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1.Encomendada por el presidente Peña Nieto para consolidar la Secretaría de Cultura en lo administrativo y en sus políticas y programas, María Cristina García Cepeda, Maraki, no la tendrá fácil lo que resta del sexenio, por varias razones: llega a administrar un inmenso patrimonio (del cuál falta mucho por inventariar) y mucho talento, pero con muchos menos recursos que otros países de habla hispana -España a la cabeza, lo cual es preocupante siendo México el país de mayor talla del grupo-; le tocará poner en marcha la pendiente, urgentísima y demorada Ley de Cultura y tendrá que demostrar que a pesar de no contar con un título universitario, puede con el paquete, en un país en el que la cultura se ha mirado como un accesorio discursivo vinculado a la diplomacia, o cuando mejor le va, como parte del presupuesto dirigido al turismo cultural.
Pero sobre todo, la naciente dependencia, podría comenzar su consolidación si esta discreta funcionaria (como la ha venido llamado el periódico Reforma) decide quitarse la etiqueta del “continuismo político” que la vincula con Rafael Tovar y de Teresa, de quien fue estrechísima colaboradora. ¿Cómo podría lograr tal tarea?
2.Investigando se encuentra uno con que no hay suficiente material para pensar la cultura desde el punto de vista económico, el gran pendiente de nuestro país. Están las cuentas públicas que demuestran la flaca inversión que hecha al sector históricamente; los libros sobre políticos que le entraron al tema logrando avances -Vasconcelos a la cabeza con sus empresas culturales vinculadas a la educación- y las contribuciones al tema de Ernesto Piedras, quien ha venido aportado cifras que indican cuánto vale la cultura en nuestro país en función del PIB y otros indicadores.
Por su parte, la Cámara de Diputados se encarga de dar cuenta de los llamados etiquetados vía las gestiones realizadas con los diputados de los diferentes partidos y las Secretarías de Hacienda y la de Economía en sus portales manejan algunas cifras que demuestran que el tema no adquiere aún la relevancia debida.  Todo ello al margen de la actividad económica del tercer sector que es el privado, en el que el mercado del arte contribuye con un volumen aproximado de movimientos de 15 mil millones de dólares anuales. Además están por supuesto las grandes empresas culturales como la cinematográfica y la editorial.
3.Pero en términos de políticas públicas vinculadas a la economía cultural no existe pensamiento crítico sobre el cuál basar el actuar de un gabinete obligado a negociar con el resto del mundo en la época del neoliberalismo; el libro que consulto para esta columna es el de Eduardo Cruz Vázquez (Sector Cultural. Claves de Acceso. Editarte, México, 2016), especialista en la materia, fundador del Grupo de Reflexión sobre Economía Cultural “GRECU”, quien además forma parte del equipo que trabaja en la próxima Ley de Cultura.
No omito decir que el texto es de obligadísima consulta, no sólo por la  puntualidad y el desmenuzamiento que el especialista hace del engranaje que compone el sector, sino porque ha venido proponiendo una reforma estructural del mismo desde el 2006.
En la página 105, Cruz Vázquez hace una propuesta de organigrama de una idealizada Secretaría de Cultura que vale la pena tomar en cuenta porque se centra en tres asuntos que tradicionalmente han sido programas, no  ejes de desarrollo: Estímulos a la Creatividad y el Financiamiento de la Cultura; Vinculación, Cooperación y Desarrollo y Empresas Culturales Paraestatales, pero sobre todo, porque le da importancia a cinco temas que no han sabido verse como fortaleza y área de oportunidad en nuestro país: la correcta administración del patrimonio; la atención a los rubros indígena y popular; la debida y obligada promoción cultural (allí la competencia feroz porque se trata de dineros y otro países invierten mucho más); el indispensable buen funcionamiento del Archivo General de la Nación (que es donde reposa la memoria histórica de la nación) y la urgencia de atención de los Derechos de Autor, normatividad aún en pañales en México.
Otros asuntos de crucial importancia que propone Cruz Vázquez son el apoyo a las llamadas MIPYMES (pequeñas y medianas empresas culturales) aún no deslindadas de lo turístico y poco atendidas en la Ley para el Desarrollo de la Competitividad y sobre todo asuntos como la salud (desde cobertura médica para los creadores hasta regulaciones sobre materias primas).
Visto el hecho de que el Presupuesto de Egresos de la Federación toma poco en cuenta a la cultura, vale la pena centrarse en una propuesta que atienda estos y otros temas -como el de cómo educar en la cultura de la cultura a la población escolar-, en lugar de gastar recursos en ostentosos homenajes a las figuras del saber, como dicen los familiares de Juan Rulfo, a quienes se ha criticado recientemente por proponer que se otorguen becas en su nombre con motivo del centenario de su natalicio.
4.Colofón: El gremio cultural no se ha manifestado mayormente en las calles con respecto a la inconformidad social debido al llamado gasolinazo (por ahí hubo una pequeña marcha en la Ciudad de México que partió del CENART, pero no tuvo impacto) y los escritores han hecho pocas declaraciones sobre el asunto. En cambio, en redes sociales la inconformidad se nota más, pues las páginas personales son depósitos para la utopía. Esto me tranquiliza, pues resulta que en nuestro estado no estamos tan mal: los morelenses somos tan apolíticos como en todo el país. ¿Se acuerda, querido lector y lectora, de que hace unas semanas fue tomado el Museo de la Ciudad y nadie llegó? FIN.

Por: María helena Noval / [email protected]