1. El 11 de abril de este año comienzan los mensajes en Twitter que abordan la polémica y hasta el momento bloqueada publicación de la correspondencia sostenida entre la escritora mexicana Rosario Castellanos y el escritor, traductor y académico Raúl Ortiz y Ortíz, quienes este mes de mayo estarían cumpliendo 95 y 86 años respectivamente y cuya entrañable amistad (1961-1974) derivó en el hecho de que él fue el albacea literario de la autora, hasta su muerte en enero del año pasado.
En los breves textos publicados en dicha red social, salidos de las cuentas del editor, catedrático y escritor Ángel G. Cuevas @ngel_4_cuevas (colaborador de Ortiz y Ortiz hasta el final de sus días), Gabriel Guerra Castellanos @gabrielguerrac (hijo de la autora con el filósofo Ricardo Guerra), la sección de Opinión del periódico El Universal @Univ_Opinion, la periodista Angélica Recillas @AngelicaRecillas y la Revista Etcétera @revistaetcetera, se ha defendido el tema de la libertad de expresión, se ha hablado de censura, se ha puesto en duda la validez literaria de las misivas y hasta se ha manejado el vil tema de los exiguos dineros que se perciben por concepto de regalías. Incluso se le ha propuesto al heredero de los Derechos de Autor, Guerra Castellanos, retirar las cartas que le incomodan del volumen listo para su publicación en el Fondo de Cultura Económica, si considera que se violenta la intimidad de su historia familiar, pero hasta el momento no se tiene respuesta favorable al respecto. Por ello se pondrá en circulación, en redes sociales, una carta en la que se pedirá la firma del público y los especialistas en favor de la publicación.
2.El tema desde luego ha dado mucho que pensar a quienes somos admiradoras/es de la obra de Rosario Castellanos, no sólo porque conocemos el volumen titulado “Cartas a Ricardo” (FCE, 1994), un epistolario en el que se muestra la traumática relación amorosa entre ella y su marido, lo cual nos deja ver cómo fue haciendo ella consciencia sobre sus derechos humanos, sino porque en general los historiadores conocemos el valor documental de los llamados textos biográficos, entre los que se encuentran precisamente los epistolarios, las memorias y los diarios, en los que se valoran la familiaridad y cierto control del estilo como categorías estéticas.
¿Cómo conoceríamos el génesis de algunas obras de Vincent Van Gogh y los datos de su trayectoria artística si no fuera por las correspondencia sostenida entre él y su hermano Theo? ¿Cómo sabríamos de la relación amorosa entre Marcel Proust y su enamorado, el músico venezolano Reynaldo Hahn, si no fuera porque éste conservó la cartas del francés? ¿Cómo conoceríamos la obra de Plinio el Joven?
3.Tuve la oportunidad de leer esta semana “Katún”, el prólogo en el que Ortiz y Ortíz da cuenta de la vida de su amiga con elegancia, puntualidad y respeto, al tiempo que nos ayuda a formarnos opinión sobre la obra castellaneana, a la que algunos ven como indigenista o feminista, una obra prolífica que excede cualquier categorización, un cúmulo de textos escritos a pesar de las dificultades de su vida familiar, sus actividades como catedrática, funcionaria y madre de familia de su propio hijo Gabriel y los 2 que su marido había concebido con la pintora Lilia Carrillo.
Y he de decirle, querido lector y lectora, que quedé conmovida por la vehemencia que se lee en el discurso de Ortiz con respecto a la vida y obra de su amiga. Pero sobre todo quedé fascinada porque el epistolario promete mostrarme a una Rosario que no es la sometida y sufrida mujer que me hizo llorar cuando leí “Cartas a Ricardo”, sino a una mujer que al final de sus días se confesaba liberada, realizada como escritora (a pesar del poco tiempo que tenía para ello) y feliz con su trabajo como diplomática.
No he leído las cartas, pero sé que en una de ellas le pide opinión a Emilio Rabasa, su jefe en Relaciones Exteriores sobre “El Eterno Femenino”, obra de teatro cuyo maquinuscrito le envió con Ortíz y Ortíz porque estaba preocupada porque sentía podría lastimar la sensibilidad nacionalista de algunos pacatos (por lo mismo ésta se publicó después de su muerte). Sé que en las cartas habla de sus viajes, de su vida como catedrática en la Universidad de Jerusalén, de cómo era su vida frente al mar y de que trabajaba en una especie de diario en el que narraba no tanto lo que le ocurría, sino lo que se le ocurría. Desafortunadamente el diario está extraviado.
4.Las cartas, cuyos derechos de autor hoy bloqueados por su hijo pasarían a ser de dominio público 100 años después de la muerte de la autora, dan cuenta asimismo de parte de los procesos creativos que la animaban, incluyendo sus gustos y pasiones, porque ambos amigos intercambian opiniones sobre libros, cine y teatro, lo cual le imprime un matiz de texto crítico al inédito libro.
Valga la pena puntualizar que las cartas que ella dirigió al Lic. Ortíz desde EUA e Israel se conservaron en fotocopias, pues los originales fueron robados al maestro y que las que él le dirigió a ella a Israel se conservan en su totalidad. Esto lo sé por Ángel Cuevas, en cuyo compromiso con la literatura confió para que no quite el dedo del renglón y podamos conocer más de Rosario, porque ella somos todas.  FIN.

Por: María helena Noval /  [email protected]

 

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