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1.
Si la política es un juego de sombras, el arte ilumina la vida en todas su facetas, desde el orden de lo simbólico, hasta las minucias de la vida cotidiana; sin embargo, es el teatro el ámbito natural para la representación de lo humano y de eso sabe mucho la Dra. Marcela del Río Reyes, distinguida dramaturga a quien la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México) le rindió homenaje nacional este pasado jueves, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México. La fiesta fue nada menos que por sus 60 añitos dedicados a la confección de obras de teatro, llamada dramaturgia por los expertos y como usted comprenderá, querido lector, hasta allá fuimos a dar varios “cultos” morelenses que la queremos y admiramos.

El evento en el que participó nuestro amigo Alejandro Ordorica (de Chapa) como moderador fue enormemente disfrutable. En el escenario también la acompañaron dos de sus alumnos, Willebaldo López y Jorge Esma Bazán, a quienes la SOGEM también distinguió con la Pluma de Oro, en este caso por sus bodas de plata en la misma actividad. De ello se desprende entonces, que el homenaje para Doña Marcela fue doble. Caso único en este tipo de asuntos.

2.
Como ella es escritora completísima (se presentó a sí misma como un “gato de siete vidas”), mujer de prosapia natural (es sobrina de Don Alfonso Reyes) y se dedica de tiempo completo a ser fina persona, no nos sorprendió lo ameno de su discurso, que incluyó inolvidable anécdota sobre un Narciso Busquets que se tornó personaje creíble después de un berrinchazo y tampoco nos sorprendió la luminosidad de su clásica sonrisa que hace juego con sus ojos verdes; lo que sí nos dejó con la boca abierta fue la lectura de un fragmento de una de sus obras teatrales inspirada en la tragedia de los hermanos Kennedy, me refiero a “El Pulpo” (1971), pues un corifeo asestó la noción de asesinato repetidamente, mientras quien personificaba al político justificaba su actuar público. 

Y nos impactó porque nos hizo pensar en uno de los valores supremos de la dramaturgia: su vigencia a través del tiempo. ¿O qué no el caso Kennedy, con todos sus intríngulis es aplicable a la historia de la política universal y en México vivimos a diario la traición y muerte de quienes nos gobiernan? 

3.
Como dijo Willebaldo López, el teatro no sólo sirve para contar, es un espejo y genera catarsis. Esto significa que nosotros aprehendemos la representación con todo el cuerpo y luego, como por arte de magia terminamos llorando, riéndonos y hasta enamorándonos. Ellos, los actores son nosotros y nosotros somos ellos. Por eso decimos que el teatro es acaso la expresión artística en la que más se aplica el paradigma de la comunicación: el emisor (dramaturgo, director y actor) genera un mensaje (puesta en escena) que recibe respuesta inmediata del receptor que es el público. Y me voy a aventurar a decir, desde mi experiencia personal, que lo que se vive en el teatro no se da ni en el gran cine (de la nefasta “tele-risa” ni hablamos).

Termino esta parte de la columna dedicada a Doña Marcela del Río, parafraseando al señor Esma Bazán quien dijo que el arte es la expresión suprema de la voluntad humana. Y es que cuando agradeció “poder darle a la vida lo que la vida nos da” me cayó el veinte de que los obreros de la cultura tenemos un mejor destino que muchos otros que trabajan por la fuerza en algo que detestan. 
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4.
En otro orden de ideas, este miércoles a las 10 AM dos de los mayores conocedores del estado, Adalberto Ríos Szalay y Fernando Hidalgo, presentarán en el Museo de Arte Indígena Contemporáneo el libro titulado “Geometrías de la Imaginación. Diseño e Iconografía de Cuauhnáhuac”. Según Hidalgo, experto en culturas populares, la iconografía o decoración de la entidad nace antes que el lenguaje escrito y va de las imágenes de los frisos de las pirámides y las de la arquitectura colonial, hasta las del arte popular.

Añade que los leones representados en la catedral se vinculan con los jaguares de la cultura prehispánica y que éstos aparecen hasta en la fuente del Parque Revolución. Dice que en Cuernavaca los animales son una forma de decoración típica; que los florilegios abundan en la herrería y que las representaciones del sol y la luna aparecen en las fachadas de las casas y se masifican en la artesanía popular. 

Por su parte, Edgar Assad, otro de los autores del volumen hace un espléndido recorrido por Cuernavaca señalando sus esculturas como referentes espaciales y nos lleva de la mano suavemente, hasta que con su especial sentido del humor negro, nos hace reflexionar en que las “X” del Oxxo también forman parte de nuestra cultura visual y nos marcarán para siempre.

El libro es de fácil apreciación porque se trata de una vectorización de las imágenes que proceden de fotografías. Lo interesante es que un estado tan chico como este sea tan rico en imágenes y que los tatuadores estén apropiándose de algunas de ellas para reproducirlas en lo que se llama “body art”. 

Este libro es el segundo que Fernando Hidalgo dedica al tema (“Iconografía de Morelos”, publicado por Culturas Populares de CONACULTA, hoy está agotado). Y ambos son referentes indispensables si se trata de conocer nuestro imaginario colectivo. FIN

Por María helena Noval

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