Cuernavaca está pasando una verdadera crisis en lo que al sistema de agua potable se refiere. Sapac ha sido la caja chica de los presidentes municipales y de los regidores, donde no sólo la han descapitalizado, sino que allí han enviado a una serie de empleados de segunda para que tengan donde cobrar, aunque no sirven para nada y descapitalizan la empresa.
Esto ha sido una constante desde hace más de cinco sexenios, tanto priistas, como panistas y, desde luego, los que están en funciones y que ya ni sabemos de qué partido son, los que han utilizado el sistema como una manera de acercarse recursos; ¿para que?, ciertamente,  nadie lo sabe, sólo nos lo imaginamos, pero pruebas no tenemos. Por lo pronto, esto ha hecho crisis, ya que en lugar de utilizar el dinero para mejorar el servicio, cambiar las redes y pagar a la CFE, lo han utilizado como caja chica y no para salir de los muchos problemas que tiene el municipio de Cuernavaca, que se encuentra -como el estado- sobre endeudado.
Hay una propuesta de “Morelos Rinde Cuentas”, con siete simples pasos para acabar con el problema, pero desde luego que no lo admiten porque con controles serios no habría manera de justificar la manera en que utilizan los recursos, que dicho sea de paso son muchísimos. Una toma normal en esta época cuesta la bicoca de 19,800 pesos; me consta porque así me robaron, y usted estará de acuerdo en que es un robo. Sin embargo, no tienen recursos para pagar a la CFE los millones que se le deben y, mire usted, el problema ya hizo crisis; los ciudadanos, desesperados por la falta de líquido vital, están cerrando las calles hasta que no se les resuelva el asunto y así lo vemos en Lomas de Cortés y en el camino viejo a Ahuatepec, antes del entronque de la vía, donde no se puede circular porque los vecinos no abrirán la calle hasta que tengan agua. Mientras tanto, en el ayuntamiento se hacen como que la Virgen les habla y no hacen nada efectivo; sí hay muchas declaraciones y juntas, pero no vemos nada efectivo para resolver el asunto. Mire usted, el problema del agua es mundial.
Desde el principio de los tiempos, cada vez que bebemos un sorbo de agua, pensamos que es agua limpia y nueva que se utiliza por primera vez. Pero no es así, esta agua que estamos bebiendo ha sido reciclada una y otra vez desde los comienzos del universo, por diversas formas de vida, como un dinosaurio, un conejo, una paloma y hasta por Julio César, Carlos V, el Papa Pablo VI, Cristóbal Colón o Cervantes.
Ahora disponemos de toda el agua que nuestros hijos podrán tener, nunca dispondrán de más agua que nosotros; al contrario, si seguimos así, cada vez tendrán menos, y la que tengan tendrán que repartirla entre muchísimas más personas.
Este siglo será crítico para el futuro de la humanidad en cuanto al agua se refiere. De hecho y con el tipo de sociedad de que disponemos, no hemos sido capaces, tecnológica y socialmente hablando, de facilitar el acceso a la misma a más de 1.200 millones de personas, las cuales no tienen acceso a una fuente de agua potable, saludable y segura.
Más de cuatro millones de personas intentan no enfermarse por consumir aguas contaminadas, y eso si no mueren por ausencia de ésta. Y está demostrado que casi el 20 % de las especies animales de agua dulce corren peligro de extinción en este siglo.
El agua brota como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, ya que se espera que en el año 2025 la demanda de este elemento tan necesario para la vida humana sea un 56% superior que el suministro... y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Se calcula que para los 6,250 millones de habitantes a los que hemos llegado se necesitaría ya un 20% más de agua. La pugna es entre quienes creen que el agua debe ser considerado un commodity o bien comerciable (como el trigo y el café) y quienes expresan que es un bien social relacionado con el derecho a la vida. Los alcances de la soberanía nacional y las herramientas legales son también parte de este combate.
El problema es que el agua es un recurso que se da por sentado en muchos lugares, pero es muy escaso para los 1,200 millones de personas que carecen de acceso al agua potable, a las que habría que sumar otros 2,400 millones de personas que no tienen acceso a un saneamiento adecuado.
Más de 2,200 millones de habitantes de los países subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua potable, saneamiento adecuado e higiene. Además, casi la mitad de los habitantes de los países en desarrollo sufren enfermedades provocadas, directa o indirectamente, por el consumo de agua o alimentos contaminados, o por los organismos causantes de enfermedades que se desarrollan en el agua. Con suministros suficientes de agua potable y saneamiento adecuado, la incidencia de algunas enfermedades y la muerte podrían reducirse hasta un 75 por ciento.
Como podemos ver, el agua es un verdadero problema y nosotros, que todavía la tenemos, la desperdiciamos y la usamos para hacer negocio. ¿No cree usted?

Por:  Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin

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