¡Qué vergüenza! El “gran concierto” de la internacional Midori fue un fiasco que molestó hasta al más gobiernista.

Midori es una de las grandes violinistas en el mundo y, supuestamente, daría un concierto de gala en nuestra ciudad, en beneficio de la escuela de música que se instalará en la antigua terminal del ferrocarril, en los patios de la estación.

El Centro Cultural Teopanzolco, de tan elegante nombre en su publicidad, anunció un concierto de la excepcional violinista en su recinto, a realizarse a las ocho de la noche del pasado miércoles 25, aprovechando que ella daría un concierto el jueves 26 en la Ciudad de México.

Llegó el día y muchísimas personas asistimos a escucharla, porque ella es una de las mejores solistas del mundo. Mire usted: La violinista Midori nació en Osaka, Japón, en 1971, empezó a estudiar violín con su madre Setsu Goto. Zubin Mehta la escuchó tocar por primera vez en 1982 y la invitó a debutar con la Filarmónica de Nueva York en su tradicional Concierto de Año Nuevo; desde entonces, Midori se ha convertido en una de las violinistas más importantes de esta generación.

Además de tocar por todo el mundo, en 1992 fundó, en Nueva York, Midori & Friends, una organización sin ánimo de lucro que lleva programas de educación musical a niños en situación económica precaria; también colabora con Music Sharing en Japón y con Partners in Performance en EE.UU.

El Foro Económico Mundial la reconoció por su labor y compromiso con la educación en EE.UU., Europa y Asia. Y en 2007 fue nombrada Mensajera de la Paz por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon.

En su compromiso con el repertorio para violín, Midori ha encargado a lo largo de su carrera varias obras para concierto y para recital. Ha añadido también varias grabaciones a su extensa discografía –un disco con las Sonatas y Partitas de Bach y su próximo lanzamiento del Concierto para violín DoReMi, escrito para Midori por el compositor Peter Eötvös y grabado con la Orquesta Filarmónica de Radio Francia.

En 2014, una grabación de Midori con su interpretación del Concierto para violín de Hindemith, junto a la Orquesta Sinfónica de la NDR bajo la dirección de Christoph Eschenbach, fue galardonado con el Grammy a Mejor Recopilatorio Clásico.

Midori reside en Los Ángeles, donde mantiene su puesto como Distinguida Profesora de Violín y de la cátedra Jascha Heifetz en la Universidad del Sur de California, Thornton School of Music. Toca un violín Guarnerius del Gesú “ex-Huberman” de 1734 y emplea tres arcos, dos de Dominique Peccatte y uno de Paul Siefried.

Como podemos ver, su trayectoria es extraordinaria, además de haber sido considerada en su infancia niña prodigio, lo que nos muestra que es una artista de primera categoría.

El concierto de las ocho de la noche no comenzó a tiempo; la primera llamada para empezar fue a las 20:25 de la noche. Es increíble que demos el espectáculo que damos los morelenses y que, desde luego, tacha a todos los mexicanos. El escenario, en lugar de estar resplandeciente de iluminación, quién sabe a quién se le ocurrió que morado se vería mejor, poniendo sólo un seguidor sobre la violinista y prendiendo luces moradas sobre el público, como si fuera para una cabaretera; pero no sólo eso: empezó tarde en un auditorio en que la acústica es pésima y no se oye. Dio inicio con la primera pieza mientras el ruido de personas entrando tarde a la sala no paró durante las cuatro primeras piezas, lo que debe haber molestado a la artista que, como buena japonesa disciplinada, aguantó callada; no existieron programas de mano y para entrar a la sala sólo se debería poder hacerlo 15 minutos antes.

A Midori, es claro que no le pagaron, la llevaron a Jojutla y a tocar para las víctimas del temblor. Tocó cuando mucho media hora y la gran mayoría del público que la reconoce como una grande le cantó Las Mañanitas, pues era su cumpleaños, pero salió desilusionado y molesto.

Lo mismo sucedió el sábado con Rosana, quien al inicio del concierto que empezó más de media hora tarde, de manera seria -pero supuestamente en broma- dijo que si se volvía ver la luz de que se abrían las puertas, o sea de que entrara más publico mientras cantaba, daría las gracias y se iría; así, en broma, logró que entienda la administración del centro cultural que no debe dejar entrar más gente a medio concierto.

La asistencia bastante buena y la cantante española prendió al público, que -a pesar de que los guardias de la sala pasaban a conminarte a que te sentaras- hizo que todo mundo se pusiera de pie y coreara su gran éxito “A fuego lento”, mientras en medio del público recorría la sala.

Buenos eventos, pero mal organizados y, sobre todo, un concierto -por muy bueno que sea- no puede ser de sólo media hora… Aunque por las groserías se entiende. ¿No cree usted?

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