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1.Es innegable que entre el temblor del 85 y el del martes pasado (inolvidable coincidencia) se dio un cambio ambivalente en el discurso público de nosotros los mexicanos. Lo positivo es que las redes sociales nos han acostumbrado a una mucho mayor libertad de expresión; lo negativo es que llevada al extremo, esta condición ha generado lo que un querido amigo periodista llama “comentocracia”, refiriéndose a una espeluznante verborrea que nos ataca por todos lados, misma que nos hace creer que cualquier opinión vertida electrónicamente es autorizada y respetable.

A esto añádale, querido lector, que algunos “creativos” diseñadores suben a redes sociales un montón de “ediciones” que van de la simple broma al uso político de la imagen generándose así una “comentocracia a todo color”, casi en 3D, que lo único que hace es aplanarnos el juicio crítico.

¿Qué de todo lo que vemos es real? Ya nada es comprobable. Vivimos la era de la simulación, una época que analizada entre otros especialistas por Román Gubern (patologías de la imagen) y Jean Baudrillard (perversión de la imagen / pretensión de realidad a través de la imagen) nos muestra totalmente crédulos o incrédulos de lo que vemos, según sea el grado de inocencia con el que nos haya dotado la naturaleza.

2.¿Qué tan descompuestos socialmente debemos estar para no entender que en estos momentos lo que necesitamos es paz, estado de derecho, una tregua entre partidos políticos?

El sismo se dio en tiempos preelectorales, pero desgraciadamente en esta ocasión la crisis no unió a los diversos actores políticos, quienes desaprovecharon la ocasión para hacer ver sus liderazgos positivos.. En lugar de eso, quienes pretenden ser electos se vieron rebasados y desorganizados. El colmo de la situación fue que hubo quienes viralizaron los comentarios sobre el supuesto impedimento del libre tránsito de los donativos procedentes de otros estados de la República como arma del golpeteo partidista que iniciaron hace tiempo.

3.Por otro lado, estamos tan hartos de la vida política local, que ya nada nos satisface. Este fin de semana vimos en redes sociales una rueda de prensa convocada por el gobierno estatal -hasta un chistorete fuera de lugar incluyó-, en la que no se agradeció a la ciudadanía, que fue la que sacó la casta en la peor devastación natural que ha vivido el estado. Grave error político.  Pero un día después el ejecutivo reunió a empresarios y líderes sociales en el C5 para pedir su colaboración en la suma de esfuerzos que llevará a la creación de un fideicomiso de acuerdo con los protocolos de Transparencia Mexicana  para la reconstrucción del estado.

Se dijo en esa reunión que llegará un momento en el que termine el furor que llevó a actuar ejemplarmente a la población que hábilmente organizó centros de acopio y albergues temporales, además de repartir incansablemente víveres y otros insumos a las comunidades afectadas. Se dijo que la logística de las instituciones es necesaria y que si permitimos la anarquía estaremos dejándole la puerta abierta al crimen organizado, pero horas después, en lugar de valorar estas consideraciones se manejó en la web que quienes estuvimos allí estábamos siendo usados por el gobierno para acallar a los actores políticos de la oposición.

4.Creo que la emergencia no debe ser sinónimo de anarquía; necesitamos que quienes gobiernan nos gobiernen. Los gobiernos federal, estatal y municipal están obligados a trabajar de manera coordinada.

Por su lado, el Obispo Castro y Castro, el Rector Alejandro Vera y el Presidente Municipal Cuauhtémoc Blanco tendrán que aprender a aprovechar de manera óptima sus indudables liderazgos para sumar acciones en tiempos de crisis. La sociedad civil organizada necesita de instituciones fortalecidas, llámense iglesia católica, UAEM, Gobierno Municipal o SEDESOL.   Es hora de dejar de mirarnos en función de un epicentro político y curarnos el maldito vicio de las redes sociales que confunden y simplifican mucho la información.  Fin.

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María Helena González López
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