1.Queda claro que entre las ilusiones que se hace una y la realidad en la que interviene la condición humana hay una grieta que hay que tapar con “curitas” para poder seguir adelante y tratar de componer el mundo como se vaya pudiendo. Sí, les comparto que estoy triste, querido lector y lectora, porque la ley de cultura que todos esperábamos como la enmienda de una gran deuda pendiente con el sector especifico y el ciudadano común resultó ser un documento para salir del paso. 

Consulte usted en internet la gaceta parlamentaria del 28 de abril del año en curso y verá que el anexo XIX titulado “Dictamen a la Minuta con Proyecto de Decreto en Relación con Diversas Iniciativas sobre el Ejercicio de los Derechos Culturales por el que se expide la Ley General de Cultura y Derechos Culturales” es un híbrido basado en la noción de los derechos humanos, que está muy bien saber y hacer valer, al que le faltan partes sustanciales que representaban avances según las 5 propuestas presentadas por varios actores a los que les compete el tema -entre ellos el Senador de Morelos Rabindranath Salazar- y los redactores de un nutrido y propositivo documento orientador que analizamos en este espacio semanas atrás, solicitado a la Comisión de Cultura y Cinematografía del Congreso de la Unión. 

2.Para decirlo más claro y aún sin haberse publicado en el Diario Oficial de la Federación -después de este trámite hay un periodo de 180 días naturales para la creación del reglamento pertinente- entrará pronto la ley en vigor sin mayores novedades.  Una de ellas (Art. 8) la referente a los vales culturales, que suenan a programa social y que a ver cómo le hacen para echar a andar, primero  mediante la creación de un programa específico y luego para $olventarlos, pues se tratará, al parecer, de bonos como de despensa para que la gente beneficiada asista a conciertos, obras de teatro, museos, etc., sin la certeza presupuestaria obligada. Y es que se eliminó el Título “Presupuesto y Financiamiento a la Cultura”, porque dijeron los de la Consejería Jurídica del Ejecutivo que el manejo de los recursos obedece a diversos ordenamientos y no sólo al PEF, lo que vuelve a dejar al sector en la vulnerabilidad y a la buena de Dios (en este caso Dios es el “mandamás” en turno, el que tenga unos centavitos que decida destinar a la cultura porque le parezca simpática, como siempre). 

Otra novedad es el Sistema Nacional de Información en Materia de Cultura  (ART. 19 fracc. V) y aquí hay que decir que eso sí da gusto, porque por ejemplo en Morelos no contamos con un instituto o programa sistematizado de investigaciones estéticas -no existe ni el inventario de las esculturas de la ciudad, apenas se está realizando y es de competencia municipal-, así que qué bueno que sea la secretaría de cultura federal la que vaya a establecer dicha política cultural que habrá de cumplirse en todo el país poco a poco. Otra obligación es que a los estados, municipios y alcaldías de la CDMX les tocará ponerse de acuerdo para trabajar en red y adaptar sus programas de acuerdo con lo que el INAH, el INBAL y las instituciones de carácter internacional como la UNESCO dicten (Art. 73 fracc. XXIX Ñ), lo que parece obvio, pues no se puede pasar por alto lo ya legislado.

3.- Lo que preocupa en grado superlativo es que se haya omitido la parte referente a la economía cultural, que es el gran tema hoy en día que se ha dejado de ver únicamente el valor simbólico de la cultura, hoy que se sabe que el 2.8% del PIB (450,633 millones de pesos) proviene de allí, hoy que se habla del millón de empleos directos que se generaron por este concepto en 2014. ¿Y las empresas y las industrias culturales cómo se van a fomentar? ¿Y los incentivos fiscales para los artistas se van a quedar sólo en el pago en especie? ¿y el coleccionismo de obras de arte cómo se va a revitalizar?

¿Para qué pusieron a trabajar a los 14 expertos en la materia en un documento orientador que casi tiraron a la basura? La Cámara Baja y la Alta conferenciaron, luego vinieron los raspones entre los diputados y senadores que tomaron en cuenta 5 proyectos, 11 foros y muchas ponencias y sacaron el proyecto de ley que seguramente inaugurará el Presidente Peña Nieto en un evento cultural, que bien podría ser el Auditorio Teopanzolco, que dicho sea de paso está quedando muy bonito. 

En pocas palabras y para que se entienda el impacto: prevaleció la ley del “ya mérito”, la del “peor es nada” y la del “ahí se va”. Al puritito estilo mexicano, pues terminaron todos diciendo que ya en el proceso legislativo ordinario se irán enmendando o mejorando las cosas. Por algo decía el tan admirado sabio ítalo-morelense Gutierre Tibón: “Este país es el del sí, pero no”. 

4.Ah! Y como quedaron desdibujados en la ley los derechos de las personas pertenecientes a las culturas originarias felicito de nuevo a la Sra. Elia Stavenhagen, quien como experta en la materia organizó, apoyada por la CEDH y la SC un coloquio homenaje a su marido, en el que se vio que ellos, los indígenas han pasado de ser objetos de estudio a generadores y relatores de su propia historia. En esos nuevos académicos recae la bronca de hacer respetar sus derechos culturales. FIN.

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María helena Noval
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