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La historia y la lógica convergen en el punto en que los integrantes de los partidos políticos son actores cuya principal característica es la belicosidad. En su lucha diaria por conservar o conseguir  el  poder  tienen duros enfrentamientos que, en ocasiones, son tan irracionales que sus decisiones para ganar hacen que se vean como personas inmaduras. Pueden ser los peores enemigos, pero a la hora de las contiendas electorales son capaces de olvidar las afrentas e iniciar un amoroso coloquio político y cuando algún correligionario se va a otro partido puede desatar grandes tempestades, tal como ocurre en las relaciones amorosas, tal como está ocurriendo en Veracruz, donde el gobernador electo, Miguel Angel Yunes, ahora panista, quiere aniquilar a su ex compañero de partido, Javier Duarte. Si las acusaciones por corrupción y otros “defectillos” que ambos se hacen son ciertas los veracruzanos tendrán que pasarse otros seis años violentos, con problemas económicos, desempleo, etc., etc., porque si los dos personajes en cuestión se enfrentaran en una elección, la verdad, ni a cuál irle. El respeto no existe en el vocabulario político, es sustituido por la palabra conveniencia. La política debe  ejercerse de manera profesional, ética, y no puede ser porque muchos políticos sólo tienen la educación básica, otros dicen tener estudios universitarios y no cuentan con título alguno. En el camino hacia el poder es común ver como los discursos y las acciones se contradicen llevándose entre las patas objetivos sociales para concretar los que los favorecen de manera individual. ¿Cuántos políticos estarían en prisión si la contradicción y la incoherencia fueran delitos? Debido a la incoherencia y a los malos cálculos políticos hay partidos y políticos cuyas acciones  contradicen sus plataformas, dando un ejemplo que, en estos tiempos de inseguridad, enrarecen la estabilidad del país. Cuando un país cae en la mediocridad es porque la política que  impera es  un mal no un bien. La competencia electoral impulsa alianzas de partidos totalmente opuestos, desafiando  a la lógica, poniendo barreras para crear condiciones que hagan posible reformas en las que las responsabilidades y capacidades gubernamentales no se vuelvan candados que bloquean o producen únicamente mediocridad. El PAN y el PRD han formado alianzas cuyo objetivo es derrotar al PRI en elecciones municipales o estatales, esto trajo como consecuencia que el tricolor se sienta dolido y trate de desquitarse no dándole importancia a los puntos que interesan a algunos actores sobre la reforma política. Claro que a estas alturas del partido la ocupación principal de todos los partidos políticos son las elecciones, por ello las preferencias y objetivos están siendo ordenados nuevamente; aunque al dejar atrás temas importantes de la agenda polìtica dan la impresión de que no saben lo que quieren, al final de cada trienio o sexenio el único objetivo es ganar las elecciones cueste lo que cueste, llevando como slogan que en el amor y en la guerra todo se vale. Se vale pasarse de un partido a otro, ignorar a las bases y tomar decisiones a nivel dirigentes. Se vale no apoyar al candidato presidencial de sus partidos y ocuparse únicamente del poder local (chamba, hueso, etc.), hacer promesas que nunca se cumplirán y usar nuevamente la necesidad del pueblo para conseguir votos que les permitirán colocarse en ese diez por ciento de los mexicanos que viven sin problemas económicos. Los partidos se preparan para las elecciones  del 2018. Se preparan las alianzas, se funden y confunden los colores de los partidos. Todos prometerán lo mismo, surgirán las descalificaciones, saldrán los trapitos al sol, las corruptelas, los desvíos de recursos, repartirán camisetas, que se convierten en las pijamas del pueblo, repartirán despensas, las calles se cubrirán de propaganda que, literalmente,  representará toneladas de basura.  Seguridad y empleo, como siempre, serán las cartas fuertes de los discursos y los ciudadanos nuevamente esperanzados, esperando al bueno de la historia… y la rueda seguirá girando siempre en el mismo sentido, a favor de quienes viven del erario, de quienes siempre tienen empleos bien pagados, de quienes viven tranquilos en este país tan violento porque, ya sea con dinero de las prebendas o del presupuesto, tienen para pagar escoltas para ellos y sus familias. Sus lujosas residencias no son asaltadas porque tienen cámaras de vigilancia y guardias de seguridad. Sus hijos no se quedarán sin clases si los maestros continúan oponiéndose a la reforma educativa, porque asisten a costosísimos colegios privados. No tendrán que sentarse por cinco o seis horas para recibir el milagroso paracetamol que todo lo cura. Dicen que cada quien habla de cómo le va en la feria; los políticos aseguran que han disminuido los secuestros, las extorsiones, los robos, los feminicidios, la violencia, porque esos flagelos sociales no los tocan. Su única preocupación y ocupación son conservar el poder.

Vivencias Ciudadanas
Teodoro Lavín León
[email protected] / Twitter: @teolavin