1.

Lo malo de las campañas políticas va del gasto público que consumen (millones de pesos que siempre exceden los topes señalados), a la basura que generan una vez que la gente ha visto miles de veces los rostros impresos de los candidatos y logos partidistas por los que hay que votar. En medio de todo esto estamos nosotros, la gente de a pie, que dejamos de disfrutar otras cosas, por obra y gracia de la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la ineptitud o asertividad del gobernante electo, temas que se imponen como imperativo en el ámbito discursivo.
En Cuernavaca tanto asunto político opacó en semanas recientes la actividad cultural. Poco se escuchó hablar en las sobremesas de los conciertos generados por Amigos de la Música y las diversas exposiciones presentadas en los pocos lugares que existen para ello. 
Por su parte, tristemente al Instituto de Cultura de Cuernavaca, a cargo de Hugo Juarez se le fue el tiempo y perdió la oportunidad de cumplir con la obligación que tenía para con los ciudadanos, solicitada por el Consejo Municipal para la Cultura y las Artes, pues más pendiente de actividades partidistas, no entregó la lista o inventario de las esculturas de la ciudad a la que se comprometió los últimos dos años. Esperemos que con Antonio Villalobos Adán, alcalde electo, se cumpla el requisito indispensable para que se pueda comenzar a trabajar en un mejoramiento estético de la capital morelense: urge dar fe cabal del patrimonio cultural material con el que se cuenta para renovarlo, restaurarlo o sustituirlo, de ser el caso. Todas las ciudades del mundo que se precian de gozar de turismo cultural cuentan con monumentos que la gente visita. No entiendo porqué en Cuernavaca no sucede lo mismo y no habría de cambiar esta situación. 

2.
Esta somnolencia, este aturdimiento también afectó la esfera de los nombres más grandotes del arte. La presencia de Edward J. Sullivan (New York University) en el Museo de Arte Contemporáneo Juan Soriano NO tuvo el impacto esperado en Cuernavaca: estuvimos allí unas 100 personas, pocas caras diferentes de los mismos interesados de siempre en estos asuntos. 
Y yo me pregunto: ¿Será que el controvertido y politizado museo obnubile para siempre la capacidad del público de apreciar la obra de un artista que no es local?    

3.
Independientemente de la pertinencia de la vocación -al final del sexenio graquista casi considerara secundaria- del museo de arte contemporáneo- podemos recordar en esta columna algunas de las consideraciones del mencionado historiador de arte sobre la obra de Soriano, para que usted se haga una idea de lo qué hay expuesto en Cuernavaca en estos días poslectorales.
Sullivan considera a Juan Soriano un artista fundamental que cumple un rol decisivo en el arte latinoamericano. Valora su espíritu de juventud -casi hasta el momento de su muerte produjo figuras de animales, producto de la imaginación de un niño-. Dijo que para él es más importante escultor que pintor y destaca la melancolía que dejan ver obras como el retrato que le hizo a María Izquierdo (Colección Blaisten) manifiesta en los colores café, gris y azul obscuro que prevalecen.
Sullivan también recordó que México jugó un papel decisivo en la historia del coleccionismo de los acervos de los museos norteamericanos en los años cuarenta. De 1942 es “Niño con pájaro” (Óleo/tela,1941, Colección MoMA, NY) que incluye erotismo y sentido del humor.  Comentó la obra “Niña Muerta” (1938, Óleo/tela, Museo de Arte de Philadelphia), resultado de un viaje que hizo a Veracruz con Lola Álvarez Bravo, en el que ambos vieron por una ventana, a una niña muerta, expuesta en la sala de su casa, costumbre relacionada con la fotografía provinciana decimonónica que así rememoraba a los niños fallecidos.
El especialista también proyectó la imagen “Apolo y las musas”, obra pictórica de otra etapa del arista jalisciense, que según la galerista Malú Block materializa el eslabón entre la etapa surrealista, la cultura y el gusto por la abstracción en Juan Soriano.  

4.
Yo le sugiero, queridísimo lector, que independientemente de estar de acuerdo o no con la vocación del museo cuernavaquense, vaya a ver la obra y se entrene en el conocimiento de la obra del artista expuesto. Es tema obligado de conversación ahora que dejaremos de lado el tema político. FIN

Por: María helena gonzález / [email protected]
 

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