslogan de Gobierno, que nos tratan de vendernos el trabajo que realizan  “en beneficio de la comunidad,” lo que desde luego es discutible pero de todas maneras no creo que exista autoridad que no busque finalizar con los problemas políticos, económicos y sociales.
Porque desde luego están conscientes de que será base fundamental para poder de una manera más fácil ganar la próxima elección.  Al ver la manera en que la manejan en todos los ámbitos creo que no se cuenta con el conocimiento de lo que podrían hacer con las imágenes que saturan todos los medios.
La manera lógica de hacer publicidad es algo que debe valerse de la ciencia y para ello hay que estudiar y buscar a quienes de una u otra manera llegan a tener éxito porque se apoyan en el conocimiento.
Los paradigmas científicos tienen muchas vertientes, uno de ellos es el extraordinario estudio que Walter Benjamin hace sobre la reproductibilidad de la imagen, a pesar de que es un autoridad anterior a la Segunda Guerra Mundial.
Benjamin nos demuestra a través de un ensayo la importancia de la imagen y su evolución con el devenir de la reproductibilidad, en la que nos muestra y define cómo cada una de las obras de arte cuenta con una aura propia, que se pierde con la llegada de la fotografía  y el cine; es decir una vez más la reproductibilidad.
Aquí parte de su texto: Dentro de grandes espacios históricos de tiempo se modifican, junto con toda la existencia de las colectividades humanas, el modo y manera de su percepción sensorial. Dichos modo y manera en que esa percepción se organiza, el medio en el que acontecen, están condicionados no solo natural, sino también históricamente. El tiempo de la Invasión de los Bárbaros, en el cual surgieron la industria antística del Bajo Imperio y el Génesis de Viena, trajo consigo además de un arte distinto del antiguo una percepción también distinta.
Los eruditos de la escuela vienesa, Riegel y Wickhoff, hostiles al peso de la tradición clásica que sepultó aquel arte, son los primeros en dar con la ocurrencia de sacar de él conclusiones acerca de la organización de la percepción en el tiempo en que tuvo vigencia. Por sobresalientes que fueran sus conocimientos, su limitación estuvo en que nuestros investigadores se contentaron con indicar la signatura formal propia de la percepción en la época del Bajo Imperio.
No intentaron (quizás ni siquiera podían esperarlo) poner de manifiesto las transformaciones sociales que hallaron expresión en esos cambios de la sensibilidad. En la actualidad son más favorables las condiciones para un atisbo correspondiente. Y si las modificaciones en el medio de la percepción son susceptibles de que nosotros, sus coetáneos, las entendamos como desmoronamiento del aura, sí que podremos poner de bulto sus condicionamientos sociales.
Conviene ilustrar el concepto de aura, que más arriba hemos propuesto para temas históricos, en el concepto de un aura de objetos naturales. Definiremos esta última como la manifestación irrepetible
de una lejanía (por cercana que pueda estar). Descansar en un atardecer de verano y seguir con la mirada una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama.
De la mano de esta descripción es fácil hacer una cala en los condicionamientos sociales del actual desmoronamiento del aura. Estriba éste en dos circunstancias que  humanamente las cosas es una aspiración de las masas actuales tan apasionada como su tendencia a superar la singularidad de cada dato acogiendo su reproducción. Cada día cobra una vigencia más irrecusable la necesidad de adueñarse de los objetos en la más próxima de las cercanías, en la imagen, más bien en la copia, en la reproducción. Y la reproducción, tal y como la aprestan los periódicos ilustrados y los noticiarios, se distingue inequívocamente de la imagen. En ésta, la singularidad y la perduración están imbricadas una en otra de manera tan estrecha como lo están en aquélla la fugacidad y la posible su vez dependen de la importancia creciente de las masas en la vida de hoy. A saber: acercar espacial y Abel Gance, «Le temps de l’image est venu» (L’art cinématographique, II), París, 1927.
El Wiener Genesis es una glosa poética del Génesis bíblico, compuesta por un monje austríaco hacia 1070 (N. del T.). Acercar las cosas humanamente a las masas, puede significar que se hace caso omiso de su función social. Nada garantiza
que un retratista actual, al pintar a un cirujano célebre desayunando en el circulo familiar, acierte su función social con mayor precisión que un pintor del siglo dieciséis que expone al público los médicos de su tiempo representativamente, tal y como lo hace, por ejemplo.
Así como podemos darnos cuenta es como se trata la imagen desde la academia, nada que ver con la política pero es verdaderamente interesante. ¿No cree usted?
 

Teodoro Lavín León / [email protected]   Twitter: @teolavin