1.Concebidos como núcleos temáticos de una exposición, los nueve apartados que conforman el capítulo que escribí para el libro titulado “Es la Reforma Cultural, Presidente” (Editarte, México, 2017) pretenden generar reflexiones puntuales sobre algunos de los aspectos que condicionan la vida y operación de los museos en nuestro país. Los une desde luego la premisa de que el público asistente es escaso, de que los amantes de la obra expuesta nos sentimos tan solos, como los monstruos de Guillermo del Toro, de que nos da mucha vergüenza ver que en otros países se hacen enormes filas para entrar a ver muestras temporales, mientras que en México eso sólo sucede los fines de semana y hay museos (sobre todo los dedicados a los personajes históricos) que mueren de olvido.
He dicho en más de una ocasión en esta columna, que soy una apasionada “museum goer” porque pertenezco a una familia en la que la que el arte era tema frecuente. Pero eso no es una extravagancia particular: está comprobado que los hijos de padres lectores serán más propensos a ser lectores y que cuando la reflexión estética es tema común, la sensibilidad para el arte se da con mucha más facilidad en el infante. En todo el mundo.
Esto lleva a pensar que la creación de públicos para los museos tendría que enfocarse en la infancia y apoyarse no sólo en la experiencia familiar, sino en la vida escolar. Sin embargo, es este uno de los principales problemas a los que tiene que enfrentarse el profesional de los museos: la educación en México es un disparo para todos lados, que no toma en cuenta las colecciones de arte, arte popular y objetos científicos como material de apoyo educativo. La educación en nuestro país sigue siendo memorística en gran medida. Por otro lado, revise usted los programas de la SEP y verá que no se imparte apreciación de las artes jamás, que en lugar de eso les obligan a aprenderse a los pobres niños aburridas listas de autores y obras.
¿A qué hora les dicen los nobles maestros que además del tema representado existe el tema artístico, que ver el color en la pintura es diferente de apreciar las posibilidades de la línea en el grabado y el manejo del espacio en la escultura?  
2.Ahora que estamos a unas semanas de la inauguración del controvertido Museo Juan Soriano (por cuestiones de ley electoral se inaugura el 21 de marzo, sin exposición temporal. Las esculturas del jalisciense que le da nombre al recinto ya están colocadas), resultaría pertinente que los candidatos a la gubernatura del estado, presidencias municipales y diputaciones federales y locales, pensaran en este moderno recinto como uno de los activos con los que contarán para ennoblecer la dañada imagen de nuestra entidad; sería pertinente que no lo vieran como un destino turístico propio del gobierno graquista, sino como uno de los lugares en los que eventualmente se podrá mostrar al mundo lo mejor del talento, la sensibilidad y la creatividad morelense.
Sabemos que el PIB del país se enriquece con menos del 4% generado con el trabajo cultural, no obstante, pocos políticos, desgraciadamente muy pocos, entienden que el consumo del producto cultural excede el orden de lo simbólico. Se sigue pensando que el arte es elitista. Si a esto le añadimos que los museos tienen que competir por la mirada de la gente en la era de la tecnología y el entretenimiento, que tanto el artista como el curador, el director y el museógrafo se sienten obligados a convertir los montajes en “una experiencia”, pues el problema se agrava.
Ya para qué le platico el entuerto mental que organiza en nuestra aplanada mente la  llamada “patrografía” del arte, la cultura de la “nota roja” que nos hace pensar más en la oreja cortada de Van Gogh y los abortos de Frida, que en las novedades técnicas y estilísticas propuestas por el postimpresionismo y la Otra cara de la Escuela Mexicana de Pintura.
3.De estas cosas y más hablaremos el experto en economía cultural y coordinador del libro Eduardo Cruz Vázquez, el editor Francisco Moreno, la antropóloga y gestora cultural Barbara Martínez y una servidora, el próximo viernes 16 en el Teatro Abraham Rivera Sandoval (que fue un zapatista), en Cuautla. Cada loco con su tema, sí, pero todos jalando para el mismo lado, haciendo propuestas para que el sexenio 2018-2024 no sea uno más, sino el resultado de una planeación del país con base en la idea de un Estado-Nación que se ve a sí mismo con orgullo por su cultura. ¿Nos acompaña?. FIN

Por: María Helena González

[email protected]