Verdaderamente es una vergüenza lo que sucede con el elegante y famoso Centro Cultural Teopanzolco, pues ahora resulta que está tan mal hecho que cada vez que ocurre ahí algún evento, la capacidad del drenaje no es suficiente y todo lo que sobra sale a la calle que colinda con la colonia de la estación del ferrocarril.
La semana pasada, reunido con algunas habitantes de La Estación, me llevaron a ver las salidas por las que el agua con olor a drenaje sale cada vez que hay función e inunda la calle, donde se acumula y de ahí baja por uno de los callejones hasta la calle que ahora pavimentada fue la vía del tren durante muchos años; son los testimonios de varias familias que tienen que encerrar a sus hijos para que no salgan a jugar en la vía pública, con riesgo de que les den enfermedades infecciosas.
Los habitantes de dicha colonia están verdaderamente molestos porque el agua sucia y apestosa llena sus calles, y a pesar de sus protestas ante las autoridades, éstas fingen demencia y no entienden qué es lo que pasa.
Ni salubridad ni la Secretaría de Salud ni el Gobierno del Estado ni el Ayuntamiento les hacen caso a lo que han denunciado varias veces. Tengo en mi poder los oficios firmados por la comunidad, pero nadie les hace caso; como son pobres -como ellos mismos dicen- sólo les interesan a las autoridades sus votos en época de elecciones, para otra cosa no los toman en cuenta.
Es imposible creer que un auditorio con los millones que costó, con la fama de su constructor -que supuestamente ha ganado premios internacionales- no haya calculado el drenaje del lugar. O quizás el proyecto esté bien hecho, pero quien lo construyó, como es costumbre por “hacer un ahorro” para repartirlo arriba no cambió el sistema de drenaje del lugar. Las salidas del agua sucia están a la vista de todos y nada más hay que darse una vuelta el día de evento y que haya demasiadas gentes, para ver lo que sucede.
La verdad es que la construcción es bella, pero nada práctica, la gran cantidad de escaleras sin pasamanos les dificultan bastante a los ciudadanos de la tercera edad el subir y bajar para llegar al lobby del teatro; hay escaleras por todos lados; se maneja de pésima manera la taquilla que es verdaderamente un sistema más viejo que la cuaresma, pues es lentísimo; cada vez que hay un espectáculo podemos constatar las colas de ciudadanos que con cara de aburridos están esperando poder comprar un boleto. Eso sí, el exceso de empleados que se pasan de atentos y con complejo de policías quieren darte instrucciones porque nunca dejan entrar a nadie antes de quince minutos para que empiece la función… bueno, a la hora que está programado que empiece la función, porque siempre inician tarde y es por ellos que, además de pasearse sin importarles el o los artistas, se pasean toda la función en un movimiento constante de importantitis.
Otro gran defecto es el estacionamiento, al que hay que llegar a través de una pirámide prehispánica moderna, donde se pueden ver en la salida de los espectáculos colas hasta de hora y media, porque el valet parking es pésimo; y si a ello le aunamos que los asistentes somos bastante mal educados, y no vamos y tomamos el carro personalmente y salimos, permitiendo que todos puedan salir más rápido, el caos es verdaderamente grande.
Además, no quieren entender que en cuanto da inicio un espectáculo no deben permitir la entrada de nadie, pues se interrumpe el mismo. Roxana los puso en su lugar y dijo que se iría si volvía a abrirse la puerta de entrada, pero ni así entienden. Si alguien llega tarde, debe esperar hasta que exista un descanso o intermedio. Además, tienen la mala costumbre de ahorrar y no dar programas de mano, lo que hace que mucha gente que va a un espectáculo no sepa ni lo que está oyendo o viendo.
La falta de puntualidad en el inicio de los espectáculos permite que la gente, o sea los asistentes, sepan ya que pueden llegar tarde; además de que, si ya empezó la función, los dejan entrar, agudizado todo ello por el mal funcionamiento de la taquilla y la lentitud del valet parking hace que sea un desorden. Los espectáculos en tan bello lugar, tienen una pésima acústica, pero es lo “moderno y decente”.
Legalmente, el auditorio debe pertenecer al Ayuntamiento, pues fue una donación al mismo del ingeniero Estrada  (q.e.p.d.), gracias a la intervención del ing. Juan Dubernard Chauvet (q.e.p.d.), quien fue el autor de ese espacio. Ahora es muy bello, pero no es justo que, con pretexto de un nuevo lugar, llenemos a los habitantes de la estación de aguas negras porque, al parecer, el constructor hizo negocio. Esas personas deberían de ser beneficiados y no por el contrario las víctimas. Las construcciones del gobierno sólo son para una elite, al parecer. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected]