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El gran tesoro ruso que durante 60 años salió de Europa para radicar en Morelos fue regresado a su país de origen gracias al cuidado y la extraordinaria muestra de clase del maestro Víctor Manuel Contreras, quien después de haber conservado cuidadosamente durante seis décadas el maravilloso tesoro lo devolvió a su país, tesoro que contiene 400 lotes de orfebrería de Fabergé, fotos, cartas, dibujos que pertenecieron a la princesa Irina Roumanova Youssoupoff, quien falleció en 1970, y al príncipe Félix Youssoupoff, quien falleció en 1968, considerado el hombre más rico de la tierra; entre los objetos existe un hermoso traje del príncipe que está recamado con perlas preciosas, así como con rubíes, esmeraldas y zafiros. La semana antepasada se llevó a cabo una cena-homenaje al maestro Contreras en París por haber conservado el maravilloso patrimonio de todas las rusias.
La extraordinaria colección cuenta con obras pintadas por el propio príncipe y su esposa a finales de los años treinta. Desde alfileres de corbata hasta retratos familiares, pasando por peluches, iconos religiosos, ropa, cartas manuscritas, sellos para lacrar la correspondencia, en fin, una lista de 400 objetos.
Para darse cuenta el por qué acabaron estos tesoros en Cuernavaca, el maestro Contreras ha sido considerado por la familia imperial como parte de ella, ya que el príncipe Félix y su esposa decían que era “El hijo que les cayó del cielo”.
Para conocer más de la familia imperial, hay que remontarse a la muerte del hermano mayor de los Youssoupoff, el príncipe Nicolás Youssoupoff en 1908, el príncipe Félix heredó todo el patrimonio de la dinastía centenaria, y en 1914 adquirió el título de príncipe al casarse con la única sobrina del zar Nicolás II y nieta del zar Alejandro III, Irina Roumanova.
En su palacio de Moika, donde residía, fue donde en diciembre de 1916 por instrucciones del ejército al que pertenecía eliminó a Rasputín junto con otros conspiradores.
El príncipe alimentó la leyenda en su autobiografía al relatar cómo se le dio fin al monje que el ejército ruso consideraba enemigo de la patria; al monje después de dispararle y golpearle no murió, por lo que lo ataron y el ejército lo arrojó a las aguas heladas del río Neva, donde Rasputín al parecer pereció de hipotermia, pero logró librarse del saco -dice la leyenda- y aparecer desnudo flotando en el río. La ejecución del místico sanador que tanto había influido en los zares, generando la impopularidad de la familia imperial, no pudo parar la revolución que se avecinaba. Una semana después del levantamiento de febrero de 1917, previo a la Revolución de Octubre, Nicolás II abdicó.
A los pocos días, los Youssoupoff, que habían sido desterrados a una de las fincas por el asesinato de Rasputín, volvieron al Moikia para recoger lo más valioso que se pudiera llevar y se trasladaron a París.
La joya de la selección de 400 objetos es una estatuilla de Júpiter hecha en plata atribuida a Benvenuto Celline, uno de los pocos tesoros que los Youssoupoff salvaron de la revolución, montada en una base de oro firmada por la joyería Cartier.
Cada una de las piezas ya se encuentra en Paris, desde donde regresarán a la Rusia de los zares.
El maestro Contreras vivió cinco años en el palacio de los príncipes Félix e Irina Youssoupoff, quienes lo adoptaron como parte de la familia imperial, mientras el maestro estudiaba en la Escuela Superior de Bellas Artes de París.
El homenaje al maestro Contreras se llevó a cabo en el museo de Orsay, con una fastuosa cena bañada con champaña. Qué lástima que en Morelos no han sabido aprovechar las autoridades esos tesoros que ahora ya se fueron y que han sido noticia mundial y que hubieran podido ser parte de un museo en nuestra ciudad; es una lástima que exista de manera tan clara el desprecio a los artistas que hacen y han hecho de Morelos la extraordinaria sede de grandes artistas plásticos a través de su historia.
Se nos va otra colección de obras maestras. Cuándo habrá alguien que quiera a Morelos y le permita a los artistas valiosos dejar aquí su extraordinario trabajo; no lo sabemos y menos lo entendemos. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / lavinleon@gmail.com / Twitter: @teolavin