Las amistades son algo extraordinario que todos necesitamos. Lo extraño es que éstas se rompan de una manera fácil y fuerte; esto es de lo más común con las amistades en política.
La intimidad entre dos personas siempre es algo especial, algo que no conocemos y de lo cual no estamos enterados; por eso, cuando se es muy amigo de alguien, es importante que continúe la amistad, a pesar de que -como todo en la vida- ésta tiene un ciclo.
El rompimiento de una amistad de manera total y la separación después de una afinidad muy fuerte es algo que no entendemos, sobre todo cuando la explicación es vaga; por lo que, para que les podamos creer a los demás, necesitamos saber qué pasó.
Porque, cuando las cosas se esconden, es que hay algo que huele mal en ello. Cuando sólo se dice “me traicionó” y no se explica el porqué del rompimiento, la cosa no es clara y puede ser que el rompimiento sea una farsa.
La amistad es un sentimiento profundamente humano. Es un vínculo que nos proporciona la posibilidad de compartir experiencias, conocimientos e incluso medios económicos. Los lazos de amistad se potencian recíprocamente y no pueden existir por separado.
La realidad de la amistad es dual. Implica la existencia de al menos dos personas. La amistad necesita a un interlocutor para compartir, crecer mutuamente y descubrir(se) en él sus valores y también sus deficiencias. El buen amigo no anula al otro, sino que lo potencia, es su compañero y un facilitador de sus muchas posibilidades. Sufre cuando tú sufres y se alegra cuando tú te alegras. No es envidioso, ni prepotente, ni se aprovecha de ti.
La amistad se basa en la mutua confianza, el objetivo es ayudar al otro y consecuentemente a sí mismo. La amistad no se impone ni se programa, como todo en la vida, requiere de un esfuerzo para conseguirlo y lo más importante es poner los medios para lograrlo y mantenerlo. La amistad se muestra en los momentos felices: el nacimiento de un hijo, la celebración de un ascenso laboral, la inauguración de una casa.
En otras ocasiones la amistad se concreta en una llamada telefónica para pedir un consejo o compartir un proyecto o para intercambiar ideas políticas, religiosas o de la propia existencia, o simplemente por esa sensación que tenemos de que existe una persona, aunque sea a cientos de km., a la que podemos recurrir solamente para hablar y saludarla.
En todas las situaciones, tanto buenas como en los momentos difíciles, aparece nuestro amigo al que podemos recurrir y dejarnos aconsejar, descargar, llorar, reír y escuchar. De una u otra forma comunicarnos con él.
La amistad es una relación entre iguales con alguna característica en común. Por eso los profesores, los padres, los jefes no pueden ser amigos de sus alumnos, de sus hijos o de sus empleados. La amistad no se centra en las cualidades del otro, sino más bien en su propia esencia: cómo es como persona, qué cualidades tiene, qué sentimientos provoca.
La amistad no origina simpatía hacia la persona sino empatía: capacidad para comprender y para compartir alegrías y tristezas. Cuando un amigo nos relata sus confidencias, lo dice según su criterio, y la amistad requiere corregir los errores subjetivos, para poder aprender la objetividad de los hechos.
El amigo es una persona que lo sabe todo de ti y te quiere tal como eres. La amistad abarca la lealtad y confidencialidad. Lograr la sinceridad mutua. Los amigos son aquellas personas que en los momentos difíciles están contigo. La distinción para verdaderos y falsos amigos es la presencia común en los buenos momentos y la sola ayuda de los verdaderos en los malos.
En la amistad buscamos la ayuda incondicional, nos apoyamos con los amigos para pasar mejor las tristezas, duplicar las alegrías y dividir las angustias por la mitad. Un proverbio sobre la amistad en el que estoy de acuerdo es el siguiente: “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos”.
A un amigo lo llamas cuando estás pasando por una situación insegura para que nos aconseje según su parecer, le pedimos su opinión, para que luego nosotros elijamos nuestro propio criterio, sin que eso perjudique nuestra relación.
Existen diferencias en la relación de amistad con la relación del amor. Diferencias entre los amigos de los conocidos. La amistad sincera es recíproca, ambas personas enriquecen esa relación, creciendo y aprendiendo de ella. La sinceridad, la generosidad, la comprensión y el afecto mutuo son pilares sobre los que se construye una amistad que se va consolidando con el tiempo. Esto hace falta para lograr una amistad sana y constructiva.
Pero, como dice el refrán, “Amistad por interés, no dura porque no lo es”. Hay amistades de conveniencia, en las que ciertas personas se acercan a quien les puede dar prestigio, y hay otras de verdad en que importa el fortalecimiento del amigo.
En la sociedad actual impera el materialismo, al mismo tiempo que es pragmática, prevalece entre la gente el sentimiento de la amistad. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin