CUERNAVACA, MORELOS.- Sólo por pensar que se encontrarán con ellos, que los volverán a abrazar, que en algunos casos, verán por primera vez a sus nietos y, hasta a sus bisnietos, lloran y ríen al mismo tiempo, en una explosión de sentimientos que combina felicidad, añoranza, nostalgia y tristeza.
Doña Eustaquia Estrada ya sueña con encontrarse con sus hijos Pablo, Armando, César y Juan, a quienes vio por última vez hace más de 20 años, cuando partieron al otro lado de la frontera en busca del “sueño americano”.
Aunque ella convive en su lugar de origen con otros siete hijos, cuatro varones y tres mujeres, la embarga la tristeza de los cuatro que partieron. Su condición de ilegales les impidió regresar y hoy, las condiciones para “pasar” son más difíciles.
Eso aleja la posibilidad de verlos, dice, pero con el programa “Corazón de Plata”, las cosas podrán dar un giro inesperado.
“Yo estoy muy feliz y muy agradecida porque voy a poder verlos”, platica Faustina Vega, quien en dos ocasiones intentó conseguir visa de turista para reunirse también con sus cuatro hijos que radican en Estados Unidos, tres en Minnesota y una en San Francisco.
La primera en irse fue su hija menor, con apenas 16 años de edad. En cuanto se instaló, se casó y formó una familia con nietos y bisnietos que la señora sólo conoce por fotografía y quienes verá por primera vez en persona.
La hija de Petra Gómez forma parte y trabaja en el club de migrantes y eso la tiene doblemente feliz; ella es una de las que ríe y llora al mismo tiempo, de sólo verla y no duda que lo que primero que hará cuando baje del avión que la llevará a Minneapolis será abrazarla y seguir llorando de alegría.
Alfredo Martínez vive al otro lado del río, en Puebla, pero muy cerca de Axochiapan, tiene 27 años sin ver a sus tres hijos que se fueron como indocumentados.
Debido a que es la primera vez que irán, el grupo les pidió no llevar más que su ropa, para evitar problemas con su ingreso en EU.

Por: ANTONIETA SANCHEZ /  [email protected]

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