¿Por qué muchas veces la gente miente? y además de ello lo hace de manera constante, convirtiéndolo en una forma de vida. Por eso buscamos una explicación y aquí está lo que nos señalan los expertos:
“Llevados por la inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados tal como somos, podemos caer en la tentación de adornar aquí y allá nuestra historia y nuestras habilidades, de forma que causemos una impresión favorable en las demás personas. Un ladrón podrá aseverar que cometió más robos de los que realmente ha hecho si tiene que presumir delante de los compañeros carcelarios; o se pueden ‘haber realizado’ más proezas sexuales de las habidas, entre un grupo de hombres que se retan en su capacidad viril; o una madre puede hacer que su hijo mejore las notas y apruebe cursos con el fin de aparecer ella como una madre exitosa con un hijo bien educado.
“Mentir es un recurso fácil de valer, sin tener que pasar por esfuerzos ni penurias, aunque el precio que se corre es la posibilidad de ser descubierto. En esto sucede algo similar a la persona que lanza rumores falsos para disminuir a las personas que envidia: puede ser descubierta y la conducta desvelada e ir en su contra desprestigiándolo ante aquellos en quienes quería influir.
“Mientras que la persona sincera no tiene que vigilar la versión que da de sus anécdotas y los episodios vividos, porque los transcribe al dictado de su memoria, en cambio el mentiroso debe controlar qué versión da de su historia, para que resulte coherente con la escuchada por cada persona ante la que ha presumido.
“Cuanto más se cae en la tentación de mentir más difícil es controlar la abundante base de datos de las versiones dadas y más imposible resulta comentar, repetir o seguir con coherencia lo novelado, de forma que los detalles chirrían y de pronto un personaje famoso es novio de una prima mientras que antes lo era de una hermana; estuvimos dos años estudiando en el extranjero mientras que esos mismos años estudiamos un Master de prestigio en la localidad donde vivimos, conocemos a quien luego resulta que no nos conoce, etc.
“El hábito de mentir se puede transformar en un trastorno de la personalidad que podríamos llamar ‘seudología fantástica’ que es una compulsión a imaginar una vida, unos acontecimientos y una historia con objeto de causar una impresión de admiración en los espectadores.
“Este afán por impresionar está basado en la imperiosa necesidad de resultar valiosos o geniales por medios tramposos, ya que por los naturales de la simpatía y ser espontáneos dudamos poder conseguirlos.
“Refleja, por un lado, la ambición de ser dignos de amor y ‘ojito derecho’ de los demás como antes de ser destronados por el proceso de maduración lo éramos de los padres; por otro lado, se pone de manifiesto nuestra profunda duda de no ser dignos en base a la distancia, la dureza, el aislamiento y la falta de adaptación que sufrimos, que asemejan pruebas de algún tipo de minusvalía.
“El mentiroso fantasioso coge el atajo de robar atención y aprecio por la vía del fácil engaño (las palabras son cómodos sustitutos de los hechos), en vez de por su Ser-sincero, tal vez mucho más modesto de lo que su ambición soporta.
“Alguien no se conforma con ser una persona cualquiera -tal vez se vería a sí misma con excesivo desarraigo-, sino que desea ser siempre una personalidad de primera magnitud, de esas que los demás admiramos embelesados y envidiosos.
“También mintiendo sobre lo que hacemos llevamos a cabo algo que proporciona un pequeño resto de placer, que nos da una migaja de lo que nos gustaría. Imaginando que somos ricos, que seducimos a las personas más bellas, sentimos un gusto que el disgusto de ser sólo fantasías no acaba de eliminar y que puede convertirse en deleitoso manjar para satisfacer necesidades que de esta forma engañosa nunca realmente será completa, pero que a base de engaño tras engaño, fantasía tras fantasía, nos hace sentir el sueño tan real que casi lo podemos creer.
“Lo que nos gustaría hacer, lo que en ensueños nos prometemos, lo que según nuestros cálculos inflados seguramente nos pasará puede hacernos correr tanto en el tiempo que disfrutemos precipitadamente de lo que todavía no somos, y ello nos prepara mal para el naufragio de nuestras ilusiones durante el transcurso despiadado de la vida. Este tropiezo no le sucede a quien su mirada alcanza al escalón de arriba sólo cuando ha mirado bien que ha subido el actual.
“El problema del pseudólogo es que para mentir tanto, y que no se note, ha de hacer lo mismo que un actor que representa un personaje y quiere resultar creíble: esforzarse tanto, como si uno fuera esa persona inventada, que realmente uno se confunda y olvide quién es realmente.
“El personaje suplanta al yo, con lo que su personalidad se instala en una base inauténtica muy peligrosa, porque los halagos, impresiones y valoraciones que arranque a los demás con sus tretas.” ¿No cree usted?
NO SE OLVIDE del concierto del Grupo Brasileño ganador del Grammy al mejor álbum de música clásica, a las 19:00 horas el jueves teatro Ocampo. Ahí nos vemos.

 

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin

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