El pasado fin de semana se llevó a cabo un homenaje al Maestro Víctor Manuel Contreras, el Museo de Arte Contemporáneo Juan Soriano abrió sus puertas para homenajearlo.
El maestro Víctor Manuel Contreras es un morelense por adopción de excelencia, ya que a través de muchísimos años ha permanecido creando en nuestra ciudad capital.
De Cuernavaca han salido al mundo más de cien obras de gran formato, que se encuentran desde en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York como en un sinnúmero de ciudades del mundo.
Hablar de Contreras es hablar de un artista universal, de un artista del simbolismo que, además, ha donado tres esculturas monumentales para la ciudad: la Nave del Tiempo, la Paloma de la Paz y el Monumento a la Madre, este último ganador de un reconocimiento especial en Roma, Italia.
Su madre, Trinidad, combinó el canto de ópera con la pintura. Influenciado por el ser que le dio la vida, Víctor también ha cantado, pero su vocación ha sido la escultura: “Desde niño lo supe; mi vocación de escultor fue desde mi nacimiento”. Para darle forma a su talento, a los 16 años salió de México para estudiar un año en Nueva York, desde donde se trasladó a Múnich para continuar su formación. Más tarde pasó por la Escuela Superior de Bellas Artes, en la capital francesa. Fue en París donde conoció a miembros de la familia imperial de Rusia, quienes vivían en el exilio.
Víctor Manuel Contreras se considera un simbolista, compartió en el homenaje las motivaciones de la “Escultura de la Paz”, en Cuernavaca, de la que guarda un boceto en la casa que fuera de su madre. El ave da la bienvenida a los visitantes de la ciudad; el lado opuesto, que mira a quienes salen de la urbe, representa una semilla. “No soy patriotero”, comentó al citar a algunas autoridades que solicitan los típicos bustos “grandotes” de personajes de la historia. En su estilo, también se ha acercado al impresionismo, en obras como “Arca de Noé”, pieza que guarda en su colección personal, o “El origen del hombre”.
En 2012, el artista expuso en el Instituto Cultural Cabañas, en conjunto con su acervo de obras de Tamara de Lempicka. Con el título de “Encuentro de dos culturas: México y Polonia”, en París, la muestra tuvo lienzos y bocetos de De Lempicka, con esculturas y bocetos escultóricos de Víctor.
Una característica de Contreras es que, a diferencia de la tendencia actual de escultores que sólo diseñan sus obras para que otros más las realicen, el maestro se involucra y concreta cada detalle de sus creaciones. Además, “Todo es hecho a mano, no con fundición”, afirma. Por ello, el proceso creativo de sus piezas puede demorarse años, como sucedió con “Inmolación de Quetzalcóatl”, conjunto escultórico que se aprecia en la Plaza Tapatía de la capital de Jalisco. Para confeccionar esta gran serpiente tardó cinco años.
Otra anécdota que compartió Contreras fue su encuentro con David Alfaro Siqueiros, en Chilpancingo. Allí trabajó el conjunto “Himno al trabajo” y “Hombre hacia el futuro”. Cuando lo hacía, el muralista mexicano pasó, lo vio trabajar y lo invitó a ir a su taller en la Ciudad de México para que colaborara con él: “Así podrá decir que trabajó con el maestro Siqueiros”, fue el argumento de David Alfaro para tratarlo de convencer. Sin embargo, Víctor Manuel ya había adquirido el compromiso de concluir su obra en Guerrero, así que declinó la invitación con jiribilla: “Mejor quédese usted y así podrá decir que trabajó con Contreras”, le dijo a Siqueiros.
En cuanto a posturas ideológicas entre izquierda y derecha dentro del arte, Víctor prefiere primar la expresión artística como eje central de la creación. Para Contreras, “la misión del arte es enriquecer la vida en sus dichas, y empobrecerla en sus desdichas”.
Algunas esculturas de Contreras coinciden con la presencia de seres que vuelan: palomas, mariposas y águilas. Con estas últimas el escultor realizó “Volemos juntos”, una gran pieza que forma parte de una colección privada. En el catálogo de sus obras se observan dos águilas que se encuentran representando el águila prehispánica y el águila en México. El uso simbólico de esta ave, “única que mira de frente al sol”, recalca el artista, es común en muchas culturas alrededor del mundo con el paso de las águilas como señal divina o de la fundación de la gran Tenochtitlán, señaló.
Entre otra de sus bellas esculturas está “La Tierra”, y recuerdo sus palabras: “La alegoría surge desde la base con cuatro figuras antropomorfas, cada una representando las razas humanas. Se dan la mano, creando un espacio vacío que evoca un corazón. El trabajo, mano a mano, es lo que nos puede unir con los hombres”. Muchas de sus obras son famosas como las mariposas de las “Almas en vuelo”, y el escultor señala que el de las mariposas es el vuelo más sutil que se realiza por el aire y puede ofrecernos una experiencia mística. Algunas de esas mariposas se hallan en París, en la sede de la UNESCO.
Así, con ésas y muchas obras más, Víctor Contreras ha puesto a Cuernavaca en el ojo del mundo, por lo que es justo agradecerle. ¿No cree usted?

Por Teodoro Lavín León / lavinleon@gmail.com / Twitter: @teolavin