En verdad, al parecer la autoridad no se da cuenta del hartazgo en que se encuentra la sociedad; todo está mal y es impresionante que, a pesar de que vivimos en el siglo XXI, las cosas estén tan complicadas para los morelenses.
En Cuernavaca la suciedad nos come, el servicio de limpia aparentemente hace su trabajo, pero la mugre nos invade y va ganando terreno día a día; nada más hay que caminar por nuestras calles y ver cómo actúan los automovilistas, que por las ventanas de los autos y los camiones sale disparada la basura hacia la calle.
Los botes de desperdicios en los lugares públicos brillan por su ausencia y hay esquinas como la de Lerdo de Tejada y Comonfort en pleno centro, que se han convertido en tiraderos de basura; y cuando la acaban de recoger se encuentran muy sucias las banquetas con esa capa negra que deja la basura y que, como pegote, se impregna en los zapatos de los que circulan por la calle.
Y así en muchísimas esquinas, ya que al no existir contenedores, la gente sólo amontona la basura en la calle; este es sólo un ejemplo, pero la verdad es que trasladarse de un lado a otro de la ciudad, como del trabajo a la casa o viceversa, es un verdadero problema.
Si tomas el pésimo trasporte público de la ciudad te arriesgas a que te asalten o a que te atropellen los operadores que manejan los vehículos colectivos, pues no tienen límite y no les importa nada más que cumplir con su horario y, si se te ocurre sacar tu propio vehículo, la verdad es que manejar en la ciudad resulta verdaderamente toda una aventura escalofriante; la vialidad está cada vez más grave.
Pero, eso sí, pagamos dos secretarías de vialidad, la estatal y la municipal, y las dos sirven lo mismo que la carabina de Ambrosio; el circular en la ciudad es verdaderamente pesado. Y peor si vas al centro debido a la “inteligente decisión” de cerrar toda la calle de Guerrero, pues en el tapón en que se convierten las calles alrededor del Zócalo, fácilmente se pierden de 40 minutos a una hora por cuadra. Pero todavía lo presumen porque gobiernan a base de ocurrencias y si cierran una calle deberían buscar la solución pensando en los que les pagamos, que somos los ciudadanos, no nada más inaugurar porque “queda bonito”. Lo importante de una ciudad es que sea funcional, como las personas.
Si a ello le agregamos la inseguridad, vemos que en el fin de semana pasado hubo ocho asesinatos en dos días; algo que ya tiene harta a la ciudadanía. La verdad es que nos dan cifras oficiales muy elegantes, pero cuando no te roban, te asaltan en el camión, en los negocios o en la calle. ¿A cuántos conocemos que les han robado el carro en el último mes? Al menos conozco a seis personas, y si a esto le seguimos agregando los altos costos del agua, luz, los malos servicios municipales y las tonterías de los políticos que nos cierran la circulación con cualquier pretexto, la cosa es realmente desesperante.
¿Quién es el “brillante urbanista” que decidió que la nueva sede del Congreso esté frente al centro comercial más importante de la ciudad y al centro de distribución de las rutas en la ciudad?, para que, cuando gente enojada tome el Congreso, se paralice todo.
No cabe duda que tiene razón una amiga que mandó un meme sobre la muerte del sentido común, porque -de no ser por negocio para alguien- no entiendo la razón de la ubicación de una sede que normalmente es conflictiva y que, además, cada inicio de periodo de sesiones dos veces al año, o en el informe del ejecutivo o alguna celebración importante, se cierran las calles aledañas al Congreso; así que paralizarán la ciudad.
Y además ahora tendrán en la esquina el Museo Juan Soriano, para que sea peor el tránsito en la zona; en verdad no entiendo porqué no tienen a alguien que les haga algo de planeación estratégica integral, para que las cosas no se hagan sin ver el futuro o sus consecuencias. Nadie está en contra de que hagan obras, pero que éstas estén hechas pensando en la repercusión y el funcionamiento de las mismas. Es bueno que  hagan obras y todos lo aplaudimos, pero -por favor- usando el cerebro. Úsenlo, para eso es. ¿No cree usted?  
AMIGOS DE LA MÚSICA invita a la ópera Rusalka, del compositor checo Antonín Dvořák, con una nueva producción, el 25 de febrero a las 12:00 a. m., en el Auditorio del IMTA, en pantalla gigante con subtítulos en español, en vivo desde el MET de Nueva York. No se lo pierda y ahí nos vemos.

Por: Teodoro Lavín León / [email protected]   Twitter: @teolavin