compartir en:

Para Edgar Assad, con mucho cariño.

1.
Cuernavaca es como un herbario, dicen el fotógrafo Adalberto Ríos Szalay y el biólogo Óscar Dorado, cuando platican sobre la tierra que nos acoge. Para ambos la capital morelense aparece descrita como un centro generador de vida en las crónicas de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo y lo mismo han de haber pensado quienes trajeron la palma real, que recién bajadita del Galeón de Manila, decidió aclimatarse en el Jardín Borda. 
A Bernardo Baitelman, Cuernavaca le gustó para fundar el Jardín Etnobotánico y como además de plantas aquí se cultiva el espíritu, a muchos otros se les ocurrió  cosechar jugosos frutos intelectuales: a Malcolm Lowry “Bajo el volcán”, a Guillermo Bonfill “México profundo” y a Don Alfonso Reyes “Homero en Cuernavaca”.
 Si a lo anterior añadimos la efervescencia que se genera en las tardes de terraza con gente como Edgar Assad, los Iturriaga, Alejandra Atala, Salvador Riestra y Jesús Zavaleta, (entre muchos otros) obtendremos una pintoresca escena que a veces termina en cátedra. Ayer por ejemplo, en casa de mi amiga Susana Campos el docto investigador habanero Alejandro González Acosta nos dejó con la boca abierta cuando platicó sobre el origen tlaxcalteca de la escuela de pintura cuzqueña, la poesía de Góngora y Doña Sor Juana, la de la sabia respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

3.
Pero no crean que en estas reuniones todo son alegres brotes de intelectualidad. La gente viene a Cuernavaca a sembrar ideas y algunas de ellas giran alrededor del desánimo que vivimos por el fin de las utopías, la desconfianza que genera el sistema político que nos gobierna y la nostalgia sobre un pasado que creemos siempre fue mejor. 
En eso pensamos quienes preparamos la muestra colectiva de arte titulada “Sobre el Horizonte de Morelos” (Durango, 7 de septiembre-7 de diciembre): Cuernavaca no es pura bugambilia, Cuernavaca bien puede ofrecerle al mundo ya su una escuela morelense de pintura que incluye complejas cosmovisiones que se complementan entre sí.
La exposición será inaugurada por el Presidente Municipal de Durango, Dr. José Ramón Enríquez y el pianista de talla internacional Claudio Herrera, Director del Instituto de Cultura de la localidad. En la misma se verán trabajos de Claudia Miranda (impresión digital de un bosque que vibra, porque repite detalles de la composición); Larissa Escobedo (representaciones de lo indómito por medio de la figuración de perros de la calle); Isaí Pineda (paisaje multidimensional); Tomás Casademunt (volcán impreso en canvas); Nelva Basáñez (volcán pintado en acrílico que da pie a la invitación); Don Feliciano Mejía (quien decía que veía atrapados a los animales que “sacaba” de los troncos encontrados); Ángel Nova (florero papaluco que es amasijo humano); Flor Molina (figura de barro que es hombre pez); Cisco Jiménez (plato con cara de Coatlicue); Gerardo Camargo (representación simbólica del hacinamiento que se vive en las barrancas de la ciudad); Gabriel Garcilazo (un pollo pelón de mercado que le grita al universo) y Paola Esquivel (cerámica que chorrea pintura rojo sangre).
4.
Uno de los artistas que llevamos a la muestra duranguense es Isaí Pineda, de quien se vio hasta el día de hoy una exposición individual en dos de las salas del Museo de la Ciudad de Cuernavaca (MUCIC). El joven llegó no hace mucho de Oaxaca pensando que se iba a dedicar al grabado, pero de repente se encontró con que más allá de la influencia de sus coterráneos (Rodolfo Morales señaladamente), buscaba su lugar en el mundo mediante la representación de cajas habitables, a las que les creó salidas a la nada y planos superpuestos, proponiéndolos desde diversas perspectivas. 
En algún momento decidió sembrarles varitas esperando verlas germinar y estas rayitas terminaron siendo espinas, clavos, palitos y vellosidades, lo cual le da un aire de sensualidad y erotismo sui generis a su obra, sobre todo si tomamos en cuenta que también pone a flotar unas bocas que al mismo tiempo son vaginas.
Lo que hace Isaí impacta por lo pictórico que se percibe ligero y transparente, cualidades que contrastan con los dibujos que superpone y le vienen de las fantasías propias de los oaxaqueños, pero lo que hay que destacar es que Pineda siempre ofrece lecturas sobre un caos que se organiza. Por ello podemos decir que coincide en su planteamiento sobre la vida en Cuernavaca con los postulados del colectivo Ruina Tropical, cosa que se deja ver en la pieza titulada “El Ave es el único animal que no destruye cuando construye”. 
Su técnica tiene que ver con la gráfica y su estilo es abigarrado; dando por resultado una figuración fantástica que ya es estilo propio. FIN
 

Por María helena Noval

[email protected]