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1. La caricatura no ha sido lo suficientemente valorada como obra de arte en nuestro país, pues escasa-mente se presentan exposiciones de “moneros” en los museos y el Museo de la Caricatura (Donceles 99, Centro Histórico de la CDMX) no se promueve por falta de recursos.
Por si fuera poco, casi no se editan libros que conjunten recopilaciones de los cartoneros que publican en revistas y periódicos (en EUA los del New Yorker son “un must”), lo cual llama la atención, porque como sabemos, somos un país que “sublima” frustraciones, sinsabores, corrupción y cinismo vía la burla, el humor negro y la risa fácil.
Con gran talento para el dibujo tampoco es común que se valore la destreza que el caricaturista manifiesta, pues su labor requiere máxima economía de elementos expresivos y una mirada especial.
2. Con la muestra que presentó en 2015 la Secretaría de Cultura estatal, en el Jardín Borda, se reconoció la obra del recientemente desaparecido Eduardo del Río, “Rius”, artista que abandonó este plano terrenal la semana pasada. El antecedente de la voluntad política que aprecia el valor de la caricatura fue la exposición que se le montó a Abel Quezada en el Museo de la Ciudad de México, hace unos 6 años, cuando la señora Elena Cepeda estaba al frente de la Secretaría de Cultura, en tiempos de Marcelo Ebrard.
“Rius” (nada que ver ni con el poeta y filósofo Luis Rius, ni con su hijo el estupendo crítico de arte del mismo nombre) fue sin duda un artífice de la identidad nacional como lo fueron su mentor y maestro, el mismísimo Abel Quezada y el curador de su exposición en el Borda, Rafael Barajas, “El Fisgón”.
El miércoles pasado el periodista Carlos Félix recordó sus andares por la vida en su columna de El Sol de Cuenavaca, rescatando una entrevista televisiva que le hizo y allí leímos que “Rius” reconocía también como influencia a Gabriel Vargas y a Germán Butze, pero sobre todo, vale la pena mencionar que doña Elena Poniatowska y el súper cronista de México Carlos Monsiváis lo consideraban como uno de los educadores del país. Y es que la caricatura tiene la virtud de sintetizar visualmente un discurso que es comentario público y por lo mismo opinión que trasciende en el tiempo. La caricatura es además crónica y noticia. Freud dice en su libro “El chiste y su relación con el inconsciente” que éste es una condensación en la que se manifiesta el deseo. Por eso los caricaturistas apuñalan, matan, someten y acaban con el político corrupto. Así, en el papel, es como el artista nos defiende de la impunidad.
3. En otros asuntos, quiero recomendarle ampliamente, querido lector y lectora, la exposición de Víctor Fosado (1931-2002) montada en el Museo Morelense de Arte Popular, pues es fiel reflejo de una manera de vivir y de sentir, ya que el artista y promotor cultural derivó su trabajo multidisciplinario de su inclinación por el arte popular, la obra de José Guadalupe Posada, el cine, el diseño y la música.
Visité esta semana la muestra que se verá hasta el mes de octubre en el recinto ubicado en la calle de Hidalgo y quedé gratamente sorprendida por el concepto curatorial del Julien Cuisset y Víctor Fosado III, montada acertadamente por el Arq. José Valtierra y el propio Cuisset, aunque hay que decir que sin el enriquecimiento aportado por el Maestro Enrique Rodríguez, quien dirige el museo local y es el mero mero protector de los artesanos en el estado, no hubiéramos recibido el impacto que recibimos, pues el arte popular y las máscaras de pequeño formato que nos explicó a detalle muestran la influencia de las culturas originarias en el artista, quien además se dedicaba a promover el trabajo de colegas suyos, como Arnaldo Coen -de quien vemos una preciosa banca con respaldo-, en el Café “Las Musas” del que fue propietario en la década de los setenta, en la CDMX.
La muestra viene del Museo Carrillo Gil y aunque se trata de una itinerancia que viene pagada desde allá, resulta meritorio que entre los morelenses se dé a conocer el trabajo de quien, según el crítico de arte Guillermo Santamarina, alguna vez consideraron diletante. Ayer platiqué con mi amiga Eulalia Cuervo sobre Fosado, de quien fue amiga cercana en la época en la que ella dedicaba su tiempo a la danza, la plástica y el teatro con Juan José Gurrola, Juan García Ponce, Alberto Gironella y otros, y entendí por qué ella misma diseña hermosas joyas de plata con manitas.
3. Durante la presentación del libro “Geometrías de la Imaginación. Diseño e Iconografía de Cuauhnáhuac” en el Museo de Arte Indígena Contemporáneo, quedó muy claro que el que sabe, sabe. Me refiero a los Maestros Adalberto Ríos Szalay y Fernando Hidalgo, expertos en cultura del estado y por ende en el arte popular, cuya necedad hizo que cristalizara la mencionada publicación copatrocinada por la secretaría estatal del ramo desde su gabinete de culturas populares. El tache se lo lleva su coordinadora, quien el jueves pasado omitió presentar como se debe a los miembros del presídium y no les hizo llegar su cuota de libros a los autores, quienes donaron por puro amor al arte su trabajo.
4. El auditorio Teopanzolco, que quedó de rechupete y nos brindará la oportunidad de apreciar espectáculos de primerísima, calidad cumple un compromiso del Presidente Peña Nieto gestionado por la entonces diputada Marisela Sánchez Velázquez, quien bajó 200 mdp de recursos federales para tal proyecto. A su labor en pro de la cultura nuestro reconocimiento. El recinto cultural que se terminó con recursos gestionados por el Gobernador Graco Ramírez será sin duda un landmark por el acierto de su diseño y el jugo que le sacaron al espacio en diálogo con el entorno de origen prehispánico. Lo que hace falta es saber si se le dará en concesión a TV Azteca, como se ha venido mencionando en el sector cultural, lo cual privatizaría en gran medida la cultura. FIN.

Por María helena Noval

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