1.
Este sábado Graco Ramírez habló sobre el nada fácil tema “cultura” en el renovado Auditorio Teopanzolco. Y no es fácil porque cualquier persona con dos dedos de frente, sabe que LA CULTURA articula todos los asuntos de las sociedades de todos los tiempos. Obvio, NO nos referimos a la llamada “alta cultura” (bellas artes), sino a la acepción antropológica clásica: cultura es nuestra manera de estar en el mundo. Ya. Ha de ser por eso, que también mencionó el peligro de la “anticultura”. Así dijo, sin hacer diferencias entre “cultura tolerada”, “cultura de la resistencia” y otros tecnicismos que existen. Habló de anticultura y eso preocupa, porque puede que nos toque en el panorama que hoy se construye: ¡en plena época preelectoral, no hemos oído a ningún líder político pronunciarse en la materia!  
Claro que Graco lo hizo en el marco de los informes sectoriales que está rindiendo, con el lema de la recuperación de la confianza como base (¡ay qué aventado!), a 5 años de haber tomado el cargo en un estado en el que producen su obra cientos de artistas y existen 3 centros de formación de nivel licenciatura y posgrados en la materia.
Y lo hizo porque está obligado: ninguno de sus predecesores ha insistido tanto en la cultura como eje de desarrollo, ¿cuántas veces le hemos oído decir que la solución para recuperar el tejido social es brindar actividades artísticas en el espacio público y darle instrumentos musicales a los niños? El perredista sabe, como todos sabemos, que las nociones de paz y satisfacción se vinculan íntimamente con el placer de los sentidos y lo emocional, mientras que el desempleo, el narcotráfico y la violencia son propias de la incultura (diferente de la anticultura).  No es novedad que la cultura sana. No obstante, ha de ser que las políticas culturales funcionan a largo plazo, que sus semillas fructifican al paso de muchos soles, pues en nuestra entidad la inseguridad sigue dándonos dolores de cabeza, urge erradicar la narcocultura y el patrimonio histórico sigue deteriorándose porque además nos vinieron a golpear los efectos del “19S”, paquetote que tendrán que resolver los que vienen con ridículos presupuestos y probablemente la cara de flojera que acostumbran ponerle los políticos a los monumentos, cuyos autores y beneficios suelen desconocer porque la mayoría prefiere el brillo de la tecnología y la modernidad.

2.
Próximo a inaugurar dos museos, el Juan Soriano y el dedicado al Chinelo en Yautepec, el gobernador se mostró satisfecho por dejar digna infraestructura para la exhibición de productos culturales. Poco le afecta que algunos actores del sector digan que el museo ubicado frente al mercado Adolfo López Mateos lleve el nombre de un jalisciense, se defiende al decir que el arte no se mide por el lugar en el que nace un creador, sino por la calidad de su obra, e insiste en que será un museo dedicado al arte contemporáneo, como el MUAC de la UNAM, cosa que contribuye a bajar la tensión entre los expertos, porque como usted sabe, querido lector, el artista que produce su obra en este estado, el que se queja de no tener donde mostrar el producto de su inspiración ya cabría en la selección del comité de expertos que habrá de conformar Alejandra de la Paz, la ya nombrada directora del recinto por la sencilla razón de que así se trabaja en estos espacios. Los museos también son democracias y en ellos debe imperar la gran riqueza de miradas y propuestas propia del arte.
Ahora bien, informó Graco que el Soriano se inaugurará el 21 de marzo sin los montajes de la colección permanente y temporal como tendría que ser, porque no está todo listo, cosa que nos impedirá oírlo pronunciarse sobre la agenda de un espacio que por lo pronto sabemos con un elevador como el del Whitney de Nueva York. Ojalá el presupuesto para curadurías sea de ese tamaño. Y ojalá nos digan ese día, que las salas temporales serán para los artistas locales, que se formará acervo con los talentos que nos identifican.

3.
Quienes estamos en el medio sabemos que la primera muestra temporal estará dedicada a la obra del cubano Gustavo Pérez Monzón, quien además de ser un reconocido artista posconceptual llevó durante años la agenda de las dos salas de exhibición del Centro Morelense de las Artes.  A Pérez Monzón se le ha reconocido recientemente como creador fuera del país y no es desatinado que se le rinda homenaje en Morelos, pues además ha dejado profunda huella en decenas de alumnos formados en el CMA, institución a la que le adjudicaron recientemente el Edificio Victoria, ubicado frente al Calvario, en Avenida Morelos.
¿Que el nuevo CMA está en obra negra y los chavos seguirán tomando clases de prestado mucho tiempo? Sí, pero también hay que voltear a ver Los Chocolates, el nuevo centro cultural de La Carolina como un posible centro de exitosa formación. Si a eso le añadimos que el Congreso de Matamoros será destinado a las artes escénicas (no las de los diputados, sino las más dignas), tendremos que recordar al gobierno graquista como uno de los que dejó más infraestructura para cultura en la entidad. Les guste o no les guste a muchos. FIN.

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