compartir en:

Me desperté con una terrible noticia, no sólo para mí ni para los que lo queríamos, sino para todos los morelenses y los mexicanos, falleció el creador de Floraplan: Hans Doster, un alemán que fue más mexicano que muchos de nosotros, ya que amó a México como se debe amar a un país, con compromiso, con sus actos y sus acciones.
Hans llegó a México de visita turística hace ya muchos años y conoció por azares del destino a la que ha sido su esposa y compañera de lucha y de trabajo, Lourdes Gómez, mi querida Lulú, a la que, por ser en Cuernavaca de madrugada, no le llamé, pero a quien quiero entrañablemente.
Hans se enamoró y, sin un peso en la bolsa, se quedó en México, buscó trabajo con sus compatriotas alemanes e inició la venta de refacciones de automóviles con el apoyo de su Lulú, como él decía, que siempre como una verdadera compañera estuvo con él; así llegó a vender las refacciones de todos los carros Mercedes Benz en el país, trabajando para esa compañía en la que escaló rápidamente por su seriedad, inteligencia y arduo trabajo. Y un día compraron una pequeña casa en Chiconcuac y empezaron a sembrar flores, a Hans y a Lulú les encantó la idea y más tarde compraron el predio en Tetecalita, que es la central de la empresa más importante de producción de flores y esquejes de América Latina. Ahí, con sus propias manos, trabajando cada fin de semana  se pusieron los dos a restaurar la barranca que estaba abandonada y lograr hacer uno de los jardines más hermosos de la localidad; así, vendiendo esquejes a Europa, empezaron a crecer. Él siempre fue un hombre no sólo trabajador en exceso, sino serio y formal para su trabajo, pero con corazón de oro…  mismo que le falló en estos últimos días.
Hans y Lulú, siempre juntos, iniciaron el trabajo en Tetecalita y apoyando a cada uno de los pobladores de la región se convirtieron en sus verdaderos amigos; les ayudaron, les apoyaron para que vivieran mejor, les dieron clases de todo lo que pudieron para mejorar sus vidas y ahí vivieron muchos años en medio del vivero, en el que por igual los dos trabajaron, codo con codo. Lulú siempre en la administración y Hans, con esa inteligencia suya para los negocios, revisando cada una de las acciones y planeando las siguientes.
Es uno de los pocos casos de patrones y empleados donde el cariño entre ellos es real y efectivo. Los Doster, como todos los conocen, ayudaron no sólo a los trabajadores, sino a  sus hijos y sus viejos a vivir mejor; a muchos de ellos los prepararon administrativa y técnicamente para que ganaran mejor y salieran adelante; su vida siempre ha sido el trabajo y el apoyo a los que menos tienen y la verdad es que son de los empresarios que más que nada se convierten en parientes de los trabajadores.
La vida les dio muchas oportunidades y siempre las ocuparon para servir a los demás, para procurar tener un medio ambiente mejor y siempre pensando en México.
Son de los pocos empresarios mexicanos que nunca sacaron su dinero del país, hubiera la crisis que hubiera, siempre reinvirtiéndolo para dar un mayor empleo a los demás.
En verdad, Hans fue un hombre, además de profundamente inteligente y serio, excelente amigo y con una sensibilidad fuera de serie. Su amor por Lulú, las plantas y los seres humanos era impresionante, además de su sencillez.
Tuve la oportunidad de platicar muchas horas con ellos dos, el siempre agudo humor de Hans me hizo reír muchas veces, y también algunas veces nadamos en la alberca de Tetecalita, donde disfrutaba de esa hermosa casa, la que Lulú cuida como tacita de plata, donde pasamos muchas fiestas: la última, el día del cumpleaños de Hans.
Hoy estoy profundamente triste, un gran amigo se ha ido. Es la ley de la vida,  pero su recuerdo nos acompañará hasta que lo acompañemos de aquel lado de la línea de la vida; sus actos es este mundo lo hicieron no sólo singular, sino un verdadero ser humano preocupado por los demás, por Morelos y por este país que lo acogió con mucho cariño. Fue de pocas palabras, pero los problemas sociales lo hacían conmoverse y el último día que estuve con él en su departamento, hace más o menos dos meses, me preguntaba por la situación y como veía yo el desarrollo de nuestra ciudad, por la que siempre estuvo preocupado.
A mi querida Lulú, mi amiga a la que quiero tanto, le mando el más fuerte y solidario de los abrazos fraternos, esperando pronto poder compartir con ella ese dolor que es nuestro; sé que sus hermanas están con ella, lo que me da mucho gusto, pero también sé del profundo amor que le ha tenido a Hans desde siempre. Mi más sentido pésame y apoyo solidario. Adiós, Hans, nunca te olvidaremos los morelenses y te agradecemos todo lo que hiciste por nosotros y por nuestro país. Descansa en paz.

Por: Teodoro Lavín León  /  [email protected]