Viacrucis real y total es irse a atender en el Hospital José Parres, antes Hospital Civil de Cuernavaca; en verdad es verdaderamente una odisea. Para mala suerte de la joven hija de la señora que hace la limpieza en casa de mi madre, el día de ayer se cayó al subirse en una silla y se rompió la mano derecha; de inmediato la subí a mi carro y me trasladé al hospital para que fuera atendida, ya que me señaló que contaba con Seguro Popular. Ahí empezó el viacrucis, llegamos a la parte de urgencias del centro hospitalario, me bajé del vehículo para pedir una silla de ruedas, ya que también se había lastimado un pie, lo que motivó que me dieron instrucciones sobre dónde solicitarla; al llegar al cubículo indicado, una mujer bastante mal encarada me dijo: “No tenemos, vea usted cómo la baja”. Como no había llegado el marido de la joven, unas amigas que la vieron dentro del vehículo y constataron que no se podía bajar me ayudaron a llevarla, ya que en el pie izquierdo tenía un esguince; como pudimos la llevamos al consultorio después de pelear con los guardias de la puerta, dos jóvenes policías con un pésimo criterio que no querían dejarnos pasar, sin silla de ruedas y sin poder caminar; sólo quedaba que la mandáramos volando, pero con paciencia y mil argumentos los convencí de que permitieran llevarla al consultorio. Una vez más, fue un verdadero problema para conseguirle una silla, pues no había dónde sentarla, hasta que por fin una enfermera con malos modos me dijo: “Desvístala y póngale esa bata”.  Como usted comprenderá, yo no la podía desvestir y una señora, familiar de un paciente, me hizo el favor de quitarle la ropa para luego entregármela y ponerle la bata.      
Pero no paró ahí la cosa, una enfermera bastante amable nos mandó a curaciones, donde pasamos más de tres cuartos de hora para que voltearan a verla, a pesar de que lloraba por la fractura que le dolía mucho, hasta que una doctora ya entrada en años y se había hecho loca como 45 minutos volteó y le dijo que se sentara en una silla cerca de su computadora, donde empezó a interrogarla y, al final, ordenó trajeran una silla de ruedas; al llegar la silla, una joven enfermera se acomidió para ayudarla, pero la mal encarada le gritó: “No hagas eso, deja que el familiar le ayude, si no, nosotras seremos las que sufran las hernias”; muerta de risa volvió a seguir haciéndose tonta, poniéndole nombre a un envase con una solución.
Ya en la silla de ruedas, por fin la llevaron a Rayos X, ahí la tuvieron más de tres cuartos de hora; después de las radiografías, la llevaron con el ortopedista, quien la vio, le jaló la mano y la volvió a mandar a Rayos X, y al revisar la nueva radiografía decidió que tenían que operar. El problema fue que ya habían pasado más de cuatro horas. Al pobre marido no lo dejaron pasar, a pesar de que me salí para que entrara él; pero un policía que estaba sin hacer nada no se lo permitió, le pidieron copias de la credencial del Seguro Popular. La verdad es que yo traté de que fuéramos a la Cruz Roja, pero no quiso; me llamó la atención ver a tanta gente parada porque no alcanzan las sillas en la sala de espera, lo que provoca que muchos pacientes se salgan y se paren en el patio adonde llegan las ambulancias, pero los policías los vuelven a meter a la sala de espera. Ahí se ven las miserias humanas, la gente llorando o dormida, quejándose, las visitas son de las 11 de la noche o a las 5 de la mañana; como puede usted ver, muy cómodas; regresando  a la sala de espera es una sala sucia que todo tiene, menos antisépticos. En verdad, qué suplicio el de los morelenses porque somos primer lugar en salud. Pero ése parece un  hospital de África y no un nosocomio con la limpieza y el servicio que se necesita. La gente pasa horas sentada en una salita, en bata, para que la atiendan. Da coraje y tristeza, pero es nuestra realidad y hay que decirlo, porque es lo que vivimos; al menos es nuestra verdad que debemos modificar. ¿No cree usted?

PARA COLMO, por otra parte, la delincuencia está imparable; los criminales se roban a los jóvenes y niños, saquean las casas de manera recurrente y son tan cínicos los rateros que escogen casas vecinas, una por semana, pero nadie parece darse cuenta de lo que sucede. Y ya podrán contarnos muchas cosas y darnos las grandes cifras y los maravillosos discursos, pero  todos los días alguien nos cuenta de un robo o un asalto. Las palabras son muchas, pero la realidad es cada día más grave. ¿No cree usted?
Hoy DA inicio el Encuentro Empresarial 2016, con la firma del acuerdo entre México y la OIT GAN; habrá un coctel y una callejoneada con chinelos, pero el jueves se inician formalmente los trabajos a las 7 de la mañana;  jueves y viernes vendrán hombres y mujeres de excelencia en cuanto a negocios. Interesante, ¿no cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin

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