1.A Lalo Lugo me lo presentó mi querida amiga, la coleccionista Stenia Loipe Catá, cuando emocionada le echó el ojo porque le vio futuro. Esto sucedió hace unos diez años. Y así son los amores del arte. Lalo en ese momento generaba figuraciones fantásticas que parecían ilustraciones para cuentos de niños. Más de brujas que de hadas, más cercanos a los pierrots que a la voluntad del juego, más de bosques encantados que de insulso final feliz.
Atrapado por su febril imaginación, su proceso creativo comenzaba por abordar el espacio pictórico a partir de una leve referencia realista y como sucede en estos casos, el pintor volaba después en solitario, sin aferrarse a tendencia o discurso en boga alguno, como era de esperarse (recordemos que el arte contemporáneo es con mucho retórica colegiada y amañada).
2.Este viernes, a Lalo le toca exponer -exponerse- en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca (MUCIC) y en unas semanas más lo hará también en “México: Pintura Reactiva”, colectiva preparada por Carlos Palacios para el Museo Carrillo Gil, en la CDMX. En ambos casos lo que veremos repite la impronta fantástica, pero ahora el sabor de su imaginación es verde, fitomorfo, vegetal. Su obra es como Cuernavaca, contiene una fantasía exuberante que se trepa a las bardas y no muere aunque languidezca.
No sé, o más bien sí lo sé porque soy la curadora, porqué a Lalo le surgió la curiosidad por los floripondios, los toloaches, la flor de un día, la magnolia y cuanto capullo asociado a la magia hay. Sé que debajo de eso reposa el ánimo de los Simbolistas, aquellos del XIX que pintaban los objetos por su valor alusivo o alegórico y que el pintor michoacano Manuel Ocaranza le sopló al oído cómo pintar una magnolia-melancolía-casi-muero-de-amor.  Pero eso no se lo digo a Lalo, eso es materia del ojo que compara, asunto de catalogadores de museo. A Lalo, como es muy joven y está en época de explorar, mejor le digo: “el anverso de las cosas es lo que te chifla” y así decidimos bautizar la muestra que colgaremos mañana, en las salas de la planta baja del recinto ubicado en Avenida Morelos, frente a la Catedral.
Tres son los núcleos temáticos de la muestra. El primero está dedicado a la botánica vinculada a la cosmogonía mexicana; en el segundo se verán enigmáticos y solitarios humanos de raza negra sin rostro y en el tercero son los dibujos, su creación más íntima, los encargados de mostrarnos la capacidad de apropiación del artista, pues la tinta de su pluma corre por encima de unas ilustraciones que encontró en un libro viejo, al cual le arrancó las hojas para utilizarlas como soporte. De este modo colabora con el autor primigenio en la creación de una imagen más compleja.
3.¿Y los pájaros? Lugo dice que las aves y los insectos que habitan su obra, o mueren en ella están allí por la sencilla razón de que contribuyen a dar vida, de que cumplen una de las funciones orgánicas del mundo; polinizan y reparten semillas. No obstante, no debemos olvidar que en la historia del arte, las aves simbolizan catástrofes (las aves de mal agüero) o la esperanza después del diluvio. En su plumaje llevan las letras que inducen su lectura como entes culturales y en su naturaleza reside el más grande anhelo humano, el de escapar, el de liberarse. Sólo que cuando Lalo Lugo los pinta escurriendo vida, cuando chorrean pintura de sus cuerpos les está insuflando un espíritu que no solemos ver y eso le da un toque de altos vuelos a su obra.  
Por eso y por mucho más, acompáñenos, querido lector, este viernes 9 de marzo, a las 7 pm a compartir gratos momentos de reflexión y complicidad artística. Quienes vivimos en Cuernavaca nos merecemos una vida cultural mucho más activa y gratificante, ayúdenos a lograrla. FIN. 

Por: María Helena González
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