Como podemos ver, en la función pública la escena original de la moralidad es el ámbito del frente a frente de la sociedad, íntima del grupo moral; la cuna y el hogar del yo moral es algo que no han entendido nuestros gobernantes porque, con su manera de gobernar de manera heterónoma no permiten de ninguna manera que -a pesar de vivir en una posmodernidad- sigan viviendo en una modernidad del siglo XIX, debido a que no entienden o fingen no hacerlo, ya que es aquí donde comienza la moralidad, pues no tienen otro principio y cualesquiera otras pretensiones de paternidad son presuntuosas o fraudulentas. El yo y el otro no necesitan razón ni conocimiento como argumento de convicción.
El grupo moral es una pareja un par de elementos; sólo yo con mi responsabilidad y mi cariño con la orden que me ordena a mí, y solo a mí, y el rostro que dispara todo ello.
El problema es gobernar un pueblo que se forma en sociedad y la sociedad se inicia con la aparición del tercero, se acaba el yo y el otro. El tercero es el otro pero no el otro que encontramos en la escena original; la otredad del tercero corresponde a un orden totalmente diferente. El otro -o el tercero- puede encontrarse cuando abandonamos el ámbito de lo propiamente moral para entrar en el mundo del orden social gobernado por la justicia.
La importancia sociológica del tercer elemento: Simmel redujo el papel único seminal del tercero; el tercero se encuentra a tal distancia de los otros dos que no existe una interacción sociológica propiamente dicha que le concierna a los tres elementos  por igual. Ya que el tercero con relación del otro tienen una pérdida de la proximidad. Por ello, el tercero puede definir los criterios objetivos de intereses y ventajas.
Así, la asimetría de la relación moral casi desaparece y ahora los compañeros son iguales, intercambiables y sustituibles. Cosa que si entendieran los gobernantes estarían en perfecta comunión con la ciudadanía, que viene a ser el tercero, pero siguen viviendo, en una época posmoderna, una aplicación del poder heterónoma clásica de la modernidad.
Ese  tercero –el ciudadano-  es tan diferente al otro -el gobernante- como la distancia de la proximidad, por lo que Simmel llamó la importancia sociológica del tercer elemento; el tercero se encuentra tan distante de los otros dos que no existe una interacción sociológica.
Por lo que ahora éste pude definir los criterios objetivos de intereses y ventajas, siendo juez y árbitro, y así la relación moral casi desaparece.
La razón enemiga de la pasión debe entrar cambiando el esquema, ya que ahora se trata de mi vida y la vida de muchos. Lo que trae como consecuencia que la anterior certeza sobre la moral ahora se convierta en la ansiedad de la incertidumbre, por lo que debo confiar en las máscaras –que todos usamos-, ya que no hay otro camino dentro de la sociedad en que vivimos con un gobierno moderno.
Lo que nos trae como resultado que confiamos, pero a la vez desconfiamos, por lo que necesitamos ayuda y ésta vendrá de la sociedad. Toulmin escribió sobre la ética de los extraños, que es diferente a la ética moderna, donde las reglas son todo, y la ética de la intimidad, donde la discreción es todo y la relevancia de las reglas es mínima.
Existen dos modelos para la interrelación humana yuxtapuestos y alternados que nos presenta Torner:
El primero es que la sociedad, en tanto sistema estructurado, diferenciado y a menudo jerárquico de posiciones políticas legales y económicas con diferentes tipos de evaluación, separa a los hombres en términos de más o menos.
El segundo: la sociedad como communita no estructurada, o tan sólo rudimentariamente estructurada y relativamente indiferenciada, una comunidad o incluso comunión de individuos  iguales que se someten a la autoridad general de los ancianos encargados de los ritos.
Por ello, Turner propone hablar de los Societas y los communitas.
Los Societas se caracterizan por su heterogeneidad, desigualdad y  diferenciación de estatus, por ser un sistema de nomenclatura.
Los Communitas están marcados por la homogeneidad, la igualdad, la ausencia de estatus y el anonimato.
Por lo que alternativamente los Societas moldean y solidifican lo que al interior  de las communitas es líquido y carece de forma. Así, Turner explica su presencia abierta y encubierta de las dos condiciones de manera funcional: la breve escala de cambios de estatus en la communitas entre dos lapsos de residencia estable en la Societas.
Y nos explica el porqué de lo que vivimos diariamente, ya que para que una sociedad como la nuestra funcione será necesario que los individuos -léase gobernantes- necesitan entender que su papel es el de humillarse para elevarse; despojarse de la parafernalia en la que viven  y  que anteriormente usaban, vinculada con el estatus, para vestir otra diferente; debido a esta necesidad, dictada principalmente por lo prerrequisitos de reproducción sistemática, la presencia conjunta de los dos estados se vuelve funcionalmente indispensable.
¿Entenderán?, no creo. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin