Hoy cedo este espacio a un texto de mi querida maestra la Dra. Araceli Barbosa S., extraordinaria académica de la UAEM. Aquí está para ustedes:
Con motivo del cambio de rectorado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos que ha dado inicio con la participación de los aspirantes para integrar la terna en la elección del periodo 2018-2024, se han dado a conocer sus nombres: Dr. Gerardo Gama Hernández, Dr. Iván Martínez-Duncker Ramírez, Dr. J. Rolando Ramírez Rodríguez, Mtro. Rubén Toledo Orihuela, Dr. Gustavo Urquiza Beltrán, Dr. José Díaz, Dr. Óscar Dorado, Dra. Laura Patricia Ceballos Giles y la Dra. Lorena Noyola Piña. Figuran siete hombres y dos mujeres.
Lo interesante en esta elección será testimoniar si después de 64 años, desde su creación en 1953, la dirección de la universidad que ha sido ejercida por varones podrá acceder a una alternancia de mando asumida por una mujer. ¿Podrán estas dos osadas féminas romper al fin el odioso “techo de cristal” y lograr un cambio de dirección en esta institución educativa de nivel superlativo? ¿Están dadas las condiciones históricas dentro de la máxima casa de estudios para posibilitar la transición que demanda la modernidad en cuanto a la participación femenina en puestos de alto nivel?
Ante estas interrogantes, se precisa dimensionar la relevancia que cobra este hecho, ya que sienta un precedente histórico para evaluar hasta qué punto se puede ser congruente con los ideales que exalta la educación superior en la formación de recursos humanos capaces de transformar las estructuras tradicionales de poder y de género para acceder a la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos de la sociedad.
Frente a este escenario se impone el esclarecimiento de dos términos que resultan clave para poder evaluar la significación que adquiere la participación femenina en las diversas esferas del quehacer político, social, cultural, económico, científico, etcétera. Los conceptos en cuestión son género y sustentabilidad, ambos referidos con bastante frecuencia en los medios de comunicación masiva. Así por ejemplo, se repite una y otra vez que es necesario activar políticas públicas con perspectiva de género que generen la igualdad social; o bien que los efectos del calentamiento global son el resultado de la falta de acciones encaminadas a generar la sustentabilidad del medio. Sin embargo, dada su utilización reduccionista y simplificante por parte de políticos y demagogos cuya retórica pretende ser “políticamente correcta”, su trascendental repercusión social se ha diluido, banalizado y transformado en muletilla que en este lenguaje subordina la participación femenina a mero relleno de las cuotas de género. Mientras que la sustentabilidad queda supeditada a una visión conservacionista del medio deslindada de su función social. Por tanto, resulta imperativo enfatizar que tanto el concepto de género como el de sustentabilidad devienen concomitantes ya que ambos promueven el cambio de paradigma cultural que posibilite la edificación de valores pro-ambientales y de género para acceder a la sustentabilidad socioambiental.
Desde la perspectiva de género, la sustentabilidad involucra la visión biosocial de la sustentabilidad. De ahí que las políticas de género y las ambientales transiten en la misma dirección. Si la sustentabilidad ambiental promueve el uso racional de los recursos naturales con el fin de mitigar el deterioro de los ecosistemas en beneficio de mujeres y hombres, la sustentabilidad social remite a la edificación de relaciones de género igualitarias para transitar a la sustentabilidad sin más.
Conforme a estas premisas se requiere superar la retórica demagógica de la falsa inclusión de género y la cultura de la simulación para asumir los retos que plantea la compleja realidad político social del país mediante la praxis de valores representativos de la sustentabilidad socioambiental.
En síntesis, imaginar la equitativa participación femenina en puestos de alto mando haría pensar en los progresistas valores de género de una sociedad democrática que posibilita el empoderamiento de las mujeres para que ejerzan nuevas formas de gobernar en el mundo.
Hasta aquí el texto de la Doctora Barbosa, una verdadera académica a la altura de los nuevos tiempos. ¿No cree usted?
+ La categoría de género refiere a la construcción cultural de la diferencia sexual, a la forma en que son definidas las identidades subjetivas de las mujeres y los hombres, de la feminidad y la masculinidad. También designa las relaciones sociales entre los sexos. Joan Scott, Género e historia, México, FCE, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008. ii El concepto de sustentabilidad alude a la necesidad de hacer un uso racional de los recursos. En el “Informe Nuestro Futuro Común” emitido por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y el Desarrollo de 1987, se definió como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected]   Twitter: @teolavin

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