Para Rubén Pizano,
con mucho cariño

1.El viernes pasado nuestro amigo José N. Iturriaga dio a conocer dos libros de reciente publicación (“Cien Forasteros en Morelos” y “Otros cien forasteros en Morelos”, CONACULTA-Secretaría de Cultura de Morelos, 2015) dedicados a su área de expertisse, me refiero a la atención que han prestado muchos extranjeros sobre México.  Y para ser más específica, diré que haciendo un análisis de los siglos XVI al XXI, encontró Iturriaga a 200 que vieron algunas cualidades destacables de nuestro estado y las plasmaron en sus diversos escritos, recopilados y comentados ahora por él. Pero fíjense ustedes que lo que hizo más memorable el evento fue que la sala estuvo abarrotada de amigos: los asistentes nos sentimos parte de un grupo amante de la cultura y por eso la cita se tornó una experiencia sumamente gozosa.
Como reinas presentaron María Gabriela Dumay, Eliana Albala y Catherine M. Mayo; la primera dedicándole a la segunda parte de su presentación, misma que incluyó al antropólogo Bernardo Baytelman (marido de Albala); la segunda, o sea Albala habló de la condición de ser trasterrados en una Cuernavaca que recibe con los brazos abiertos y la señora Catherine M. Mayo habló del nieto de Agustín de Iturbide, que estuvo a punto de ser adoptado, nada menos, que por Maximiliano y Carlota en el Jardín Borda. Créanme, este viernes se distinguió por las coincidencias (o sincronismos diría Chopra), pues todo apuntó a una circularidad muy interesante. De verdad que fue una delicia escucharlas a ellas y al escritor y sentirnos todos en nuestros respectivos reencuentros.
Luego, hay que decir, que de los viajeros destacados por Don Pepe Iturriaga --a quien también queremos por ser cocinero mayor-, hay de chile, de verde y de dulce; todo gusta de sus libros, desde el relato de Alejandra Scheiman sobre Frida y Diego estando de luna de miel en la casa del embajador Morrow, hasta cómo García Márquez narra su preferencia por la palabra “cruda” para referirse al estado del cuerpo después de una borrachera, pasando por la historia de la pérdida de la Hacienda de San Gabriel de las Palmas -y la de Pita Amor-, narrada por Michael K. Schuessler.   También conmueven las presencias de Nadia Piemonte, quién habla sobre un Tepoztlán que se hace notar por sus restaurantes y vida artística; María Barbieri con su poema dedicado a Emiliano Zapata y desde el punto de vista de la crisis social que aqueja al estado, el relato de Malcolm Beith sobre la muerte de El Barbas, uno de los narcos más buscados del país.   Pero hay mucho, mucho más que leer para amar a nuestro terruño en estos dos volúmenes.
2.Comentaba nuestro querido amigo Rodolfo Becerril después de la presentación de estos libros, que es curioso que los extranjeros se refieran frecuentemente a Cuernavaca a partir de su clima, los volcanes y los jardines --lo natural--, en vez de hacerlo con respecto a la gente y las relaciones sociales y afectivas que se generan y se generaron en esta ciudad. Por fortuna lo que vivimos el viernes allí fue humano y a nosotros, que somos morelenses de corazón, nos enamoró aún más su gente y el ánimo que aún se da en tiempos de crisis. Iturriaga por su parte enfatizó la importancia de la mirada desde la “otredad”, porque ésta se desplanta desde la diferencia y no desde la experiencia achatada por la costumbre.
3.Y por supuesto no puedo dejar de mencionar que el sábado se le rindió homenaje póstumo a nuestra querida amiga Gloria Ceijka, a un año de su partida, porque sé que fue un evento organizado con el corazón.  Y aunque no estuve por motivos de trabajo, sé por mi amiga Lya Gutiérrez Quintanilla, que fue la gente más representativa de Cuernavaca y que lo más bello fueron los poemas de amor escritos por Gloria a Rubén Pizano, su marido, leídos por Lorena Ahumada y que en ellos se supo lo que es el amor más allá de la muerte; que el poema de la gran poeta Frida Varinia a Gloria, escrito en el momento de su muerte le provocó lágrimas a más de uno y por supuesto que la maestría de la gran SILVIA Navarrete, tocándole el piano a su amiga como si estuviera en Bellas Artes fue inolvidable.  Pero creo que lo mejor de todo fue poder abrazar a Rubén, que me cuentan se mostró a la altura de lo que ella, su amada Gloria, hubiera deseado, con una gran dignidad y elegancia, a pesar de tener el corazón partido. FIN

Por: María Helena Noval /  [email protected]