Del manifiesto de la trasdiciplina de Basarab, este extraordinario capitulo:
El espíritu humano ha estado atormentado, desde siempre, por la idea de leyes y orden, que dan un sentido tanto al Universo donde vivimos como a nuestra propia vida. Los antiguos inventaron así la noción metafísica, mitológica y metafórica de cosmos. Se acomodaron muy bien a una Realidad multidimensional, poblada de entidades diferentes, de los hombres a los dioses, pasando eventualmente por toda una serie de intermediarios. Estas diferentes entidades vivían en su propio mundo, regido por sus propias leyes, pero estaban unidas por leyes cósmicas comunes, engendrando un orden cósmico común. De esa manera los dioses podían intervenir en los asuntos de los hombres, siendo éstos a su vez a la imagen de los dioses y todo tenía un sentido, más o menos oculto, pero siempre un sentido.
La ciencia moderna nació de una ruptura brutal con la antigua visión del mundo. Está fundada sobre la idea, sorprendente y revolucionaria para la época, de una separación total entre el sujeto que conoce y la Realidad, supuesta ser completamente independiente del sujeto que la observa. Pero, al mismo tiempo, la ciencia moderna se daba tres postulados fundamentales, que prolongaban a un grado supremo, sobre el plano de la razón, la búsqueda de leyes y de orden:
1. La existencia de leyes universales, de carácter matemático.
2. El descubrimiento de esas leyes por la experimentación científica
3. La reproductibilidad perfecta de los datos experimentales.
Un lenguaje artificial, diferente del lenguaje de la tribu –las matemáticas- fue de esta manera elevado por Galileo, al rango de lenguaje común entre Dios y los hombres.
Los éxitos extraordinarios de la física clásica, de Galileo, Kepler y Newton, hasta Einstein, han confirmado la exactitud de esos tres postulados. Al mismo tiempo han contribuido a la instauración de un paradigma de la simplicidad, que se hizo predominante en el umbral del siglo XIX. La física clásica ha llegado a construir en el curso de dos siglos, una visión del mundo apacible y optimista, lista a acoger, sobre un plano individual y social, el surgimiento de la idea de progreso.
La física clásica está fundada sobre la idea de continuidad, en conformidad con la evidencia provista por los órganos de los sentidos: no se puede pasar de un punto a otro del espacio y del tiempo sin pasar por todos los puntos intermediarios. Además, los físicos ya tenían a su disposición un aparato matemático fundado sobre la continuidad: el cálculo infinitesimal de Leibniz y Newton.
La idea de continuidad está íntimamente ligada a un concepto clave de la física clásica: la causalidad local. Todo fenómeno físico podía ser comprendido por un encadenamiento continuo de causas y de efectos: a cada causa en un punto dado corresponde un efecto en un punto infinitamente cerca y a cada efecto en un punto dado corresponde una causa en un punto infinitamente cerca. Así dos puntos separados por una distancia, fuese ésta infinita en el espacio y en el tiempo, están sin embargo unidos por un encadenamiento continuo de causas y de efectos: no se necesita una acción cualquiera directa a distancia. La causalidad más elaborada de los antiguos, como por ejemplo la de Aristóteles, está reducida a uno solo de estos aspectos: la causalidad local. Una causalidad formal o una causalidad final ya no tenía lugar en la física clásica. Las consecuencias culturales y sociales de una tal amputación, justificada por los éxitos de la física clásica, son incalculables. Hoy mismo aquellos, numerosos, que no tienen conocimiento agudo de filosofía, consideran como una evidencia indiscutible la equivalencia entre “la causalidad” y “la causalidad local”, de tal manera que el adjetivo “local” está omitido en la mayoría de los casos.
El concepto de determinismo podía hacer así su entrada triunfante en la historia de las ideas. Las ecuaciones de la física clásica son tales que, si uno conoce las posiciones y las velocidades de dos objetos físicos en un momento dado, se puede predecir sus posiciones y sus velocidades en cualquier otro momento del tiempo. Las leyes de la física clásica son leyes deterministas. Siendo los estados físicos funciones de posiciones y de velocidades, resulta que si se precisan las condiciones iniciales (el estado físico en un momento dado del tiempo) uno puede predecir completamente el estado físico, no importa a qué otro momento dado del tiempo.
Y EL PRÓXIMO 8 de abril se llevará a cabo el baile de los Cuernavacos, en las bellas instalaciones de mañanitas “Casa Nueva”; la razón: 
hay que volvernos a ver, y desde luego ayudar a la Asociación Civil “La Casa del Buen Señor” que dirige nuestra amiga Susan Grilo. Se coronará a la reina de los Cuernavacos 2016 Pau primera, nieta de uno de los hombres más prestigiados en Cuernavaca: el Dr. Andrés Villasante. El evento casi se encuentra vendido en su totalidad, pero lo esperamos. Información al 3-14 – 51 -91 o en  las tardes noches en Comonfort 13, en el Bar Yupi Yapa, no se lo pierda. Quedan pocos  boletos.

Vivencias Ciudadanas
Teodoro Lavín León

[email protected]   Twitter: @teolavin
 

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