compartir en:

1.
Libros de autor elaborados a mano en Tepoztlán
La Hoja Doblada es un sello editorial único en nuestro estado: promueve la creación y difusión de la ilustración gráfica y la escritura empleando los libros de autor como soporte. El resultado es asombroso y si lo revisamos con el amor al que invita su calidad puedo asegurarle, querido lector/a, que le nacerá el afán del coleccionista de estos volúmenes.
Este viernes que se presentó su trabajo en el Museo Morelense de Arte Popular (se hizo en ese lugar porque la elaboración de libros es también una actividad artesanal)  se habló de las condiciones de producción en las que se da este tipo de literatura, unas condiciones que necesariamente llevan a vender las obras a precios un tanto elevados.  Durante el evento, el poeta y escritor Hermann Bellinghausen dijo que hay una especie de esquizofrenia en el mundo cultural porque se habla de la libertad de expresión necesaria para la creación, pero no se apoya con fondos esta práctica; terminó su interesante participación defendiendo el libro de papel por considerarlo un arma, un acto de resistencia que crea gente pensante. No hay manera de no estar de acuerdo con él.
Este taller tiene 10 años de historia y se ubica en Tepoztlán, en Las Bodegas; hasta el momento ha editado La Cripta, un cuento de terror de H. P. Lovecraft, El Paseo de Lia, narración para niños, de Aneleé Rossell y Tayde Bautista y Un Lindo Día, también para niños, de Aneleé Rossell. Éstos dos contienen bellísimas y delicadas ilustraciones sobre diferentes papeles y cuentan con inserciones recortadas a mano que se pueden pegar y despegar, es decir, invitan al lector a intervenir en la parte visual del volumen que tienen en las manos. Es verdaderamente un placer divagar por sus páginas y entregarse a la lectura de textos muy tallereados acompañados de imágenes, seducidos por la materia y la poética lograda por tal conjunción.  Por otro lado, Motel es un conjunto de 4 relatos de tono erótico que no tiene desperdicio por cuanto respecta al tratamiento formal, a pesar de la economía de elementos expresivos que comprende.  
Conocí a Rossell por su trabajo como grabadora y profesora de niños en Tepoztlán hace casi tres años, pero hoy sus libros me tienen encantada. A ella y a todo su equipo, incluyendo a su hijo Jero, también artista, debería apoyarlos este gobierno difundiendo lo que hacen para que sus ediciones puedan crecer el número de ejemplares (hasta la fecha hacen 50 piezas de cada título) y sobre todo debería apoyarse su labor en las escuelas públicas a las que acuden a enseñar ARTE con tanto convencimiento de que éste sirve para algo.
 
2.
Carlos Marín
En la Galería NM que dirige Carmen Rosa Vega se está presentando un conjunto de piezas elaboradas en barro por nuestro máximo exponente de ese material en el estado, me refiero a Carlos Marín. Titulada Bestiario, la exposición propone seres de pequeño y mediano formato que se mueven y exhiben sus cuerpos casi desnudos sobre cerdos o acompañados de otros seres animalescos.
La lectura de las piezas no nos transporta a los bestiarios literarios que conocemos por Cortázar o Borges, porque no es la relación entre entes lo primero que nos llama la atención, sino las texturas de las piezas: lo rasposo y seco del barro, además de la carga de elementos decorativos de las figuras. Además de eso se evidencian la influencia de la escultura maya, la hindú y la barroca, efectos que hacen a un lado la ya añeja comparación que se hace del trabajo de Carlos con el de su hermano Javier, quien por otro lado maneja formatos monumentales y elementos dramáticos más expresionistas. Vale la pena mirar también las cabezas medio deformadas de animales que se encuentran al fondo de la sala, porque son el punto culminante de un esfuerzo afortunado por parte del creador que da un paso adelante de su propia historia, al generar una temática novedosa no exenta del misterio propio del arte de la posmodernidad.

3.
Museo Frida Kahlo en Coyoacán
Este sábado llevé a un nutrido grupo de personas -entre ellos 11 niños-, a la Casa Azul de Frida Kahlo en Coyoacán. Llama la atención que siendo un museo de sitio operado por un fideicomiso que se ha distinguido por su experiencia en el ramo, prohíba hablar de las piezas expuestas a quienes contribuimos a generar públicos. Los custodios del lugar, lidereados por una tal Jimena, acudieron varias veces y de manera nada amable a pedirnos que dejáramos de dar la visita guiada que con tanto gusto estábamos llevando a cabo con el pretexto de que para eso estaban los guías del museo. Explicaban que para hablar de lo expuesto tendríamos que hacerlo en el jardín. ¿Cómo pueden estos torpes personajes pensar que si uno quiere compartir la experiencia estética pueda hacerse lejos de las piezas? Qué desatino: maltratar al público asistente es algo que nunca hubieran permitido ni Frida ni Diego, los insignes habitantes de aquella casa coyoacanense.

Por: María helena Noval / [email protected]