1.La ojeriza tenochca que se ha venido ganando Donald Trump se debe a su insistencia en lo del muro fronterizo, a la grosería que le hizo la semana pasada al presidente Peña Nieto, a su racismo, a su misoginia, a la imagen de su familia -gustosa de la cultura porno- y a su poco agraciado físico. Esto se percibe cotidianamente en las redes sociales, en donde no dejan de aparecer “memes” y chistes que hacen mofa de su persona y sus decisiones, pero si hurgamos en el periodismo opinativo, nos encontramos con que desde diversas perspectivas también se ha advertido sobre el peligro que representa el poder conferido a un personaje de este tipo, en semejante cargo.
Recientemente, el jefe de psicoterapia del Hospital Johns Hopkins, John D. Gartner dijo:  “Donald Trump is dangerous mentally ill and temperamentally incapable of being president”, viendo en él ciertas características de su comportamiento (antisocial, sadismo, agresividad, paranoia, delirio de grandeza, manipulación, autoritarismo, egocentrismo, falta de consciencia, de control de sus emociones y de empatía). La Asociación Americana de Psiquiatría, que se había disculpado por opinar sobre los candidatos, al final advirtió sobre la impertinencia de votar por él y expertos del ramo reconocieron que ocupaban videos suyos para ejemplificar los síntomas que caracterizan el Desorden de la Personalidad Narcisista que lo mueve a actuar.
2.¿Por qué sufrimos en el mundo entero a un mandatario de esa calaña, si desde hace tiempo Trump se ha dado a conocer como lo que es? Este millonario evasor de impuestos es sumamente criticado, pero llegó a la cima del poder y goza de la atención de millones de miradas atentas a sus agresivas manos, grotesco físico y vileza espiritual por algo más que la votación de millones de gringos que creyeron en sus doradas promesas manifiestas en discursos populistas. El artículo de Enrique Krauze de este domingo (Reforma, “Calígula en Twitter”) habla de una adicción de nosotros, los millones de consumidores de redes sociales a este tipo de dictadores: “Es difícil dejar de verlos, escucharlos, seguirlos. ¿Qué nueva locura se le habrá ocurrido?”.
De acuerdo con el antropólogo de origen francés especializado en patrones de consumo (mercadología) Clotaire Rapaille, en su libro “El Código Cultural”, a los países se les puede concebir bajo una idea que engloba los términos del campo semántico afín. Esto es, según él, resultado de la operación del cerebro reptiliano, el que deja improntas emocionales frente a los estímulos que se nos presentan -no se trata del juicio, de la razón-.  Cuando Rapaille habla de Estados Unidos (su país de adopción) dice que se trata de una nación en la que se valora al máximo la noción de adolescencia, con todo lo que ella conlleva: juventud, culto a la belleza, intolerancia, ligereza, atrevimiento.
Para los gringos el código cultural es el Moisés bíblico, un líder rebelde, con visión fuerte que los va a llevar a la Tierra Prometida. Y si la idea de salud en ese país se relaciona con la idea de movimiento, la consiguiente actividad (twittera) desenfrenada del señor de los pelos de elote es vista de manera positiva. Si el código cultural para la belleza es la redención del hombre por una mujer idealizada -porque ésta puede provocarle nobles sentimientos-, entonces la relación de Trump con Melania, epítome de la belleza artificiciosa y sexualizada también forma parte de este paquete de sumandos que lo llevó a la Casa Blanca, desde donde sigue y seguirá produciendo su imagen, que no es otra que la de un magnate hotelero, propietario de campos de golf, presente en dorados hoteles, productos suntuarios, un vodka y un reality show-, todo ello ostentoso como él, de un mal gusto que ofende, porque desgraciadamente también gusta a millones de consumidores de la realidad mediática, que es en la que vivimos buena parte del día.
3.Ante este fenómeno lo que preocupa es que si bien nos ha unido a los mexicanos en contra suya, obedeciendo a una reacción natural y muy primaria (nos atacan, nos defendemos), ésta no se ha dado con la fuerza suficiente. Un nacionalismo reloaded y postomderno (mediático, basado en la imagen) se nos presenta ahora como un peligro secundario a vencer.
El mismo se manifiesta en acciones como la que se generó este fin de semana en la red social Whatsapp, pues miles de personas pusimos la bandera tricolor como ícono para identificarnos. Esta acción, como los chistes, los memes y las parodias obedecen a un patriotismo emocional, que además de ser exclusivamente mediático, sirve para distraer a los connacionales de la agenda nacional que urge atender. Ya se ha dicho también que esto se parece a lo ocurrido en Cuba y Venezuela, pues la estrategia de Fidel Castro para distraer a los cubanos, siempre fue la amenaza de los Estados Unidos. Y lo mismo sucedió con Chávez.
4.Lo bueno de lo malo es que tiene un límite. Los medios de comunicación y las redes sociales que hoy nos hacen adictos a su figura, son también el partido de oposición y la tumba de estos personajes, que más que ocuparse de ser, se ocupan de parecer y de aparecer. La experiencia nos ha demostrado que a final de cuentas en el pecado llevan la penitencia: la prepotencia los va dejando solos. Recordemos que Narciso se ahogó por enamorarse de sí mismo, sin ver nada más. Al tiempo. FIN

Por: María Helena Noval / [email protected]

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