En México se tejen ya los hilos para el gran escenario electoral presidencial de 2018. Junto con la Presidencia estarán en juego nueve gubernaturas, el Senado y la Cámara de Diputados, eso que se construye cada seis años y que, como cada sexenio, renueva la esperanza de que por fin exista alguien que sea el gran mesías, el gran redentor, el que nos habrá de sacar de la pobreza, el que eliminará de tajo la delincuencia en sus diversas formas: narcotráfico, secuestro, extorsión, trata de mujeres y hombre, niños y niñas. El mismo mesías que nos dará empleo y mejores salarios, el que erradicará la corrupción y la impunidad. Sin duda, el mismo que nos dará mejor educación y aumentará la productividad con su toque mágico y lleno de buenas intenciones. Desde luego, esa es la voz de un sector bastante amplio, mayoritario, particularmente con grandes aspiraciones pero pasivo e ignorante.
Existe otro sector mucho más realista que espera que el estado de cosas no cambie, que sólo se matice un poco pero que, en general, permita la continuidad de lo ya establecido y que normalmente es difícil debido a los egos de los gobernantes que creen que ellos tienen la verdadera solución de las cosas. Ese sector espera que siga siendo rentable la actividad política, sin importarles lo que hayan hecho durante su paso por el poder hoy, como algún diputado entregado al ejecutivo que, con el cinismo de siempre, querrá ser mañana senador o tal vez gobernador, y de menos aunque sea quede como regidor. Es el sector preocupado en el discurso por el desarrollo de los más necesitados, es el mismo que teoriza y contempla la pobreza y los diversos problemas sociales mientras viaja en un Lear Jet con cargo al erario, desde luego, pero que realmente no sirve para nada.
Analicemos quiénes de nuestros representantes federales tuvieron poder y dinero por seis o tres años. ¿Alguno le dio ayuda a usted?, ¿alguno estuvo pendiente de los problemas de su ciudad, de su distrito o de su colonia? Desde luego que no, y de eso es de lo que estamos hartos los mexicanos: de que crean que se burlan de nuestra inteligencia, de que crean que son líderes porque apoyaron a fulanito o menganito y se hicieron de una marcha anteriormente cuando casi dormían con el ahora enemigo.
En otro sector la gente no deja de academizar la vida pública en las aulas y en los medios masivos de información, especula respecto a los diversos escenarios económicos, políticos y electorales con tal precisión que su palabra se trastoca en palabra de Dios; critica de modo radical las formas de hacer política y su mirada astuta le dice, sin embargo, que mantenga una sana distancia, que puede pasar cualquier cosa y es importante estar bien con todos. Existen muchos otros sectores, fragmentados por lo general, y existen incluso aquellos que nuestra imaginación no alcanza siquiera a percibir.
Cada sector y cada persona desean, sin duda, un modelo de país. Es un modelo contradictorio y plural, lleno de visiones antagónicas y pleno de intereses faltos de coincidencia. El México que tenemos ante nuestra mirada es tan heterogéneo y plural que se asemeja a la torre de Babel: todos hablando lenguajes distintos y desinteresados en comprenderse recíprocamente. Es fundamental la desorganización porque ya se demostró en la misma torre de Babel: los grupos sociales organizados pueden llegar a límites insospechados.
Dentro de esa confusión se mece un México “militarizado”, donde las fuerzas castrenses hacen las veces de policía. De acuerdo con la Ley de Seguridad Interior, aprobada recientemente, las fuerzas armadas pueden intervenir cuando haya amenazas a la seguridad nacional por falta de colaboración de las entidades o municipios en aras de la seguridad nacional. Lo cual es un tema bastante recurrente, así que… Al mismo tiempo se mece un México bajo la amenaza de que cualquier persona que publique en redes sociales acusaciones contra el gobierno puede ser sancionado con multas o cárcel.
Evidentemente, México es como lo dice el poema de Whitman: contiene multitudes y se contradice. La tarea enorme, si se quiere ver así, es descifrar esas grandes contradicciones, percibir con mirada atenta y responsable el sinnúmero de Méxicos que existen y coadyuvar realmente en el crecimiento de cada uno de ellos. Y si la tarea se nos complica, entonces, cuando se acerque la temporada de Navidad y Reyes Magos, pedir con suma fe que alguien nos haga el favor de que algunos de nuestros sueños se puedan cumplir. Al menos en nuestro imaginario no nos han fallado nunca. De ahí nuestra risa y burla de nosotros mismos.
Necesitamos reflexionar, tener en cuenta qué han hecho los que participan en beneficio nuestro y, en una egoísta decisión, sólo votar por los que nos hayan dado algo y no por tanto farsante que sólo se ha servido de nosotros los ciudadanos. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin