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La verdad es que el pleito entre el alcalde capitalino y el Congreso del Estado -con presidente del PRD- tiene a la ciudad sumida en una de las peores crisis de la historia, sin que los ciudadanos tengamos nada que ver, pero al final somos los que pagamos los platos rotos.
A pesar de que el Congreso, como lo veremos más adelante, aplicó la revocación de mandato que el mismo Congreso derogó en meses pasados, y que según sus miembros, en un proceso por demás lleno de errores legales en el que se aplicó la ley por conveniencia para cumplir con las instrucciones recibidas de “arriba”, lo que es realmente vergonzante para un cuerpo colegiado y para un poder que supuestamente representa al pueblo de Morelos, declaró el pasado viernes la destitución del cargo del alcalde de Cuernavaca Cuauhtémoc Blanco Bravo, instrucción que no se puede llevar a cabo debido a que la Suprema Corte de Justicia de la Nación recibió los alegatos del futbolista, por lo que la ya conocida revocación de mandato que dictan los apodados legisladores –más bien sería vendidos funcionarios- realizaron violando la ley.
Por su parte, el alcalde dijo: “La justicia y la sociedad están de mi parte”; en la lucha que lleva a cabo, ya que no solo el Congreso se ha puesto en su contra, sino también un grupo de regidores “maiceados” (que reciben dinero) por el presidente del Sol Azteca. El alcalde dijo que se defenderá hasta el final y que él sólo se debe a los ciudadanos.
Más adelante, y después de un fin de semana realmente difícil, donde se aprobó la revocación de su mandato por parte del Legislativo -pese a no aplicarlo por la protección que goza de la Suprema Corte de Justicia de la Nación- y de la notificación de “destitución definitiva” del cargo, así como la rebelión de que fue objeto el sábado por regidores del Ayuntamiento de Cuernavaca que querían destituirlo, el edil afirmó que estas acciones dañan y polarizan a la sociedad; esto, tras haber sido apoyado y respaldado por miles de ciudadanos durante el fin de semana; Cuauhtémoc Blanco dejó en claro que no cederá y se mantendrá firme con el respaldo social y, por ello, defenderá con su máximo esfuerzo y de la mano de la gente la autonomía municipal. Dijo en conferencia de prensa el alcalde de Cuernavaca: “No voy a involucrarme ni participar en su lucha de poder, porque mi único objetivo es velar por los intereses de los ciudadanos. Me he conducido conforme a los principios de legalidad, voy a luchar hasta el final porque Cuernavaca no se merece a estos diputados sinvergüenzas”.
En el juicio que emite acerca de los diputados tiene razón, pero la verdad es que la ciudad está deshecha, descuidada, y nunca había estado tan fea y sucia. Si realmente lo que le interesa somos los cuernavacenses, necesita poner orden en un ayuntamiento donde lo primero que tienen que recuperar es el respeto de sus empleados, o sea los funcionarios, para que éstos cumplan con la ley y se vea su trabajo.
Hay que ver cómo se maneja la movilidad en la ciudad: es un verdadero caos, la seguridad está cada día peor y aparecen muertos todo el tiempo, de tal manera que ya los ciudadanos se acostumbraron a encontrar diariamente más de un muertito en el estado; los camellones están secándose o hechos un asco, como los del Adolfo López Mateos, por ejemplo; la iluminación es verdaderamente mala, por no decir pésima; las calles están la mayoría llenas de hoyos y completamente sucias; el agua no es sólo un robo, es un asalto a la ciudadanía. Y si le seguimos, nunca acabaremos.
Si analizamos el conflicto actual, no es más que la ambición de poder lo que mueve este tipo de actitudes; ya que, a menos de dos años de que se les acabe el hueso a los diputados, la situación ahora es buscar una manera legal -o ilegal- para seguir ostentando el poder que les será muy difícil conseguir en las urnas, ya que la molestia ciudadana es mayúscula; los señores del Congreso, que vayan arreglando sus maletas porque nadie los va a ratificar y, si van de candidatos, ni quien los vaya a pelar, y ya no habrá quien les pague. La verdad que el desprestigio de la política es cada día mayor y los ciudadanos estamos hartos de tanto cinismo, porque a pesar de que saben que son rechazados públicamente, creen que van a poder manipular la próxima elección, lo que no está fácil.
Así que, si de verdad quieren a la ciudad, uno y otros tendrán que demostrarlo. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin