Si a uno que nació aquí no le sería fácil gobernar, tenemos que ser conscientes de lo que podemos hacer y de lo que no harán otros por nuestro bienestar. Yo conozco cada rincón de Cuernavaca, cada colonia y poblado, su historia y su gente, la he recorrido, desde niño, jugaba en sus calles, corría en sus parques y nadaba en sus ríos. Conozco a las familias. Y hoy veo con tristeza lo que se ha hecho con nuestra ciudad; sin embargo, aún estamos a tiempo de cambiar las cosas, de mejorar y tener una ciudad del primer mundo, con servicios públicos e infraestructura urbana, autentica seguridad y equipamiento policial, con fuentes de empleo y, principalmente, con paz social.
Desde mi punto de vista, ya basta de impunidad y violencia innecesaria; basta de políticos desarraigados que ponen en riesgo las tradiciones, usos y costumbres de nuestros pueblos; basta de buscar culpables; rescatemos nuestros valores e iniciemos una revolución cultural e intelectual, desde donde sacudamos la pereza y la apatía. Junto con nuestras familias, luchemos por un gobierno que permita una cultura de la vida, del trabajo, de la comunicación y del respeto, que permitan un compromiso social basado en una cultura de paz, en donde escuchemos la voz de los niños, de los ancianos, de las mujeres, de los jóvenes, así como de toda la sociedad en su conjunto, porque si no los escuchamos estamos condenados a fracasar.
La experiencia nos dice lo que han hecho mal no sólo ahora, sino desde hace muchos años, y Morelos, siendo un estado pequeño con gran cantidad de recursos; con un clima maravilloso en donde puedes encontrar lo que te guste; donde contamos con agua de sobra en hermosos balnearios y lugares de ensueño, donde poder disfrutar de la vida, está cada día peor; vive una galopante inseguridad la capital, Cuernavaca, que está en manos de la delincuencia que le “cobra piso” hasta a los modestos negocios de las colonias populares.
¿Cuándo se había visto esto?, es increíble que frieguen a los más pobres, mientras los poderosos -con carros blindados comprados con nuestros impuestos- disfrutan de la vida; de eso ya estamos cansados y debemos de participar todos para lograr trasformar la ciudad.
Necesitamos formar un equipo, ser una verdadera familia que trabaje a favor de ella misma; sentir a la ciudad como una extensión de nuestra casa, para que no la ensuciemos y la cuidemos de la mejor manera.
Podemos seguir criticando mucho a las actuales y a las pasadas administraciones sin hacer nada, pero hay que tomarlo como experiencia y no hay que vivir solo censurando; hay que formar una sola fuerza de trabajo y sacar adelante a nuestra ciudad.
Tenemos que hacerlo juntos, nadie puede solo, por eso fracasan, por eso han fracasado, porque a pesar de su publicidad saben que han fracasado y no los quiere ni su familia, y ya empiezan a abandonar el barco, se empiezan a ir los incondicionales porque saben que más vale correr que ser aprehendido.
La situación es terrible, los problemas de amontonan poco a poco y cada día más inseguridad, malos servicios municipales, basura, una ciudad mugrosa y con una pésima vialidad, sin iluminación pública y con una ciudadanía que no participa porque no la dejan.
Tenemos que romper ese círculo y participar, ser nosotros mismos los que solucionemos nuestros problemas, ser nosotros mismos los que saquemos adelante a esta ciudad que se encuentra endeudada, pesimamente mal administrada, con todo tipo de problemas, con cinco sindicatos que no se ponen de acuerdo y con una cantidad de empleados mal pagados; con una mafia en tránsito, donde las “tamarindas” te quitan la placa en cualquier momento, pero no son capaces de levantar una infracción al camionero, taxista o rutero que se atraviesa a media calle, que recoge pasaje donde se le da la gana sin importar que interrumpa el tránsito, o simplemente se para a platicar con su cuate que viene en sentido contrario, interrumpiendo la circulación en la vialidad sin que nadie le diga nada, pero que no se pare un pobre automovilista en una calle cinco minutos, porque le quita la placa esa horda de señoras que no sirve para nada.
Por eso tenemos que cambiar, tenemos que transformar esta ciudad, tenemos que reconocer a las familias que día a día luchan por sobrevivir, que lo hacen trabajando para educar a sus hijos. Pero hace falta mucho, saquemos a nuestros hijos de las calles y formemos mejores seres humanos; al final del día serán ellos quienes en un futuro nos gobiernen y nosotros los responsables de haberlos educado. La esperanza de Cuernavaca somos quienes la amamos y, con una nueva actitud social, vamos a transformarla en una ciudad limpia y productiva, con la cooperación de todos como representantes de una nueva y transparente conciencia social. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected]   Twitter: @teolavin