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1.Como historiadora del arte estoy obligada a dar a conocer que la apertura del Museo Internacional del Barroco, en Puebla, no se ha dado sin polémicas, sobre todo por cuanto respecta a la falta de un acervo permanente, no obstante, también me complace compartirles que he estado varias veces feliz en el tan importante inmueble y que estaré una vez más el día de mañana acompañando a un amplio grupo de personas interesadas en recorrer la exposición temporal titulada “Tornaviaje” (se desmonta el próximo domingo), misma que aborda la historia de la Nao de China, también conocida como Galeón de Manila. 
En realidad, ¨Tornaviaje¨, era el nombre que se le daba al viaje de regreso realizado por varias naves, no era una sola, entre Manila y el Puerto de Acapulco. Para hablar de esta ruta comercial que duró tres siglos (1565-1815), descubierta por el fraile Andrés de Urdaneta, se reunieron un buen número de obras procedentes de varios museos, destacándose del Franz Mayer la talavera poblana, la plata con la que se fabricaron objetos de uso suntuario y religioso, los marfiles de iconografía cristiana, los mantones de Manila y la porcelana china de la Dinastía Qing. Vale la pena apreciar la influencia ibérica (portuguesa y española) en el mobiliario de estilo Nambán (por ejemplo el altar de viaje japonés que incluye pinturas de la Virgen de Guadalupe) y detenerse a mirar las piezas procedentes de las colecciones de los señores Daniel Liebsohn y Rodrigo Rivero Lake, reconocidos especialistas en antigüedades.
Destacan también los enconchados porque son muy a escasos, los biombos laqueados con escenas chinescas, campestres y de batalla y las petacas de viaje del siglo XVIII por la exquisitez de sus bordados pitiados (antecedente del trabajo empleado en la charrería), las mancerinas de porcelana diseñadas para tomar chocolate -poniéndoles una jícara de coco- en las abrazaderas y las navetas de plata para el incienso, porque son objetos que ya no se fabrican, hoy son piezas de museo coleccionadas por expertos.  Por supuesto y a pesar de que los hemos visto en otros museos como el Palacio en donde está la colección de Banamex o el Museo Bello de Puebla (de donde provienen muchas de las piezas aquí expuestas), los escenarios en los que se recrean dos habitaciones de una casa son puntos clave de la exhibición porque nos transmiten el gusto completo de la época.
2.Esta visión del barroco a partir del comercio de objetos procedentes de Asia en toda América y la Madre Patria (porque algunos se embarcaban en Veracruz en las naves de la Flota de Indias) es innovadora, porque estamos acostumbrados a entender lo barroco cómo un estilo nombrado así en el s. XIX para clasificar objetos a partir de lecturas formales (formas recargadas, alto contraste entre luz y sombra, composiciones diagonales, mucho dramatismo en la escena, temas cristianos). Es decir, pensamos en términos estéticos o en la Contrarreforma, movimiento católico de propaganda para captar adeptos a la fe en respuesta al protestantismo, y normalmente no pensamos en la hoy llamada economía cultural como impulsora de un sistema de vida y pensamiento que rebasó los ámbitos de la pintura, la escultura, la música y las artes decorativas, llegando a impregnar las artes culinarias, la moda y por supuesto el lenguaje; y aquí hay que recordar a Sor Juana, que hablaba de la belleza puesta en el entendimiento y no del entendimiento en la belleza / y de consumir las vanidades de la vida y no la vida en vanidades.
Sabemos que fue ALEJANDRO VI (Rodrigo Borgia) el Papa que dividió las tierras del nuevo mundo con todo y las influencias que a cada reino correspondía, --Castilla y Portugal--, lo que No se explica en la muestra es que en estos viajes además de objetos importados de la India, China, Filipinas y Japón, también se sufrían enfermedades, hambre e infestaciones de ratas, al grado de que se llegó a vender la carne de las mismas. 
3.Se ha dicho que este museo es un espacio sin precedentes en toda América Latina,  pues es uno de los 70 que admiten en el mundo la denominación de “internacional¨ por la cantidad de obras de otros países que exhibe, además del diseño arquitectónico del japonés Toyo Ito. Y aunque la tecnología aplicada al arte a veces es criticada por los arte-puristas, admitiremos en este espacio que las pantallas “touch screen” que dan acceso a las fichas técnicas de las piezas expuestas y los videos que muestran el barroco internacional cumplen con su cometido de acercar el arte al espectador común. Si el museo llega a generar suficiente turismo cultural y a los poblanos los hace sentirse orgullosos porque tenían pendiente el gran escaparate para albergar parte de su historia es algo que ya se irá viendo: como sabemos para qué un referente cultural lo sea, se necesita tiempo. FIN
 

Por: María Helena Noval / [email protected]