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Ya cumplió 20 años la reforma constitucional que creó las instituciones electorales ciudadanas en los estados del país, con la modificación del artículo 41 de la Constitución General de la República en su fracción F, en la cual se mandata que en cada entidad federativa se debe crear un instituto electoral autónomo de la administración local y dirigido por ciudadanos; al mismo tiempo la reforma cambiaba el nombre de los consejeros electorales federales y los llamaba consejeros ciudadanos.
Tengo que decirle, mi querido lector, que tuve la suerte de ser invitado a participar en la creación del Instituto Estatal Electoral junto con otros cuatro ciudadanos: Rafael Laue, Clara Elena Pérez Santana, Humberto Valverde Prado y José Luis Rodríguez, quienes formamos el primer Consejo Estatal Electoral e iniciamos la tarea en las instalaciones de la vieja Comisión Electoral del Estado. Nos eligió el Congreso del Estado el 29 de noviembre de 1996 y tomamos posesión el 1º de diciembre del mismo año, pues la elección intermedia, de acuerdo con la constitución local, debería llevarse a cabo el 16 de marzo del año siguiente. Como usted se podrá imaginar llamamos al Consejo Estatal Electoral, que tomó posesión ese día, y trabajamos de día y de noche para lograr sacar la primera elección manejada por ciudadanos en la historia del estado; y sobre todo con una organización autónoma como era el Instituto Estatal Electoral.
Las dificultades fueron muchas, desde luego; la infraestructura de la vieja casa de la abuela de mis amigos los Esponda, que es la actual sede de la institución, no tenía las características adecuadas para su funcionamiento, así que conforme fue pasando el tiempo tuvimos que ir adaptando las instalaciones a las necesidades propias del proceso. Ahí me acompañaron como secretario ejecutivo el Lic. Mauricio Alain Orihuela Flores y como directores la Lic. Ma. del Carmen González Muñoz como directora de Capacitación; la Lic. Rosa María Villanueva como directora de Organización y el C.P. Julio Vilchis como director de Administración. La verdad es que hacía falta todo, ya que el día de la toma de posesión teníamos una sola computadora y el salón para poder reunir el Consejo se encontraba dividido en dos, pues se había utilizado como sede de la comisión municipal; así, con sillas improvisadas y tablones con paños, logramos formar un pequeño salón que en un principio no tenía más de diez sillas para el público, ya que la ley mandataba que las sesiones del Consejo fueran públicas a pesar de las resistencias gubernamentales -naturales en cada gobierno por invertirle a una institución que no se inauguraba-, pero logramos poco a poco y con ayuda de la Secretaría de Gobernación que se nos dieran los recursos económicos y los recursos materiales para su funcionamiento. El primero de los atorones fue cuando el Gobierno del Estado quiso entrometerse en la administración de la institución a través del director de Administración de la Secretaría de Gobierno, al que mandamos lejos y no le permitimos participar. La verdad es que el equipo que se formó permitió a la institución mantener su independencia, dado que en ese momento, y de acuerdo con la ley, no dependíamos del Poder Ejecutivo para nuestro presupuesto, sino del Congreso del Estado, el cual agregaba el nuestro al del Ejecutivo, lo que nos daba una independencia, si no total, como debería de ser, sí un porcentaje del presupuesto del estado y una libertad mucho más cómoda que los miembros del consejo mantuvimos manejando una relación muy oficial con el Poder Ejecutivo del Estado, que a pesar de que en un principio nos levantó la canasta al cortarnos en pleno proceso el 22 de diciembre las entregas de recursos, pudimos solventar gracias a que los medios de comunicación en ese momento lo dieron a conocer y la Secretaría de Gobernación intervino y obligó al Ejecutivo a darnos los recursos necesarios para continuar.
El trabajo fue muy duro, y siempre en mesas de negociaciones con los representantes de los partidos políticos, pudimos ir armando sobre las rodillas el proceso. Faltaba experiencia a la mayoría; con excepción del secretario general que había sido vocal de organización del IFE en la Junta Distrital; de la consejera Pérez Santana, que había sido consejera en el primer distrito del IFE y de su servidor, que venía de ser vocal ejecutivo, no había experiencia en los miembros de la administración. Así, con la ayuda y consenso de los consejeros electorales y los partidos políticos, con un grupo de profesionales -que si bien no tenían experiencia dieron 24 horas diarias a la organización- y desde luego a más de tres mil ciudadanos que participaron con su trabajo y su honradez –los que fueron seleccionados por su calificación después de los cursos de preparación en los consejos municipales, distritales y en las mesas directivas de casillas- sacamos la primera elección democrática en nuestro estado, donde la alternancia se dio en Cuernavaca y 15 municipios más del estado: dos para el PAN, 13 para el PRD, uno para el Partido Civilista Morelense y los otros 17 para el PRI. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin