La diferencia entre votaciones y elecciones, comúnmente se entrelazan pero no son la misma cosa. El ir a votar es un asunto unipersonal en el que el ciudadano decide emitir el sufragio por el candidato que de antemano escogió para el puesto idóneo a formar parte de quien dirija el futuro del País. Y el elegir comprende todo un proceso de razonamiento, analisis y selección de la persona más adecuada para el puesto que se desee en cada caso.
En esta ocasión los mexicanos tenemos la obligación ineludible de presentarnos a las casillas, recoger las boletas y en secreto votar por quien se quiera, cruzar toda la boleta y hacer nulo su voto o dejarla en blanco al no encontrar a ningún personaje que tenga las cualidades en el que el votante desee ser representado.
Este 1º. de Julio de 2018, se trata de elegir y después votar por el futuro del País, que no es cosa menor y de la cual todos tenemos que formar parte.
Frente a los electores, se presenta la gran oportunidad de votar por quien ellos quieran. Es la única ocasión en el que el ciudadano puede libremente expresar su inconformidad, su aceptación o su esperanza, sin el miedo de equivocarse, de ser perseguido por la familia, los amigos, el medio social en que se desenvuelve o de cualquier autoridad que no esté de acuerdo con lo que él escoja.
En primer término están los cuatro candidatos para la Presidencia de la República. Tres de ellos representando a partidos políticos y una dama como candidata independiente. Entre ellos existe una similitud, que es la Constitución de la República a la que todos se tienen que ceñir. Sin embargo las diferencias de cómo interpretarla tienen sus altibajos. Comenzando con Andrés Manuel López Obrador del partido político Morena, quien ofrece que de llegar a ganar la Presidencia, no va a tocar a las instituciones ni afectará a la población con nuevos impuestos, pero sí va a hacer muchos cambios en beneficio de la ciudadanía en general.
Le sigue Ricardo Anaya Cortés, candidato de la coalición Por México al Frente, quien se presenta como un político incómodo para el sistema y para el gobierno actual, al cual acusa de ser perseguido con mentiras que el régimen ha implementado en su contra para desprestigiarlo, él   promete luchar contra la corrupción y acusa a sus contendientes de delincuente a uno y de mesiánico a otro y de proponer un proyecto de Nación ya caduco y pasado de moda.
 Por otra parte, tenemos a José Antonio Meade, quien aún sin pertenecer al PRI ahora es su mejor carta de presentación en la contienda y él continua repitiendo que seguirá con la misma política que hasta ahora ha llevado su partido y por ende el actual Presidente Enrique Peña Nieto.
Y finalmente la señora Margarita Zavala Gómez del Campo la que habla de seguir terminando con los cárteles, aunque no ha contestado a las preguntas de los periodistas del Universal y del Reforma de cómo atacaría al narcotráfico, ya que no ha habido respuesta.
Por cuanto a los mexicanos que viven en el extranjero, el INE les ha dado la facilidad de poder votar por correo. La gente que se fue de México salió huyendo de la inseguridad, de la falta de estudio, de la ausencia de empleos y buscando una vida mejor. ¿Votarán por las coaliciones del PRI o del PAN o de Morena? El partido revolucionario Institucional fue el que desde hace décadas les ha negado la educación, el trabajo y la seguridad. Acción Nacional no les trajo más que problemas, pobreza y guerra interna y al nuevo partido, Morena nadie en el extranjero lo conoce.
Desde hace tiempo se ha utilizado el reparto de despensas y de otros artículos por parte de los partidos políticos. Pero de un tiempo para acá se estila la compra de votos por miles de pesos del erario.
Esperaban que se llegaran a empadronaran dos millones de mexicanos que están trabajando en Estados Unidos, quienes serían votantes de verdad. Pero para poder acceder a la credencial de elector se tenían que transportar a uno de los 50 consulados que se encuentran en el centro de las grandes ciudades o lo podían hacer por internet o teléfono. Pero el problema es que los mexicanos que podrían sufragar viven en el campo y sí pueden comunicarse por teléfono, donde les contesta una máquina y los deja presionando teclas por más de dos horas. Les ponen tantas trabas como si el personal de los consulados no quisiera que pudieran votar en las elecciones de este año.
De más de un millón de paisanos que se esperaba empadronar, hasta finales de marzo pasado, sólo han podido conseguir la credencial del INE, poco más de 45 mil votantes.
Aunque no se duda de que vayan a aparecer los dos millones de votantes por arte de magia. ¿Serán votantes de a de veras o paisanos que pasaron a mejor vida? ¿Y este grupo de 45 mil están realmente interesados en las elecciones o quieren su INE como identificación en sus centros de trabajo? ¿Y cómo podrán ser votantes sin haber sido electores?, porque de nuevo, para poder votar deben elegir y si no conocen a nadie, por quién van a votar, si la mayoría de los residentes en México no conocemos ni a nuestros propios diputados locales, ya no digamos a los diputados o a los senadores federales.
A quienes por cierto, la ciudadanía les está pidiendo que no vayan a aceptar la privatización del agua como una de las últimas agresiones contra nuestro País, pues recuerden que aquellos políticos se van de México bien cargados y los integrantes del Congreso de la Unión se ganan el estigma de haber podido ser los defensores del pueblo, siendo los únicos culpables de haber dejado al País sin el preciado líquido, para vendérselo al extranjero, continuando con las privatizaciones que tanto han afectado a México.
Ahora ya no se trata de una de las reformas estructurales del gobierno que le quitan al País la posibilidad de ser autosuficiente en materias primas, en el campo, en los derechos laborales, en educación, etc. Se trata de sentenciar al pueblo de México, al privatizar el agua, quitándole el derecho a la vida.

Por: Rafael Benabib / [email protected]

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