1.Tiene razón María Gabriela Dumay cuando dice que la obra de Rafael Cauduro difícilmente se define como hiperrealista, pues si bien cumple con algunas características visuales propias de la fotografía, no es el espíritu de la captación mecánica y fiel de los objetos lo que la anima. Yo por mi parte siempre he dicho que, cargada de simbolismos y con contenidos temáticos complejos, la pintura de Cauduro -uno de los artistas morelenses por adopción más prestigiados, propositivos y prolíficos- se afilia al llamado Realismo Matérico, pues es evidente el interés del creador en la reproducción de la textura de los objetos que elige como escenario y soporte de las enigmáticas escenas que imagina.
Todo esto porque el jueves pasado el Chef Fernando Hernández inauguró en Casa Gabilondo -céntrico restaurante con perfil de empresa cultural desde sus inicios-, una muestra de giclées y dibujos montados como homenaje a la escultora Carla Hernández, quien fuera pareja y colaboradora del pintor durante la mayor parte de su vida. Carla dejó este plano terrenal hace casi dos años, pero no el corazón de sus amigos y por lo mismo la muestra se vio abarrotada de amigos, amantes del arte y familiares, entre ellos Liliana Pérez Cano, incansable promotora de “Unidos Somos Iguales” capítulo Morelos y la hija de ambos Elena Cauduro.  
Durante el evento me preguntaron qué opino de los giclées y yo contesté que tratándose de impresiones de muy alta calidad, estas piezas de Cauduro dan cuenta del alcance estético de su obra por cuanto respecta a la temática que lo ha ocupado toda su vida y que al ser obras más accesibles en precio, facilitan el coleccionismo.  No obstante, la originalidad de la obra de arte, la unicidad de las piezas salidas de la mano del artista (y/o sus colaboradores) es y será siempre irreproducible, como bien lo dijo Walter Benjamin hace años, al referirse a la obra de arte en la era de la reproducibilidad técnica.
2.Ese día horas antes nos tocó convivir con otra buena parte de la comunidad cultural cuernavascense, pues la escritora Ethel Krauze convocó a la gente interesada en la escritura a celebrar uno más de los aniversarios de su taller literario. En La Casona nos encontramos quienes tecleamos por no poder evitarlo, las que publicamos y las que no, las magas de la poesía y las que no nos atrevemos, las hábiles cuentistas y las meras aficionadas a la prosa fantástica.
Todo en esa tarde fue memorable, pero si usted hubiera oído la hermosa serie de metáforas que generó el señor Tano, padre de una de las alumnas de Ethel cuando habló de su hija, habría salido pensando que no hay mejor cosa que el amor declarado con las palabras bien puestas.
3.Durante su fiesta, Ethel Krauze también invitó a los asistentes a formar parte del Consejo Editorial de  “Eterna”, una revista que está perfilando como un proyecto colaborativo y democrático y aunque quienes estamos en esto sabemos que enfrentará el doloroso problema de la falta de lectores, le deseamos la mejor de las suertes.
Esto lo digo porque seguro usted ya sabe lo que dijo el Rector Enrique Graue Wichers durante la inauguración de la XXXIX Feria Internacional del Libro de la UNAM en el Palacio de Minería la semana pasada:  “Casi cinco millones de mexicanos son analfabetos funcionales que viven en marginación social, desesperanza y falta de oportunidades”.
A la gravedad de lo anterior habría que añadirle que el futuro del país dependerá de una muy vulnerable juventud que sale mal evaluada cuando lee. En los resultados sobre el desempeño de los estudiantes en la prueba PISA –que pone a prueba a alumnos de 15 años de edad–, México se ubicó en el último lugar de los países de la OCDE en comprensión de lectura, en 2015 y en la reciente prueba Planea de 2017, el 62 por ciento de los jóvenes fue calificado con niveles de insuficiencia o desempeño elemental en lenguaje y comunicación.
4.Es notable la ausencia de entes políticos en los eventos culturales de la entidad. Fuera de las inauguraciones y donde habrá foto segura poco se les ve.  Ni en estos tiempos de quedar bien hacen el menor esfuerzo por involucrarse con las comunidades culturales y manifestarse en función de un lenguaje cultivado. Qué pena dan. FIN

Por: María Helena González / [email protected]

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