1.Desde niña he pensado que es buena idea ir juntando pedacitos de felicidad para que ésta se haga costumbre. Para mí los libros, los museos, la poesía y el cine son motivo de alegría, los voy hilvanando a la urdimbre de mis mayores amores. Y de tres de esos hitos quiero platicarle hoy, querido lector.
El primero “La forma del agua”, película del cineasta mexicano Guillermo del Toro que ha levantado del piso el nombre de nuestro país, pues me parece un “blockbuster” inmejorable.
Calificado como “fantasía romántica”, podríamos vincularlo con “E. T” de Spielberg, pues la historia narra el dulcísimo enamoramiento entre seres marginales, dos de ellos los protagonistas, una afanadora muda y un anfibio, pero como del Toro es hombre culto, resulta que no es difícil encontrarle a su monstruo marino interesantes raíces en la criptozoología y no sólo me refiero a la historia del Lago Ness.
Por otro lado, ¿quién no ha vivido la tortura del amor imposible y ha sufrido la negrura de la soledad en algún momento de su vida? Recordemos que uno de los recursos más probados para captar la atención del espectador es buscar que éste se identifique con el protagonista, no obstante, el cineasta va más allá y sortea el lugar común al involucrar las historias de otros solitarios que viven, cada uno a su manera, su infierno personal, en el contexto de la Guerra Fría y el furibundo intento de posicionamiento del American Dream como anhelo de vida.
Por eso y más, da lástima que la semana pasada hayan afirmado que hubo plagio por parte del autor. A estas alturas de la posmodernidad no debería haber pensamiento crítico que se desplante desde este juicio, porque hay que entender que si algo caracteriza a la cultura contemporánea es la recombinación de lo preexistente, la aniquilación de la idea de la originalidad.
Recuerde usted que estamos en una época revisionista, historicista. Además, hay que agradecerle a del Toro hacernos gozar de la poética del agua (Cfr. Gastón Bachelard), por lo que podemos decir que “La forma del agua” -el agua simboliza sentimientos- llegó quedarse.
2.Mi segundo gozo de la semana tiene que ver con “Ida y Vuelta”, libro de entrevistas de la señora Elena Poniatowska, recientemente publicado por Ediciones Era. En él me he encontrado un montón de respuestas a la vida que tienen que ver con el arte como sustento de la misma.
Comienza ella por presentarnos a un Siqueiros que habla desde la cárcel en la que estuvo 4 veces por insurrecto, un pintor que defiende la función social del arte y critica acremente la pintura abstracta (a pesar de que él mismo probó las mieles de este tipo de abordaje en el lienzo).  Y termina la escritora exprimiéndole a Juan Rulfo sus recuerdos de infancia, esos que nacen de ser hijo de los destrozos de la Cristiada, en un Jalisco en el que las “viejas carambas”, las mujeres que se saben los devocionarios de memoria, esas que fueron las nanas de muchos, son las que mandan.
3.“Rojo Mexicano”, es de principio a fin una muestra que hay que ver a partir de acercamientos íntimos, de amor por lo propio.
Planteada a partir de la investigación de materiales constitutivos de la obra artística -cosa que no sucede con frecuencia en ningún museo del mundo-, el montaje saca a relucir la importancia de la grana cochinilla producida mayormente en Oaxaca, como colorante de textiles, mobiliario y base de pigmentos para pinturas elaboradas entre el Barroco y el Impresionismo europeos.
Al conjunto de piezas se añaden varias novohispanas, como una estupenda Guadalupana de Cristóbal de Villalpando, que da cuenta de la importancia del rojo carmín como símbolo de poder y pasión entre los fieles católicos y el espectador laico.  
Nuestro amigo y compañero del Seminario de Cultura Mexicana Arturo Múzquiz Orendáin pasó las últimas semanas en su recámara, sus pulmones ya no le dieron tregua y dejó este plano terrenal el viernes pasado. Según la periodista Lya Gutiérrez Quintanilla el finísimo ingeniero, experto en genealogías y amante de la historia no dejó de producir textos hasta el final de sus días. Lo vamos a extrañar. FIN

Por: María Helena González /  [email protected]

 

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